Recuerdos fotográficos: “La Constantinopla tucumana”
En este espacio de “Recuerdos” procuramos revivir el pasado por medio de imágenes que se encuentran guardadas en ese tesoro que es el Archivo de LA GACETA. Esperamos que a ustedes, lectores, los haga reencontrarse con aquellos momentos y que puedan retroalimentar con sus propias memorias esta sección que les brindamos día a día.
La imagen de la calle 24 de Septiembre de los años 40 muestra la primera cuadra del ingreso al centro desde El Bajo atiborrada de comercios, detrás del varita que dirige el tránsito. La circulación, como se advierte, tiene un sentido diferente al actual: dirección este-oeste.
Esa primera cuadra de la 24 había sido descripta por el periodista Abelardo Bazzini Barros en una crónica de LA GACETA del 18 de enero de 1925, titulada “Motivos de provincia. La Constantinopla tucumana”. En ella se da cuenta de los cambios que han dado las corrientes inmigratorias al Tucumán “que hasta hace poco parecía durmiendo en una quietud de ensueño tradicional”. En la 24 “hay de todo –dice-. Negocios diversos, mezcla informe. Razas múltiples, idiomas heterogéneos, bullicios raros, unidos a una inquietud, a una lucha titánica por la conquista del pan cotidiano. Fondas, posadas, “hoteles”, casas de comida, heladerías, tiendas, casas de Fígaros, fruterías, negocios diversos y diversidad de tipos”.
Esa cuadra, por donde se accedía al corazón de la ciudad, era el primer acceso de la gente que llegaba desde el interior de la provincia. En la plaza La Madrid se congregaban los coches a caballo para recibir a los viajeros del tren y desde allí partían tranvias hacia el centro. La plaza, además, ya era sitio donde se congregaban vendedores ambulantes.
La foto de los 40 muestra la abigarrada primera cuadra de la 24. Peluquerías enfrentadas, santerías, ferreterías, confiterías, tiendas y bazares se observan en los carteles detrás del agente municipal que guía el tránsito,
Bazzini Barros mencionaba en 1925 la agitación de mercaderes y la oferta de productos en medio de gritos, colorido y algarabía. “Pintoresco rincón, suelo, informe, como deben ser los barrios de Constantinopla. Afuera la luz de los claros días tucumanos muestra en su desnudez cruda el abigarramiento de seres y cosas; adentro, una oscuridad tenue vela las mercancías y los vendedores”. Estos, decía, “cantan y ríen en medio de esa inquietud de hormiguero humano”.
La crónica, desolada descripción de los entonces nuevos tiempos, ha sido rescatada en las “Miradas sobre Tucumán” del Centro Cultural Rougés, de la Fundación Miguel Lillo.






