Milei se queda sin piernas, Macri calienta y en Tucumán recalculan

En la política, como en el fútbol, cuando las piernas ya no responden, el técnico se ve obligado a mirar al banco de suplentes o a buscar un histórico que ordene el vestuario.

Milei recibe apoyo de Macri, quien podría ser próximo candidato a Presidente.
Milei recibe apoyo de Macri, quien podría ser próximo candidato a Presidente.

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Hay jugadas que cambian el destino de un partido y pases que definen campeonatos. En la política, como en el fútbol, cuando las piernas ya no responden, el técnico se ve obligado a mirar al banco de suplentes o a buscar un histórico que ordene el vestuario.

La reciente jura de Diego Santilli como flamante Jefe de Gabinete de la Nación no fue un simple cambio posicional en el entretiempo de la gestión libertaria. En los pasillos de la Casa Rosada, el dato que repiten los cronistas tiene el folclore de las grandes transferencias: al ingresar al palacio de gobierno para asumir el cargo, Santilli sostenía su teléfono celular. Al otro lado de la línea, dándole las indicaciones tácticas de último minuto como un DT en las sombras, estaba Mauricio Macri.

No es un detalle menor en este julio donde el país se paraliza con la Selección. La salida forzada de Manuel Adorni de la Jefatura de Gabinete -acorralado por el desgaste y las complicaciones de la tribuna judicial- expuso la primera gran capitulación metodológica de Javier Milei. Ante una gestión que acusaba el cansancio de los primeros minutos y empezaba a mostrar alarmantes signos de asfixia en el mediocampo, el Presidente recurrió al único auxilio disponible en el mercado de pases de la centroderecha: la estructura y el manual del PRO. La hipótesis que hoy se debate a tribuna abierta ya no se susurra: ¿Le entregó Milei la cinta de capitán al macrismo para que le maneje los hilos de un partido que se le iba de las manos? Y de fondo, la pregunta de cara al campeonato de 2027: ¿Es este el calentamiento previo para que Macri vuelva a calzarse la 10 presidencial?

Radiografía del desgaste

Para entender por qué el oficialismo debió ceder el control de la pelota a la escudería amarilla, basta con mirar los números crudos del marcador social, esos que la hinchada oficial de las redes ya no logra tapar con cantitos. La última Encuesta de Satisfacción Política y Opinión Pública de la Universidad de San Andrés (LOOP) funciona como una silbatina impiadosa del humor general. El gobierno de Javier Milei ingresó en una zona de desgaste físico evidente. Su desaprobación neta escaló al 62%, mientras que la aprobación de la gestión se desmoronó hasta el 34%. El optimismo de los primeros minutos del partido mutó en un diagnóstico mayoritariamente sombrío: el 56% de los argentinos percibe que la situación general del país está peor que hace un año, y un 54% afirma que su economía personal viene perdiendo por goleada. Pero el dato más revelador es la mutación de las demandas de la tribuna.

El gran gol del relato libertario, la baja de la inflación, perdió potencia como festejo. Hoy, la preocupación por los precios cayó al 17%, pero en su lugar emergieron los fantasmas que históricamente nos embarran la cancha: la falta de trabajo lidera el ránking con el 38%, empatada con la corrupción (38%), y seguida de cerca por los bajos salarios (35%). Cuando la gente siente que no llega al arco a fin de mes, las pizarras tácticas de los economistas ortodoxos dejan de encantar. La ciudadanía empieza a exigir juego asociado, infraestructura y orden. Áreas donde, precisamente, las políticas de Salud (72% de insatisfacción), Obras Públicas (72%) y Educación (71%) registran tarjetas rojas directas en la medición.

¿Segundo tiempo?

Es en este preciso vacío de juego donde Macri comenzó a calentar en el lateral. Lo que comenzó en abril de este año durante la cena de la Fundación Pensar como un pedido de la hinchada propia, hoy toma forma de estrategia electoral explícita. Ante la necesidad de blindar su propio estadio -la Ciudad de Buenos Aires- frente al avance de los libertarios, y con un Gobierno nacional que necesita de sus legisladores para que no le llenen la canasta en el Congreso, el expresidente ejecuta un contragolpe perfecto.

El plan no carece de sustento en las estadísticas. El informe de San Andrés deja en claro que el capital político de Macri sigue siendo el jugador franquicia de la centroderecha no libertaria. Dentro del universo de ciudadanos que aún aprueban al actual gobierno, la imagen positiva de Macri se consolida en un potente 55%. Esto demuestra que, ante un eventual naufragio del experimento de Milei, el votante de ese espacio no va a patear el tablero hacia el centro ni volverá al pasado; podría buscar la experiencia del PRO. El nuevo banco de suplentes de la Casa Rosada es un reflejo de esto. Mientras figuras históricas del riñón de Milei se van al vestuario expulsadas por la opinión pública —el propio Adorni abandonó el equipo con un impactante 80% de imagen negativa-, el nuevo Jefe de Gabinete, Diego Santilli, debuta liderando la imagen positiva de los funcionarios con un 28%. El macrismo no solo aporta nombres: aporta los puntos que el oficialismo dilapidó. Con un escenario hacia 2027 que la encuesta define como un virtual empate técnico (25% para el Peronismo, 24% para La Libertad Avanza y un 22% de indecisos), la postulación de Macri se transforma en una opción de campeonato real.

La cancha tucumana

Como siempre ocurre en este suelo, las jugadas que se arman en el estadio de la Capital se replican de inmediato en los clubes del interior. En Tucumán, el banco de suplentes de la Casa de Gobierno se movió rápido ante la jura de Santilli. El gobernador Osvaldo Jaldo, cuyo pragmatismo táctico ha sido la marca registrada de su campeonato, leyó el cambio de esquema con la velocidad de un enganche de la vieja escuela.

Jaldo estuvo en el Salón Blanco presenciando la asunción del nuevo Jefe de Gabinete. El gesto excede la foto protocolar; es realismo puro. El mandatario tucumano sabe perfectamente que las ventanillas donde se consiguen los recursos para reactivar la obra pública y los fondos clave para la provincia ya no responden al lirismo libertario de las redes, sino al pragmatismo negociador del PRO. Para Tucumán, una provincia que sufre en carne propia las variables de empleo y salarios, la llegada de un interlocutor político como Santilli abre una nueva fecha en el torneo, pero también reconfigura el clásico opositor local.

Si la candidatura presidencial de Macri para 2027 se consolida, las filiales locales del PRO y de lo que supo ser Juntos por el Cambio en Tucumán, que venían perdiendo por goleada ante la polarización extrema entre el jaldismo y las expresiones libertarias puras, recuperarán el protagonismo. El electorado tucumano se verá obligado a revisar sus opciones en un tablero donde la centroderecha ya no se presentará como una hinchada ruidosa de internet, sino como un equipo con rodaje y partidos internacionales encima.

En el fútbol y en la política argentina, los partidos duran 90 minutos y los baches de juego se pagan caros. Cuando un estilo basado en el pelotazo hacia adelante y la confrontación permanente empieza a chocar contra la dura realidad del bolsillo, las viejas estructuras cobran factura. Milei ensayó un cambio de frente drástico al entregarle la pelota al esquema de Macri. Resta saber si esta jugada alcanza para meter el gol del empate en un partido que viene complicado o si, por el contrario, habrá sido el pase definitivo para el regreso del histórico capitán de Barrio Parque. El tiempo, y los lunes de cada semana, nos darán el resultado final.

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