Resumen para apurados
- La socióloga Roxana Laks analizó en Tucumán el aumento del pluriempleo de supervivencia en el país, impulsado por salarios que no cubren los costos básicos de los hogares.
- El fenómeno afecta a profesionales calificados que suman múltiples jornadas, lo que genera autoexplotación, agotamiento mental y un deterioro en la calidad laboral.
- La especialista destaca la necesidad de visibilizar este desgaste para debatir el futuro del trabajo y priorizar el bienestar frente a dinámicas laborales nocivas.
Anoche, Panorama Tucumano, el programa insignia de LA GACETA Play conducido por Federico van Mameren, puso en el centro un fenómeno cada vez más visible en Tucumán y en el país: el crecimiento de personas que combinan dos, tres o más trabajos para sostener su economía o para adaptarse a un mercado laboral en transformación. El informe especial abrió una pregunta clave: ¿se trata de una respuesta directa a la crisis o de una nueva forma de concebir el trabajo? En diálogo con la socióloga Roxana Laks, el programa analizó las causas, los efectos y las tensiones que atraviesan a quienes extienden sus jornadas para llegar a fin de mes.
Una respuesta social
Para Laks, el fenómeno no puede reducirse a decisiones individuales ni a casos aislados. La especialista sostuvo que debe mirarse como parte de una realidad más amplia, atravesada por la economía, las expectativas sociales y las condiciones del mercado laboral.
“El pluriempleo es un fenómeno social. Como tal, es una realidad que nos viene dada y frente a la cual las personas tienen que responder de alguna manera”, explicó Laks.
La socióloga señaló que, aunque cada persona organiza su vida laboral de un modo distinto, hoy existe un punto común que atraviesa a buena parte de los casos en la Argentina y en Tucumán. “Hoy hay algo que homogeneiza esa respuesta en Argentina y también en Tucumán: los ingresos no alcanzan”, afirmó. Según su análisis, ese dato constituye el núcleo del problema. Si los salarios permitieran cubrir las necesidades de los hogares, el fenómeno tendría otro sentido. Podría existir, pero no estaría marcado por la urgencia: “Si los ingresos alcanzaran, probablemente no estaríamos hablando de este tipo de pluriempleo. O, en todo caso, existiría, pero tendría otras características”, remarcó.
Laks definió la situación actual como un pluriempleo de supervivencia. En esa categoría ubicó a quienes suman actividades no por elección plena, sino por la necesidad de sostener gastos básicos o de conservar un determinado nivel de vida. “Lo que se observa hoy es un pluriempleo de supervivencia”, indicó y también marcó un dato que considera significativo: muchas son personas con formación profesional y trayectorias laborales calificadas. Sin embargo, ese capital educativo no siempre alcanza para garantizar estabilidad económica. “Todas estas personas plantean una realidad común: una economía que necesita dinamizarse y que no alcanza para cubrir las necesidades”, dijo.
El impacto no es igual en todos los sectores. En los hogares de menores ingresos, sumar trabajos puede ser una condición para comer y vivir. En las clases medias, aparece con otra forma, pero con una presión similar: sostener proyectos familiares, consumos, estudios, alquileres o expectativas que antes parecían parte de una vida posible.
La calidad del trabajo
Uno de los puntos más críticos, según la socióloga, es que la multiplicación de tareas puede afectar la calidad del trabajo y frenar el desarrollo profesional. La búsqueda de ingresos inmediatos obliga a postergar capacitación, descanso o tiempo de preparación. “El pluriempleo atenta, en muchos casos, contra la calidad del trabajo que tienen y contra la profesionalización que necesitan”, advirtió.
En ese sentido, Laks planteó que no siempre se trata de trabajar más para crecer. Muchas veces, el esfuerzo extra impide avanzar. La persona ocupa sus horas en actividades que le permiten sostenerse, pero que también le quitan tiempo para mejorar su carrera. “Una persona puede decir: ‘No puedo preparar mi clase como mi alumno merece, porque tengo que atender estas otras cosas’”, ejemplificó.
El cansancio es síntoma
La especialista también vinculó el fenómeno con una dimensión subjetiva. Para eso, retomó una idea del filósofo Byung Chul Han y su concepto de “La sociedad del cansancio”. Según explicó, ya no se trata solo de agotamiento físico, sino de una presión mental asociada a metas que parecen alejarse.
“Las personas estamos cansadas, pero no es solo un cansancio físico. Es un cansancio mental que aparece cuando sentimos que nunca llegamos a la meta propuesta”, añadió.
Ese cansancio, dijo, ya no proviene solo de una autoridad externa sino que se instala dentro de cada persona. “No siempre hay alguien que nos dice ‘trabajá más’. Muchas veces somos nosotros quienes sentimos que tenemos que producir más o sumar otro trabajo para alcanzar aquello que creemos necesario. Somos nuestros propios explotadores”, lanzó.
El futuro del fenómeno
“Hay una tendencia hacia el bienestar. La humanidad siempre tiende a hacer el esfuerzo para estar mejor. También creo que las modas, cuando tienen características tan nocivas, decantan. Es importante concientizar: hablar del tema y saber que estamos agotados. Ponerlo en palabras ayuda a mirar la situación desde otro lugar y a pensar cómo queremos vivir y trabajar”, cerró.








