Resumen para apurados
- Tres jóvenes músicos de Tucumán revitalizan hoy el tango instrumental mediante el piano, la guitarra y el bandoneón, demostrando la vigencia del género en las nuevas generaciones.
- A través del piano, la guitarra y el bandoneón, los artistas abordan el género debatiéndose entre la fidelidad a los clásicos y la búsqueda de nuevas sonoridades contemporáneas.
- Esta renovación generacional garantiza la supervivencia y evolución del tango, proyectando el legado cultural de la región hacia un futuro de innovación artística constante.
Hay algo en el tango que resiste, desde su origen. Resiste los años, los cambios de moda, la irrupción de nuevos géneros. Y resiste, también, la idea de que es un género para viejos. Tres músicos tucumanos -la pianista María Lacroix (37 años), el guitarrista Gabriel Aguilar (25) y el bandoneonista Fermín Mansilla (20)- son prueba viviente de esta última resistencia.
El acercamiento al tango raramente es premeditado. Fermín comenzó a recorrer ese camino sin proponérselo, a partir de un instrumento: el bandoneón. “Conozco el instrumento desde hace poco; siempre me había llamado la atención, pero no había tenido oportunidad de tenerlo, porque es un poco raro de encontrar. Hace unos dos años conocí un instrumento argentino que se llama bandólica, que se utiliza para el aprendizaje del bandoneón. Es mucho más económico y más accesible, y me sirvió para un primer acercamiento al bandoneón. Después, ya conociendo un poco más, investigando, me fascinó; y me puse en campaña para aprender más. Con el tiempo ya pude tener un bandoneón”, contó. La bandólica fue un puente; del otro lado lo esperaba el tango.
En sus primeros tiempos de aprendizaje de la música popular, Gabriel oscilaba entre el folclore y el tango. Con lo interpelara con fuerza propia. Hoy, dice, en los momentos de ocio, cuando toma la guitarra, el tango aparece como una necesidad: “Siento que tiene algo que necesito resolver, seguir tocando hasta encontrarle el clímax”.
María lo describe con una imagen simple y poderosa: “Es un género maravilloso que tiene tanto por explorar en términos generales y tantos años de historia. Es simplemente abrir una puertita y te metés, y no te deja de interesar nunca más”.
Vínculo particular con el instrumento
Los tres consideran en que el tango demanda un vínculo particular con el instrumento. María, que lleva años explorando el repertorio desde el piano, el género tiene un desarrollo instrumental que lo distingue de otras músicas populares. “Es difícil tocar algunas cosas”, admite; y pone de ejemplo un arreglo de “Mi noche triste” que se enseña en las carreras de música popular, que le resultó muy desafiante. Y añade que más recientemente, el pianista porteño Diego Schissi le acercó un arreglo de “Apología tanguera”, de Rosita Quiroga, que define como “recontra picante”. “Ya todo se está poniendo así, medio picante, para el piano”, dice con entusiasmo.
“Gabi”, por su parte, señala que en la guitarra el tiempo en el tango “es un poco más fácil de marcarlo”, pero advierte que hay algo más profundo en juego: “Lo que caracteriza mucho al músico es la forma de tocarlo”. Opina que el tango tiene un condimento que lo distingue de otros géneros. “La energía sentimental. Siento que en el tango aún me queda algo por descubrir; algo fuerte. Me quedo con ese sentimiento de energía, que no tiene la música actual”, confiesa.
Fermín, en tanto, encuentra en el bandoneón un vehículo de expresión casi irreemplazable. “Me siento muy cómodo tocando el bandoneón, porque puedo transmitir lo que siento en ese momento; me gusta desplazarme libremente con el instrumento”, dice.
Y se detiene en lo que a su criterio funciona como un perfecto maridaje dentro de la música: el bandoneón y el tango. “Si bien es un instrumento de origen alemán, en la Argentina, con el tango, termina de adquirir su identidad. Porque el bandoneón tiene un sonido muy único, muy nostálgico, y el tango también tiene mucho de nostalgia; por eso se complementaron tan bien”, afirma.
Uno de los ejes en el cual los tres músicos se encuentran -aunque con matices- es el de la relación con el repertorio clásico. María nota una diferencia entre lo que ocurre en Buenos Aires y lo que percibe en Tucumán. “Los músicos más jóvenes que están haciendo tango en Buenos Aires meten más mano en los tangos clásicos. Acá, por el contrario, siento que hay una especie de respeto muy grande a los clásicos; si alguien te pide que toques ‘Nada’, está esperando ‘Nada’ tal y como todos lo conocemos. Y si empezás a meter mano te miran raro”, dice.
Esa tensión entre fidelidad y apropiación también aparece en las reflexiones de Fermín. El joven bandoneonista reconoce que comenzó tocando más de oído, siguiendo lo que le sonaba bien, antes de comenzar a formarse musicalmente y tratar de respetar un poco más la obra original. Pero no reniega del impulso creativo. “Siempre toqué un poco más como a mí me sonaba. Si dos bandoneonistas interpretan una misma obra, siempre habrá una diferencia. Porque es algo humano querer agregarle algo propio”, explica.
“Gabi” hace una síntesis: trabaja sus propios arreglos, quita o agrega elementos en un tango, según su criterio: “Claro que siempre sin perder la raíz del tango”.
Lacroix percibe que algo se está moviendo dentro del tango; sobre todo, en Buenos Aires. “Me da la sensación de que estilísticamente está pasando algo más desafiante, quizá todavía muy concentrado en algunos nichos, pero está apareciendo una sonoridad un poco más compleja”, destaca. Y se explaya: “Está el tango tradicional, que todos tenemos en el oído; pero hay una cosa un poco más contemporánea de la ejecución, de cómo se hacen los arreglos para los instrumentos, que tiene una sonoridad nueva, distinta; incluso dentro de los ámbitos más académicos también hay como una nueva escuela, que está inaugurando el lugar del tango; algo nuevo y fresco”. En el ámbito local, por el contrario, considera que la cosa se mueve a otro ritmo. “La mayoría de la gente joven que conozco que está haciendo tango está haciendo clásicos”.
Sin embargo, no lo dice en tono crítico sino como una constatación: el tango clásico sigue siendo una puerta de entrada, el repertorio que convoca, el que la gente pide en reuniones y recitales. Gabi confirma esta idea desde su propia experiencia: en reuniones con amigos le reclaman que toque folclore; pero ya sucedió que le pidieron también un “tanguito”.
Tal vez allí resida una de las claves de la vigencia del tango: en la convivencia entre el respeto por los clásicos y la búsqueda de nuevas formas de interpretarlos. Mientras haya jóvenes dispuestos a abrir esa puerta, a descubrir algo propio en una guitarra, en un piano o en un bandoneón, el tango seguirá encontrando nuevas voces para contar sus historias.









