Muchos nombres, poco fútbol: River volvió a decepcionar, perdió frente a Gimnasia y profundizó su crisis
El equipo de Eduardo Coudet perdió 1-0 con Gimnasia, sufrió su segunda derrota consecutiva en el Clausura y apenas ganó uno de sus últimos seis partidos. Pese a los regresos de Lucas Beltrán y Rafael Santos Borré y la llegada de Ángel Correa, el "Millonario" sigue sin encontrar funcionamiento colectivo.
Resumen para apurados
- River Plate perdió 1-0 ante Gimnasia en El Bosque por el Torneo Clausura tras un gol de Steimbach, sumando su tercera derrota consecutiva por fallas colectivas.
- Pese a contar con figuras como Correa, Otamendi y Borré, el equipo de Coudet no encuentra funcionamiento y acumula solo una victoria en sus últimos seis partidos.
- La derrota profundiza la crisis de un plantel de jerarquía que exige respuestas colectivas urgentes para responder a las altas pretensiones del club en el torneo.
La jerarquía sirve para ilusionar. Llena estadios, vende camisetas y alimenta debates durante todo un mercado de pases. Pero cuando el árbitro pita el inicio, el fútbol suele ser bastante más cruel. No entiende de currículums, de mundiales jugados ni de regresos emotivos. Entiende de equipos. Y River, por ahora, está muy lejos de parecer uno. La derrota por 1-0 ante Gimnasia en el Bosque no representa solamente tres puntos perdidos.
Es otro golpe para un proyecto que todavía no encuentra una identidad. Cambian los nombres, cambian los intérpretes, pero el problema sigue siendo exactamente el mismo. River tiene futbolistas de Selección, campeones de América, campeones del mundo y delanteros que hace poco eran parte del fútbol europeo. Sin embargo, juega como un equipo que todavía no sabe a qué quiere jugar. Está reflejado en los resultado: esta es su tercera derrota consecutiva (Aldosivi lo eliminó de Copa Argentina y Barracas lo sorprendió en la primera fecha).
El gol de Alexis Steimbach terminó siendo el castigo perfecto para otra noche de desconcierto. Maximiliano Zalazar levantó un centro y el volante apareció solo para cabecear casi debajo del arco. Otra desatención. Otra pelota aérea mal defendida. Otro error que deja en evidencia que los problemas de River ya no son accidentes: empiezan a ser una costumbre.
La preocupación tampoco pasa únicamente por el resultado. River ganó apenas uno de sus últimos seis partidos. Demasiado poco para un plantel armado para pelear cada competencia. Demasiado poco para un club que invirtió millones con la intención de recuperar el protagonismo.
Las expectativas estaban puestas en los nombres. Lucas Beltrán regresó como una de las grandes apuestas para el segundo semestre. Rafael Santos Borré volvía a ponerse la “Banda” con el recuerdo fresco de tantos goles importantes. Ángel Correa aparecía como el futbolista capaz de romper partidos con una acción individual. Nicolás Otamendi aparecía como el nuevo “comandante” defensivo. Ni hablar de Gonzalo Montiel y Marcos Acuña que tampoco pudieron ser dueños de sus bandas. Ninguno logró modificar la historia.
Paradójicamente, el mejor de River volvió a ser uno de los que menos ruido hizo en el mercado. Joaquín Freitas fue el único capaz de desequilibrar, de atacar espacios, de transmitir rebeldía cuando el resto parecía jugar resignado. Mientras las figuras buscaban acomodarse, el juvenil fue quien asumió la responsabilidad.
Y ese contraste explica buena parte del presente. Porque River ya no puede refugiarse en la excusa de que necesita tiempo para incorporar futbolistas. Los tiene. Tampoco puede decir que le falta jerarquía. Le sobra. Lo que no aparece es el funcionamiento.
Eduardo Coudet tiene un plantel para competir por todo, pero hoy dirige un equipo que transmite muy poco. Y en River, donde las urgencias siempre viajan más rápido que los proyectos, eso suele ser un problema mucho más grave que una derrota.
Y ese contraste termina de desnudar el verdadero problema. River ya no puede esconderse detrás de la falta de jerarquía ni de un mercado de pases incompleto. Tiene futbolistas de primer nivel en casi todos los puestos. Lo que no tiene es un funcionamiento que los potencie. Porque River ya dejó de necesitar más refuerzos. Lo que necesita, con urgencia, es empezar a parecer un equipo.










