La ciencia habría revelado el origen de las “Cataratas de Sangre” de la Antártida: qué descubrieron

Un estudio científico descubrió que el icónico flujo rojo de la Antártida proviene de un antiguo océano atrapado bajo el hielo y habitado por microorganismos marinos.

El misterio de por qué hay agua roja en la Antártida.
El misterio de por qué hay agua roja en la Antártida. (Imagen Web)
Hace 1 Hs

Resumen para apurados

  • Un estudio científico reveló recientemente que las Cataratas de Sangre en la Antártida provienen de un antiguo océano atrapado bajo el hielo con microbios marinos.
  • El análisis genético de 167 muestras confirmó la presencia de organismos marinos que sobrevivieron milenios aislados bajo el glaciar Taylor, sin luz, oxígeno y con alta salinidad.
  • El hallazgo permitirá reconstruir la cronología de antiguas transformaciones climáticas y demuestra la resiliencia de la vida en los entornos más hostiles del planeta.
Resumen generado con IA

En el corazón de los Valles Secos de McMurdo, en la Antártida, la naturaleza ofrece un espectáculo tan fascinante como inquietante. Desde el borde del glaciar Taylor brota un caudal de agua de un intenso color carmesí que desemboca en el lago Bonney. Bautizadas acertadamente como las "Cataratas de Sangre", estas aguas rojas desvelaron durante décadas a la comunidad científica. Aunque ya se sabía que su tonalidad provenía de una salmuera rica en hierro, aún restaba saber de cuál fue el origen de aquel "flujo" sangriento. 

Un nuevo estudio publicado en la revista Nature Geoscience parece haber encontrado el momento en que aquellas aguas altamente mineralizadas aparecieron y quiénes le dieron vida, respuestas que habrían de estar en el mar. La clave no estaba en la química del agua, sino en los diminutos habitantes que la pueblan. Una comunidad de microorganismos hallada en el lugar confirma que la salmuera es, en realidad, agua de un antiguo océano que quedó atrapada bajo la superficie congelada hace miles de años.

Un oasis marino en medio del desierto helado

Investigaciones previas sugerían que el agua subterránea que alimenta las cataratas provenía de viejas inundaciones marinas producidas en períodos cálidos de la Tierra. Al descender el nivel del mar y avanzar los hielos, esa agua quedó congelada en el tiempo y bajo presión. Para corroborar esta hipótesis, los investigadores analizaron 167 muestras de agua, aire y sedimentos de toda la región.

Mediante avanzadas técnicas de análisis genético, identificaron tanto organismos procariotas como eucariotas. Los resultados fueron contundentes: casi la totalidad de las microespecies halladas en el hielo rojo y en los lodos de la cascada pertenecen a familias marinas, a diferencia de los sitios colindantes donde predominan organismos terrestres o de agua dulce.

"Encontrar lo que es, en efecto, un oasis marino en un desierto polar, a más de 32 kilómetros del océano, fue extraordinario", declaró al medio de divulgación científica Gizmodo por correo electrónico Andrew Allen, coautor del estudio y profesor de biología marina en la Institución Scripps de Oceanografía.

Las Cataratas de Sangre, un accidente geográfico del glaciar Taylor en la Antártida, donde emerge salmuera subglacial rica en hierro, creando un llamativo flujo rojo que desemboca en el lóbulo oeste proglacial del lago Bonney. © Bryan Minnea/Gizmodo Las Cataratas de Sangre, un accidente geográfico del glaciar Taylor en la Antártida, donde emerge salmuera subglacial rica en hierro, creando un llamativo flujo rojo que desemboca en el lóbulo oeste proglacial del lago Bonney. © Bryan Minnea/Gizmodo

Guardianes del pasado y lecciones para el futuro

El hallazgo de estos eucariotas aporta una prueba sólida e independiente que respalda la teoría del origen marino. Los científicos confían en que el análisis detallado de esta comunidad microbiana permita reconstruir la cronología exacta de las antiguas transformaciones climáticas y saber con precisión cuándo ocurrió la inundación y posterior aislamiento de esta masa de agua.

"La inclusión de eucariotas en la ecuación aporta otra línea de evidencia independiente para el caso del sistema marino relicto en Blood Falls", explicó Allen, marcando la importancia de incluir este tipo de celulas complejas en la investigación polar.

Más allá de la geología, el descubrimiento sorprende por la capacidad biológica de adaptación. Estos pequeños supervivientes lograron prosperar durante milenios en la oscuridad absoluta, sin oxígeno y sometidos a altísimas concentraciones de sal.

"La diversa comunidad microbiana que encontramos conserva una conexión biológica con un antiguo entorno marino, a la vez que demuestra la notable resiliencia y adaptabilidad de la vida", afirmó Allen. "Una y otra vez, comprobamos que, cuando utilizamos las herramientas adecuadas para buscar en los lugares correctos, incluso los entornos más hostiles revelan ecosistemas ricos y altamente especializados".

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