Los cuentacuentos toman la palabra: “Co-crear con el público”

Dagoberto Chung visitó Tucumán en el reciente encuentro internacional Congresales de la Palabra.

Los cuentacuentos toman la palabra: “Co-crear con el público”
Hace 1 Hs

Hay narradores, pero aún no hay público. Esa es la conclusión a la que se llega sobre el estado de la narración oral escénica en Panamá, “donde todavía es incipiente”, admite Dagoberto Chung, quien estuvo de visita en Tucumán en el reciente encuentro internacional Congresales de la Palabra.

“El género es una recreación, en tanto vuelta a crear, a co-crear con la sabia que nos dieron nuestros antepasados y ancestros. Desde los 90 está vinculado a la promoción de lectura, pero ya venía de antes. Existe la red panameña de narradores de historia, de la cual formo parte, pero no hemos conquistado espacios ni salas donde frecuentemente se narre”, señala para LA GACETA.

“Me es difícil hablar de cuál es mi estilo, porque tengo tres vertientes: la primaria es escuchar a los cuenteros tradicionales; luego viene la literaria, con relatos que pueden haber sido recogidos de la tradición oral pero ya están escritos (sea para público infantil o adulto); y la restante es la creación propia. A eso se suma la propia vida, porque mucho de lo que contamos tiene que ver con un asunto autobiográfico o de la vida de los demás y de la sociedad”, describe.

En sus espectáculos discurren cuentos regionales, de las etnias panameñas, de su país y de otros latinoamericanos, relatos contemporáneos y antiguos... Pero aclara bromeando: “no tengo un gran repertorio; para ser realista yo digo que tengo un repitorio”.

La práctica carece de un apoyo oficial sostenido en su país centroamericano, y Chung considera que en parte es consecuencia de no haber concentrado fuerzas “para presionar a los entes estatales, más que sentarnos a esperar dádivas de un Gobierno”.

“Nuestra tarea es educar la escucha de la gente para que haya una apertura a la historia que relatamos, que termina de construirse en las mentes y en los corazones del público. Y aunque contamos una sola narración, si hay 1.000 personas, habrá 1.000 vivencias diferentes según cómo le llegue a cada uno, cómo la entiendan y la sientan”, plantea.

Y así como cada uno recibe distinto, cada relato nace diferente. “El cuento me dice a mí cómo narrarlo: hay cuentos sentados que narro casi sin moverme y hay otros en los que necesito recorrer el escenario, quizás por algo de mi cultura afrocaribeña y tener padre chino. Lo relevante es que sean participativos. Yo digo mi versión del cuento y cada uno hara la suya. En eso está la presencia del narrador, sus movimientos, su timbre, su ritmo”, explica.

“Los narradores orales proponemos volver a crear los espacios de comunicación y de presencia humana, de encuentro con el otro. En un momento en que todo está mediado por la tecnología, esta idea nos da una veta de identidad como seres humanos”, concluye.

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