En el Mundial de las apuestas, todos perdemos

Las apuestas online dominan el Mundial y atrapan a los menores ante la inacción política. Por qué es urgente regular el juego y recuperar la esencia del deporte.

MUNDIAL 2026. Psicólogos y jóvenes apostadores cuentan cómo se cruza la línea entre el juego y el problema. / LA GACETA, ANALÍA JARAMILLO
MUNDIAL 2026. Psicólogos y jóvenes apostadores cuentan cómo se cruza la línea entre el juego y el problema. / LA GACETA, ANALÍA JARAMILLO
Pablo Hamada
Por Pablo Hamada 06 Julio 2026

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A pesar de la enorme cantidad de información estadística disponible, nadie sabe a ciencia cierta quién ganará la Copa del Mundo. Sin embargo, existe un ganador silencioso que no pertenece a ninguna selección. El juego online está más presente que nunca en este evento y su dinámica, disfrazada de entretenimiento y de un supuesto “conocimiento deportivo”, está arrastrando a grandes y chicos a un problema severo cuyas consecuencias a largo plazo todavía desconocemos.

“Solo para mayores de 18 años” o “si sos menor, no podés jugar; eso no se discute”. Con estos tibios intentos de matizar el riesgo de adicción, figuras del espectáculo y del deporte ya forman parte del combinado de estrellas que promocionan las plataformas de apuestas. Son tantas que resulta imposible distinguirlas. Hoy, el juego llega a través de entornos digitales que antes estaban reservados para otros fines, como billeteras virtuales que ya prometen premios de hasta 50.000 dólares.

Los pronósticos solían empezar entre amigos y la competencia era entre pares. Pero si algo sabe hacer la tecnología es eliminar las fricciones para utilizar una tarjeta de crédito o una cuenta virtual. El dinero ya no circula en entornos con salvaguardas físicas, como casinos o agencias oficiales. El consumo es inmediato y sucede en la intimidad de la pantalla de un celular.

Las publicidades de apuestas saturan un torneo que parece diseñado a su medida. Lo paradójico es que todas apelan al eslogan del "uso responsable". Pero ¿cómo hablar de responsabilidad cuando los controles fallan? En otras épocas, la publicidad de azar estaba confinada a la televisión nocturna y dirigida exclusivamente a adultos. Hoy, los menores están expuestos las 24 horas a la seducción de convertirse en millonarios en cuestión de segundos.

Las cifras de esta epidemia son alarmantes. En un informe publicado en julio de 2025, Unicef señaló que, por primera vez, se observa un ingreso masivo de jóvenes argentinos al juego de azar online. Ocho de cada diez adolescentes accedieron o conocen a alguien que apostó en línea y el 37% lo hace con mucha frecuencia o todos los días. La edad de inicio ronda los 13 años, vinculada a la flexibilización para abrir cuentas virtuales, y el 80% de los accesos desde Argentina se realiza a plataformas ilegales, donde los controles de edad son inexistentes.

Entre los factores que más preocupan a Unicef se encuentran, precisamente, la publicidad agresiva, la influencia de los creadores de contenido y las estrategias de las plataformas para retener usuarios, como los bonos de bienvenida. En este ecosistema, que los ídolos deportivos y los referentes culturales sean la cara visible de las campañas no es un detalle menor. La organización también alertó sobre el impacto en el desarrollo integral de los jóvenes, destacando que el 40% de los adolescentes nunca habló con sus padres sobre esta situación.

El debate sobre la regulación en Argentina acumula años de tensiones políticas. La discusión cobró urgencia ante evidencias como las del Observatorio Argentino de Drogas de la Sedronar, que reveló que más de uno de cada cuatro estudiantes secundarios manifestó haber apostado dinero en el último año. Aunque estas advertencias impulsaron varias iniciativas legislativas, ninguna logró convertirse en ley.

El primer avance concreto ocurrió en noviembre de 2024, cuando la Cámara de Diputados dio media sanción a un proyecto integral para regular tanto a operadores legales como ilegales. Ese texto prohibía la publicidad online (incluyendo influencers y patrocinios deportivos), exigía verificación biométrica obligatoria y vedaba el uso de tarjetas de crédito y fondos de la ANSES. Sin embargo, el bloque oficialista de La Libertad Avanza no lo acompañó, bajo el argumento de que imponía “excesivas regulaciones” y el proyecto quedó congelado en el Senado. Ante el estancamiento, en mayo de este año el Poder Ejecutivo envió su propia propuesta que apunta exclusivamente a perseguir a los operadores ilegales y delega en las provincias la facultad de regular a las empresas con licencia.

La regulación no llegó a tiempo para este Mundial y difícilmente sea una prioridad en los próximos meses. Por acción u omisión, los responsables institucionales le están dando la espalda a una problemática social que vulnera a los más chicos. Como consecuencia, se diluyen los intereses culturales, geográficos e históricos que un evento de esta magnitud solía despertar. Ya no importa descubrir dónde queda Cabo Verde o entender por qué antes existía una “República Federal de Alemania”. Solo importa el resultado inmediato de un encuentro que pasará al olvido para dar lugar a la próxima apuesta.

Quedan ya pocos partidos de esta Copa del Mundo y el final del torneo no puede encontrarnos de brazos cruzados, sino con la prioridad de exigirles a los responsables que actúen de manera urgente. Proteger la salud mental de los más jóvenes es lo primario pero también debemos pensar en cómo recuperar el valor simbólico del fútbol como momento de encuentro. Ambas cosas van de la mano porque en tiempos en los que todo debe tener un valor económico y utilitario, la pasión desinteresada e incomprensible por un deporte es un excelente punto de partida.


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