El oro del país usurpado en banco del país usurpador

Carlos Duguech - Analista internacional

El oro del país usurpado en banco del país usurpador
Hace 4 Hs

Casi un trabalenguas este título. Es, a todas luces, la expresión de una, por lo menos, equivocada decisión, además de riesgosa. ¿Riesgosa, por qué? Pues, simplemente, por dos razones de peso que debieron haber sido previstas ante tamaña decisión. Una de ellas, que el Banco en Londres, depositario de los lingotes de oro de la reserva del Banco Central argentino se allanare a una decisión judicial británica que dispusiera dar sustento a una eventual petición del gobierno del Reino Unido: de embargo de los lingotes basado en una demanda por determinados asuntos, entre ellos –aventuro- por los “daños de guerra en las Falklands”. El otro riesgo que, de todos modos hay que preverlo, es cómo operan las compañías de seguro internacionales en estos casos especiales. Cubren los riesgos en los transportes de oro y otras cargas similares, entre bancos y naciones y hasta con protección de fuerzas especiales. Pero, por lo general, las compañías especializadas no cubren los daños o pérdidas totales por causa de guerra. Es un riesgo que, en estos tiempos de escenarios bélicos desde 2023, crecerá sin pausa. Pero, lo digno de ser mirado con la lupa de la racionalidad y del criterio que emana, sin impedimento, desde los precisos contenidos del derecho internacional, es esta especie almibarada del Síndrome de Estocolmo. Por aquello que aprieta entre sus márgenes la relación Buenos Aires-Londres, enfermiza, de a ratos. Se verá por qué, seguidamente.

Límites Argentina-Chile

Ya ni puede decirse que es sólo un dato histórico, mencionado cada vez que se habla de la pertenencia respecto de Argentina del sistema Malvinas y el mar circundante. Desde que se rompieran amarras con España en esa gestión preparatoria de 1810 consolidada con la declaración de independencia de 1816. Y no puede obviarse que Luis Vernet fuera designado el 10/06/29, por el gobierno de la provincia de Buenos Aires comandante político y militar de las Islas Malvinas. Y, además, que el 2 de enero de 1833 una corbeta de guerra británica comandada por el capitán John Onslow ancló en Puerto Soledad contando con el respaldo de otra corbeta, la HMS Tyne. El capitán inglés entregó un documento al jefe de la guarnición argentina, el teniente coronel José M. Pinedo, que le informaba -nada menos- que venía a tomar posesión de las islas como comandante interino y lo hacía en nombre del rey británico. Pedía arriar la bandera argentina y la evacuación de las fuerzas armadas en un plazo de 24 horas. Nada podían hacer las fueras argentinas. Cumplido el plazo el 3 de enero desembarcaron los ingleses, izaron la bandera británica y arriaron la argentina. Pinedo, sin enfrentarlos militarmente, no tenía lo suficiente- por lo que fue cuestionado a su regreso cuando volvió al continente con los integrantes del comando. Todo esto traído para precisar el carácter incuestionable, a la luz que cualquier norma internacional, de la usurpación inglesa.

Dicho esto vayamos a un hecho histórico que pone sobre la mesa de análisis una muy increíble situación entre Argentina y Chile. Una disputa territorial, la primera entre los dos países, en la Patagonia. Para evitar confrontaciones armadas - suponían posibles- se decidió someter a un arbitraje extranjero la cuestión.

Si detuviéramos aquí el relato bien se podría imaginar que las partes en el diferendo elegirían un tercer país que, prima facie, se mostrara equidistante en sus relaciones con los demandantes de arbitraje. A Chile le daría lo mismo cualquier estado que tuviera continuidad y sostenida e importante presencia internacional. A nuestro país, del mismo modo. Pero, he aquí que se desmorona lo que nos parece que “jamás de los jamases” se debería elegir de árbitro nada menos que al usurpador contra uno de los solicitantes del arbitraje. ¿Se entiende o hay que repetir, acaso? Cuando el 2 de septiembre de 1898 Argentina y Chile solicitaron, en forma conjunta, el arbitraje para la cuestión de los límites patagónicos en la cordillera de los Andes habían transcurrido 65 años desde la usurpación británica (1833). Y pese a tres reclamaciones de Argentina -no respondidas por Londres- se recurre al rey Eduardo VII, monarca del reino usurpador. Este es un emblemático modo errado de política exterior argentina. Y por si fuera una excepción -que no lo es- se repite el mismo esquena que culminó con el Laudo Arbitral sobre el Canal del Beagle (1977) operado por la Corona británica en nombre de la reina Isabel II. Laudo rechazado por Argentina y que tantos riesgos generó resuelto finalmente con la mediación papal. Esta vez habían transcurrido 144 años desde la usurpación en Malvinas por los ingleses. Y por aquello del síndrome de Estocolmo (“almibarado”, lo calificamos) caemos en la cuenta de que los usurpadores no son tan “mala gente”. Y hasta les pedimos que nos cuiden el oro que le enviamos, ¡nada menos!

Vale en la apreciación de estos tropezones antidiplomáticos (que también ocurrieron en el período presidencial de Macri) que la justicia nacional exigió al Banco Central información sobre los envíos a Europa de lingotes de otro de las reservas. Después de mucha indiferencia manifestó a la justicia, suelto de cuerpo, que “no hay contratos registrados sobre los envíos, a la vez que pontificaba: “No hay nada que auditar” (¡y punto!, agregamos, con una sorpresa que es una “revelación” sobre los manejos demasiado turbios. Algunos, innominados, se enriquecen en la gestión, muy probablemente). Los bancos europeos pagan comisiones por gestiones de envío de lingotes de oro para guarda.

Argentina ante el mundo

Un emblemático lugar donde los países se muestran con sus apoyos o cuestionamientos a otros países, individual o colectivamente, es la sede de la Asamblea General de Naciones Unidas. Cada uno de los 193 miembros tiene un voto. Un ejemplo de incongruencia del sistema de política exterior de Argentina lo da el caso de la “Partición de Palestina”, la del “mandato” de la Sociedad de las Naciones, que fuera ejercido por Gran Bretaña hasta el 14.05.48. Al día siguiente se proclama el Estado de Israel, consecuencia directa de la Resolución 181 (II) del 29/11/47 de la ONU. El resultado de 33 votos a favor, 13 en contra y 10 abstenciones consolidó la operatividad de la “partición”. Argentina teniendo en cuenta las colectividades árabes y judías, ambas importantes en nuestro país, Argentina optó por la abstención. Una racional política preanunciada entonces,.

Lo irracional de la política exterior de nuestro país respecto de Palestina roza lo escandaloso, ahora.

-Votó “en contra”: de una resolución de la ONU (18/09/24) que otorgaba al gobierno israelí 12 meses para que ponga fin sin demora a su presencia ilegal en el territorio palestino ocupado. Y también sobre la resolución de los “Dos estados” aprobada por 143 países, Argentina en contra (12/09/25).

-Adhesión de Palestina como estado miembro de ONU (10/05/2024), en contra.

-Votó Argentina también en contra de la resolución de la ONU de “Protección de los civiles y cumplimiento de las obligaciones jurídicas y humanitarias” a la vez que la liberación de los rehenes por Hamas y la denuncia el uso del hambre como arma de guerra. Entre los 12 votos negativos, Israel y EE.UU.

Y para el cierre de la columna.

-Un escandaloso voto negativo al declarar la ONU la esclavitud como delito de lesa humanidad. Demasiado sometimiento con una humillante relación “carnal” con EE.UU e Israel. ¡Con ellos conformaron los tres únicos votos en contra”!

Esta discontinuidad brusca de la tradicional posición internacional argentina sobre el tema configura un quiebre que, tarde o temprano, le costará superar en el contexto de las vinculaciones con las naciones del mundo y los colectivos conformados mundialmente. Tal vez sólo nos quede en el “concierto internacional” que nos admiren por el fútbol. Y por nada más.

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