A 8.000 kilómetros de casa: qué extrañan los argentinos que pasan el 9 de Julio siguiendo a la Selección

Familias, amigos e hinchas que viajaron solos coincidieron en Atlanta antes de salir hacia Kansas City. Entre camisetas, mates, valijas y vuelos, contaron qué significa pasar el Día de la Independencia lejos del país.

LEJOS DE ARGENTINA. El Hartsfield-Jackson de Atlanta es el aeropuerto con mayor tráfico de pasajeros del mundo en 2025 según el ranking de Airports Council International (ACI).
LEJOS DE ARGENTINA. El Hartsfield-Jackson de Atlanta es el aeropuerto con mayor tráfico de pasajeros del mundo en 2025 según el ranking de Airports Council International (ACI). Foto: Matías Auad
Por Matías AuadEnviado especial Hace 1 Hs

Resumen para apurados

  • Decenas de hinchas argentinos pasaron el 9 de Julio en el aeropuerto de Atlanta rumbo a Kansas City para alentar a la Selección en el Mundial, lejos de su patria.
  • En el aeropuerto más transitado del mundo, los fanáticos comparten mates y anécdotas mientras confiesan extrañar a sus familias, los amigos y los tradicionales asados.
  • Esta travesía muestra cómo la pasión por el fútbol y la figura de Messi logran recrear la identidad y la unión nacional de los argentinos a miles de kilómetros de casa.
Resumen generado con IA

El subte llega a la estación, las puertas se abren y decenas de pasajeros bajan con valijas, mochilas o teléfonos en la mano para ver hacia dónde deben seguir. Otros esperan sobre el andén, apurados por subir antes de que vuelva a cerrarse. La secuencia no transcurre en el centro de una gran ciudad. Este tren circula debajo del Hartsfield-Jackson de Atlanta, el aeropuerto con mayor tráfico de pasajeros del mundo en 2025 según el ranking de Airports Council International (ACI).

Este 9 de Julio, entre la multitud que intenta no perderse para llegar a su próxima conexión, aparecen camisetas argentinas. Un padre con su hijo, grupos de amigos e hinchas que emprendieron el viaje solos se mezclan con el resto de los pasajeros. Algunos llevan la celeste y blanca; otros avanzan con gorros, pilusos o la ropa de entrenamiento de la Selección.

A unos 8.000 kilómetros de Buenos Aires, una parte de la Argentina late en el aeropuerto más transitado del mundo rumbo a un mismo destino: Kansas City. La ciudad que cobijó a los dirigidos por Lionel Scaloni vuelve a ser la sede del próximo partido de la Selección. Hacia ahí se mueven quienes llevan semanas recorriendo Estados Unidos, los que llegaron hace apenas horas e incluso aquellos que hacen la travesía sin tanta planificación.

Perderse es fácil. Hay que caminar mirando los carteles, distinguir letras, seguir flechas, controlar las pantallas y asegurarse de no bajar en la estación equivocada. Decenas de señales se superponen en los pasillos; equivocarse de dirección puede significar otra caminata, otro tren y varios minutos perdidos. Encontrar la puerta de embarque, sentarse y soltar las valijas emociona.

El subte permite acortar el recorrido a través de un circuito subterráneo de casi cinco kilómetros que conecta las distintas salas. La dimensión explica la necesidad de un sistema así: el Hartsfield-Jackson ocupa 1.902 hectáreas, una superficie en la que entrarían casi 14 aeropuertos como el Aeroparque Jorge Newbery de Buenos Aires. El complejo de pasajeros ocupa el equivalente a más de 100 terminales como la del aeropuerto Benjamín Matienzo tucumano.

Arriba del subte, el movimiento es incesante: un promedio de 286.000 pasajeros pasa cada día por las instalaciones, mientras se registran alrededor de 2.100 despegues y aterrizajes diarios. El complejo tiene 198 puertas de embarque distribuidas entre la terminal doméstica, la internacional y siete salas identificadas con las letras T, A, B, C, D, E y F.

En las inmediaciones de la puerta A31, donde espera el vuelo de Delta, las camisetas argentinas empiezan a multiplicarse. Un mate y un termo descansan en el piso junto a los asientos. Sobre una valija hay una pizarra improvisada que muestra nombres de jugadores, posiciones y flechas para anticipar cómo podría formar la Selección. Siete amigos vestidos con la ropa de entrenamiento de Argentina discuten de fútbol, revisan sus teléfonos y esperan el momento de embarcar.

Acá no parece, pero es 9 de Julio. Las conversaciones van hacia lo que quedó del otro lado del continente: la familia, los amigos, el asado, el vino o la posibilidad de reunirse alrededor de una mesa.

Sebastián tiene 45 años y viaja con Pedro, su hijo de 11. Para ellos es el tercer partido de la Selección en este Mundial, pero el recorrido por Estados Unidos les permitió experimentar algo que se repite entre muchos hinchas: los desconocidos empiezan a reconocerse después de coincidir en vuelos, hoteles o estadios. “Se extraña la cultura argentina, la sociabilización, estar con la gente”, dice a LA GACETA el hombre.

A su lado, Pedro cuenta que lo que más extraña son su familia y los asados. Está viviendo algo que hasta ahora conocía a través de una pantalla: ver a Messi en un Mundial. Estar en la cancha modificó su manera de sentir los partidos: “Tenés más presión. Sabés que si no ganás, se termina todo”.

Cerca de ellos espera el grupo de siete amigos. Tienen alrededor de 27 años, siguen juntos a la Selección y ya vieron tres partidos durante este Mundial. “Estamos todos con la remera de Argentina, representando un poco el Día de la Independencia”, dice Marcelo.

La fecha se mezcla con el recorrido mundialista y la expectativa por lo que viene, porque el próximo partido volverá a encontrarlos en una tribuna. “Estamos viajando a Kansas a ver un partido de la Selección, así que tiene una carga emocional distinta. Estamos con amigos y representando la bandera más linda del mundo”, agrega, antes de decir que la familia y la comida son lo que más extraña.

Francisco reconoce que en Estados Unidos se consigue buena carne, incluso los elementos necesarios para prepararla, pero plantea que no es lo mismo. “Acá es rico, conseguís buena carne, de repente un poquito de charcoal, pero en Argentina es otra cosa, es otra cosa”, explica. El asado vuelve a aparecer como una de las costumbres que los hinchas asocian con la distancia.

Alfonso Prat Gay, hijo del ex ministro de Economía durante el gobierno de Mauricio Macri, amplía la lista: extraña a su familia, a sus amigos, un buen asado y “ese sentido de pertenencia, de unidad y de unión que tiene el argentino”. Sin embargo, asegura que esa identidad también viaja. “El argentino se rebusca. Hacemos asados todo el tiempo, estamos tomando fernet, tomando cerveza, siempre sintiéndonos cerca de donde somos”, cuenta.

Gabriel tiene 42 años, llegó desde Buenos Aires y viaja solo. Estuvo en Atlanta para el partido contra Egipto, seguirá hasta Kansas City y después volverá a la Argentina porque, bromea, “ahí se me acabaron las millas”. Cuando habla de la distancia, la familia aparece primero: “Mi señora, mis nenes. Los amo con todo mi corazón”.

Aunque emprendió el viaje solo, Gabriel fue encontrándose con otros argentinos en la misma. La Selección funciona como punto de encuentro entre personas que no se conocían antes de llegar a Estados Unidos, pero terminan compartiendo partidos, traslados o momentos de espera. “Me encuentro con amigos que han venido solos también. Es disfrutarlo en familia con argentinos”, explica.

Franco Antoharián, de 34 años, llegó al aeropuerto después de un viaje diferente. Hasta un día antes no tenía previsto estar en Estados Unidos, pero un amigo lo llamó desde Lima para decirle que no podía perderse el próximo partido de la Selección. Una hora después tenía comprados todos los pasajes para un recorrido que incluye Aeroparque, Lima, Atlanta y Kansas City antes de regresar nuevamente por Atlanta hacia Argentina.

“Ayer saqué todo en una hora y acá estamos”, cuenta el hincha, que asistirá a su primer partido de este Mundial y también pasa por primera vez un 9 de Julio fuera del país. El entusiasmo por la posibilidad de volver a ver campeón al equipo de Lionel Scaloni se mezcla con una ausencia: le hubiera gustado compartir el recorrido con más amigos. “Esto es ideal para hacerlo con toda gente conocida, viajar 20 amigos todos juntos. Pero es difícil, no es sencillo”, reconoce.

Andrea, de 33 años, todavía no extraña: salió de Buenos Aires el día anterior. Atlanta es su escala antes de Kansas City, en un viaje tan breve como intenso: aterrizará, verá el partido y volverá. “Una locura estar acá, lleno de argentinos. Qué mejor forma que ir a ver a Messi”, dice mientras espera el vuelo.

Los argentinos se reconocen por una camiseta, preguntan de dónde viene el otro e intercambian información sobre entradas o vuelos; algunos vuelven a cruzarse cientos de kilómetros después. El aeropuerto sigue funcionando a su ritmo mientras se acerca el horario del embarque. Los vuelos cambian de puerta, las valijas recorren los pasillos y el Plane Train sigue trasladando pasajeros debajo de las terminales.

Cada día pasan por ahí cientos de miles de personas rumbo a destinos diferentes, pero durante algunas horas del 9 de Julio una parte de ese movimiento tiene camisetas argentinas, mates y conversaciones sobre lo que quedó en casa. La familia, los amigos, el asado, el vino y la posibilidad de reunirse se repiten entre las respuestas. A 8.000 kilómetros de Buenos Aires, los hinchas todavía tienen otro vuelo por delante antes de volver a encontrarse con la Selección.

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