Tucumán ante el espejo: del rechazo al “Bernabé Aráoz mulato” al racismo de Alberdi

Partiendo de las experiencias que vivió tras el estreno de su película, el escritor y docente habla del mito de la “nación blanca” y de cómo las experiencias del día a día demuestran lo contrario.

LA IMAGEN QUE INCOMODÓ. Soberón utilizó esta representación de Aráoz, obra del artista Leonel Herrera, para el afiche de la película.
LA IMAGEN QUE INCOMODÓ. Soberón utilizó esta representación de Aráoz, obra del artista Leonel Herrera, para el afiche de la película.

Las acusaciones de racismo que aparecieron contra la Argentina tras el Mundial de fútbol volvieron a instalar un debate incómodo sobre la identidad nacional. Para el escritor, cineasta y docente tucumano Fabián Soberón, la discusión no puede reducirse a consignas ni a negaciones. A partir de la experiencia que vivió con su película “Soy Bernabé Aráoz”, donde una representación del prócer tucumano como un hombre mulato generó fuertes reacciones de rechazo, propone revisar los mecanismos históricos y culturales que llevaron al país a pensarse como una nación blanca. En esta entrevista reflexiona sobre el racismo cotidiano, las contradicciones entre el discurso y las prácticas sociales, y la necesidad de asumir un debate que, sostiene, sigue pendiente.

- ¿Cómo nació la idea de representar a Bernabé Aráoz como un hombre mulato y qué reacciones provocó esa decisión?

- Con Facundo Nanni como coproductor hicimos la película “Soy Bernabé Aráoz”, que se estrenó en marzo de 2024. En la película planteamos una serie de retratos realizados por artistas tucumanos sobre la figura de Bernabé. A mí se me ocurrió proponerles esa idea porque Bernabé no había sido retratado en vida. Entonces los distintos artistas realizaron sus versiones y yo encargué especialmente un retrato de Bernabé mulato. La película termina, cierra, con la presentación de ese retrato. A partir de las distintas proyecciones percibí una incomodidad muy clara e, incluso, a través del lenguaje, mensajes de rechazo hacia esa figura de Bernabé mulato. La película presenta una serie de retratos; no es el único, pero el que incomodó, el que molestó, el que generó la reacción negativa fue el retrato de Bernabé mulato. Entonces creo que ese fenómeno en la recepción habla sobre nosotros, sobre cómo nos vemos a nosotros mismos.

- ¿Pensás que esa reacción está vinculada con la manera en que los argentinos construimos nuestra identidad?

- Pienso en Tucumán y pienso, principalmente, en el norte del país. Sabemos que en esta región los cruces de culturas son claros y, sin embargo, hay una tendencia a pensarnos como blancos. La historia de nuestro país está vinculada directamente con ese proceso de blanqueamiento que ocurrió a fines del siglo XIX y principios del siglo XX. Sabemos que una serie de personajes históricos han sido blanqueados.

- ¿Ese proceso histórico explica, al menos en parte, la persistencia del racismo en la Argentina?

- La Argentina se piensa de determinada manera; el país se piensa así y también lo hacen muchos intelectuales. Lo que sostenía Sarmiento en el siglo XIX, lo que sostenía Juan Bautista Alberdi... Alberdi fue profundamente racista. Escribió textos donde manifiesta la voluntad de que el país sea conformado por personas de origen europeo y entiende que los indígenas son ciudadanos de segunda categoría. Ahí tenemos un germen de racismo. Pero el racismo no es un fenómeno esencial. No podemos hablar de una esencia argentina. Me parece que hay que estudiar los procesos históricos y ver en qué etapas ese racismo se volvió más profundo, más claro, más nítido. Hace un momento hablé concretamente de la contemporaneidad y del fenómeno de la recepción. Creo que ahí se puede ver cómo reaccionamos los tucumanos y los ciudadanos del país frente a ese espejo, porque, en definitiva, lo que estamos haciendo es hablar de nosotros mismos al rechazar la figura de un prócer, de un héroe o de alguien considerado importante en el pasado argentino.

En profundidad

- ¿Qué ideas te parece interesante aplicar en el debate sobre el racismo?

- Podemos apelar a la diferencia que establece un filósofo olvidado, por lo menos para el público no especializado, que es Leibniz. Él distingue entre verdades de razón y verdades de hecho. Nosotros podríamos preguntarnos qué son las verdades de razón. Son los enunciados, lo que decimos a través del lenguaje. Podemos decir: “no somos racistas” o “sí, somos racistas”. Por un lado tenemos eso y, por otro, las verdades de hecho. Es decir, en la realidad concreta, en los cuerpos, está la experiencia de la segregación, del rechazo o de la jerarquización de la sociedad. Eso lo vivimos a diario, no hace falta que nos lo cuente nadie. Existe en la realidad concreta de Tucumán y de la Argentina. Es decir, no podemos olvidar esta distinción.

LEGADOS. Soberón apela al análisis de los procesos históricos. LEGADOS. Soberón apela al análisis de los procesos históricos.

- Entonces, ¿existe una contradicción entre el discurso sobre la diversidad y las prácticas cotidianas?

- Si confrontamos lo que decimos con lo que sucede en la realidad, vemos que una cosa es afirmar que somos una sociedad multicultural y otra muy distinta es aceptar esa multiculturalidad. Me ha tocado, como padre, asistir a reuniones donde se pregonaba la multiculturalidad y, luego, al final de la reunión, había expresiones de claro rechazo, de manifiesto asombro frente a esa diversidad. Entonces, me parece que ahí hay que distinguir estas cuestiones y considerar lo que decía Leibniz.

- ¿Qué revela el uso cotidiano de ciertas expresiones sobre la existencia de prejuicios raciales?

- La palabra negro tiene una carga negativa, de desprecio. Ese es el racismo. He leído comentarios en las redes sociales que decían: “nosotros usamos ‘negro de mierda’, pero de forma cariñosa”. Sin embargo, no usamos “blanco de mierda”, y es porque el término negro tiene, por supuesto, esa connotación de desprecio.

- ¿Qué pensás que debería hacer la sociedad argentina frente a esta discusión?

- Todos tenemos que hablar de estos temas y tratar de pensar cuáles son las formas de racismo con las que convivimos día a día. Me parece que ahí está la cuestión. No pensarlo como una categoría abstracta, como un concepto. Tampoco pensarlo en términos de cantidad y decir: “bueno, esta ciudad es más racista que esta o esta es menos”. Me parece que eso no conduce a nada.

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