Resumen para apurados
- Ramiro González, abogado y exDT en Asia, lidera actualmente la Reserva de Atlético Tucumán en Argentina para formar y promover juveniles de élite a la Primera División.
- Tras jugar en Italia y trabajar cinco años en el club Johor de Malasia, González suma su formación en derecho deportivo y táctica para estructurar entrenamientos muy exigentes.
- Este proyecto busca acortar la brecha entre las juveniles y la Primera División, consolidando un proceso de desarrollo integral y competitivo a largo plazo para el club.
Antes de la Reserva de Atlético Tucumán hubo un príncipe, la Champions de Asia, una carrera universitaria y más de una década recorriendo vestuarios en distintos países. El camino de Ramiro González hacia el banco del “Decano” está lejos de ser el de un entrenador convencional. Abogado especializado en Derecho Deportivo, con experiencia en la estructura del poderoso Johor de Malasia y pasado como futbolista en Italia y el ascenso argentino, construyó una formación tan diversa como poco frecuente en el fútbol local.
Hoy, a seis meses de asumir al frente de la Reserva, González comienza a recoger los frutos de un proyecto que combina resultados, desarrollo individual y una identidad de juego bien definida. En una entrevista exclusiva con LA GACETA, el DT de 37 años repasó su recorrido profesional, analizó el gran presente del equipo (hoy en zona de clasificación a playoffs de torneo Proyección) y explicó cómo intenta preparar a los jóvenes para dar el salto a la Primera División.
- ¿Cómo comenzó tu camino en la dirección técnica y dónde fue tu etapa como futbolista profesional?
- Siempre quise seguir ligado al fútbol tras el retiro. Me formé en la academia de Ucini (Santa Fe), pasé a Tiro Federal y luego jugué ocho años en Italia y tres en el ascenso argentino. Mientras jugaba, estudié Derecho Deportivo y Dirección Deportiva pensando en el futuro. En la pandemia, tras colaborar en scouting y videoanálisis para el Johor de Malasia, me ofrecieron sumarme fijo a su estructura que es enorme. Fue una capacitación exprés de cinco años. Allí me di cuenta de que entrenar era lo que quería hacer el resto de mi vida.
- ¿Qué te dejó esa experiencia en un fútbol tan exótico como el de Malasia y qué función cumplías?
- Fue un aprendizaje gigante. Era el ayudante de campo del primer equipo y hacía de nexo entre el plantel, el DT, la dirección deportiva, las inferiores y el dueño del club, que es un príncipe. Por el club pasaron figuras con pasado top como Pablo Aimar, Luciano Figueroa, Jesé Rodríguez, Samu Castillejo o Fernando Forestieri. Competimos cuatro temporadas en la Champions de Asia, enfrentamos al Borussia Dortmund en un amistoso y me capacité en clubes como Juventus o Real Madrid. Además, hice el curso de DT UEFA en Alemania. Fue hermoso, allá nació mi hijo, pero siempre supe que quería volver al fútbol argentino. Soy un apasionado de nuestro fútbol con todos sus pros y sus contras. Tenemos una manera de disfrutarlo que es muy nuestra.
- ¿Cómo fue el choque cultural y estructural al llegar a Atlético?
- Me encontré con gente que me recibió muy bien. Llegué solo, sin colaboradores propios, y hoy todo mi grupo de trabajo está integrado por profesionales del club e hinchas de Atlético; logramos amalgamar un gran equipo en poco tiempo. Por otro lado, la presión acá es mucha porque la gente es muy pasional, pero esa intensidad es un aliciente espectacular si la sabés aprovechar. Llevamos seis meses en un torneo de Reserva muy complejo y el grupo mostró una predisposición total para el trabajo. Más allá de que el resultado a veces es lo que hace ruido en la punta del iceberg, lo valioso es cómo los chicos crecen y se vuelven competitivos. Ese es el verdadero fruto que le quedará a la institución.
- ¿Cómo se gestiona el proyecto de Reserva, que hoy mezcla técnicos de afuera y futbolistas de inferiores con chicos libres de otros clubes?
- Le encuentro mucha lógica al proyecto, siempre y cuando no caigamos en la división entre “el de acá” y “el de afuera”. Atlético no puede darse el lujo de sectorizar; es momento de unir, y los chicos lo entendieron a la perfección. Es un plantel heterogéneo que convive como si jugara junto hace años. Que vengamos de afuera no nos hace mejores; venimos a aportar y a aprender de la gente del club. Nuestra tarea principal es que el salto de inferiores a Primera sea lo menos grande posible. Para lograrlo, necesitás elevar la vara de la exigencia con entrenamientos muy profesionales y un contexto altamente competitivo. En ese escenario, tanto el chico que hizo toda su vida en Atlético como el que llega libre desde Buenos Aires son necesarios para potenciarse entre sí. Si les planteamos esa rigurosidad desde ahora, todos van a estar mejor preparados para el día de mañana.
- ¿El resultado pasa a un segundo plano cuando el objetivo primordial es formar?
- Tengo que poner otras cosas por delante. Acá lo más importante es preparar jugadores para que el día de mañana sean profesionales en la Primera de Atlético. Claramente tampoco podés dejar de lado el resultado, porque nos estaríamos equivocando; ellos están en una edad de competición constante. Sin embargo, la competencia es primero con uno mismo para ser mejor, después con el de al lado para ganarse un lugar, y por último con el rival de turno. El “compito para ganarle al de enfrente” viene al final, porque la exigencia interna es lo que verdaderamente los hace crecer. Nosotros sabemos cuál es nuestro norte y hacia dónde apuntamos con el trabajo.
- Bajo esa premisa, se te nota muy conforme con lo realizado por el plantel hasta ahora...
- Sí, muy conforme, sobre todo puertas adentro con el crecimiento y desarrollo de muchos de estos chicos. Cada uno tiene su propio proceso y tratamos de darles lo que van necesitando. Uno aprende mucho de escucharlos en el día a día, de conocer sus interrogantes, sus dudas y sus miedos. Les tocó un campeonato con los vaivenes lógicos de momentos mejores y peores, y todo eso es experiencia que guardan en la mochila para cuando les toque debutar en Primera División.
- ¿Cómo definís la identidad táctica de tu equipo y qué importancia le das al esquema, teniendo en cuenta que el 4-3-3 es el dibujo que más se repitió?
- Partimos de premisas claras: ser protagonistas, tener la pelota y ser muy agresivos cuando no la tenemos. Lo más lindo es que ellos ya abrazaron la idea; lo cual me llena de orgullo. Respecto al sistema, desarrollamos mucho el 4-3-3, pero en mi carrera me tocó experimentar y no creo que el dibujo haga la diferencia. Hoy el fútbol pasa por los roles y por poner a los jugadores en el hábitat donde mejor se desarrollen; el sistema es una herramienta más. De afuera miro mucho a Pep Guardiola y sigo al Manchester City, PSG y Bayern Munich. Pero también estoy enamorado de la Selección Argentina de Scaloni: un ciclo increíble con principios claros puestos al servicio de la esencia del jugador argentino.
- También sos abogado con especialización en Derecho Deportivo. ¿De qué manera conviven ambas profesiones en tu día a día en la cancha?
- Me recibí el año pasado tras rendir los últimos exámenes. Sé que no voy a ejercer porque mi vida es la dirección técnica, pero la universidad y el haber vivido en tantas culturas me dieron herramientas clave: pensamiento crítico, disciplina, capacidad comunicacional y templanza ante los desafíos. Es igual de difícil plantarse a dirigir en un estadio lleno que ir a rendir la última materia que te da el título. Por eso insisto tanto a los chicos de la Reserva en que sumen experiencias y estudien; todo eso te enriquece como persona.
- Pensando en el futuro, ¿te ponés plazos en tu carrera o aspirás a dirigir pronto en Primera División?
- La verdad es que no me pongo plazos. Cada vez que me tocó proyectar a largo plazo en el fútbol, nunca salió como esperaba; todo cambia de forma muy voraz y rápida. Trato de disfrutar el presente y de hacer mi trabajo de la mejor manera. Estoy muy contento y valoro mucho el lugar y el rol que ocupo hoy, entiendo que es una experiencia buenísima. Claramente uno tiene metas y objetivos personales por lograr, pero sin plazos fijos. Más allá de dirigir más arriba o más abajo, mi aspiración es ser un buen profesional y desarrollarme al máximo para, el día de mañana, aspirar a lugares de privilegio. Si uno hace las cosas bien, el resto llega solo y se da por añadidura.










