¿Hasta qué edad conviene manejar? “La mayoría se percibe apto”

Cada vez más tucumanos mayores de 65 renuevan su licencia por necesidad. Controles médicos, cambios físicos y presiones familiares.

“ALGUIEN TIENE QUE HACERLO”. Félix Pérez, instructor de tránsito, dice que no es fácil decirle a alguien que no puede manejar, pero es inevitable. “ALGUIEN TIENE QUE HACERLO”. Félix Pérez, instructor de tránsito, dice que no es fácil decirle a alguien que no puede manejar, pero es inevitable.

A las ocho de la mañana, la fila ya está formada sobre la avenida Avellaneda 663, frente a la Dirección de Tránsito de la Municipalidad de San Miguel de Tucumán. Carpetas, estudios médicos, carnets gastados por los años. No hay apuro, pero sí expectativa. Para muchos, renovar no es un trámite más: es sostener la independencia. “Yo sé que en febrero tengo que venir”, dice Felipe Roberto Budeguer, de 79 años. Aprendió a manejar a los 10, en el campo. “Nunca tuve un accidente. Mientras la salud acompañe, es bueno sentirse activo”.

Cerca suyo espera Raquel Morales, de 82. Maneja desde 1968. Nació en Santa Fe y vive en Tucumán desde el año 2020. “En el INTA donde trabajaba me pedían carnet, entonces tuve que aprender. Hace más de 54 años que manejo”, cuenta. Hoy se turna con su marido, de 85. “Mientras tengamos el auto, vamos a seguir manejando”.

Unos pasos más atrás, Luis Alberto Salvador, de 72, revisa sus papeles. “Siempre pregunto los requisitos antes de venir. Hace 50 años que manejo, mi padre me enseñó”, explica. Usa lentes y se somete a controles oftalmológicos frecuentes. “Los sentidos tienen que estar perfectos. Manejo muy poco porque como vivo en el centro elijo caminar. Yo creo que voy a dejar cuando empiece a tener inseguridades. Sé que ya estoy llegando al límite, pero todavía me gusta y a veces lo necesito para ver a mi hijo y a mi nieto”. Historias como estas se repiten cada mañana y ayudan a entender una realidad que crece.

Más años al volante

En la capital tucumana, el 60% de los trámites corresponde a renovaciones. Dentro de ese total, el 40% pertenece a personas de entre 30 y 65 años, mientras que el resto son adultos mayores, que hoy pueden iniciar el trámite sin turno previo.

A contramano de los prejuicios, desde Seguridad Vial advierten que los siniestros más graves siguen concentrándose en conductores jóvenes de entre 17 y 35 años. Según la ONG Luchemos por la Vida, solo el 18% de las víctimas fatales supera los 60 años. Además, la Agencia Nacional de Seguridad Vial estima que cada año se otorgan más de 700.000 licencias a personas mayores en todo el país. Una parte importante sigue activa al volante, lo que reabre el debate sobre autonomía, riesgo y envejecimiento.

Controles y exámenes

En las oficinas de Tránsito, los mayores tienen un circuito diferenciado. Víctor Villagra, del área de inicio de trámites, explica: “Los mayores de 65 vienen sin turno. Los atendemos a primera hora. Son entre 20 y 30 por día”. Sobre la vigencia del carnet, detalla: “De 66 a 70 años son tres años. De 71 en adelante, un año”. Y agrega: “La mayor queja es que después de los 70 solo se les da por un año”.

El instructor Félix Pérez, con dos décadas de experiencia, señala: “Tenemos controles oftalmológicos, clínicos y psicológicos. Hacemos más de 300 carnets por día, priorizando a profesionales y personas mayores”. Además comenta que según el decreto 196 del año 2025 no rinden exámenes teóricos ni prácticos salvo indicación médica.

Desde el área médica, la oftalmóloga Susana Antoni remarca: “La mayoría se autopercibe muy bien. Todos nos creemos espléndidos hasta que tenemos que aceptar que hay que parar”. Y advierte: “A veces hay que decirles que no pueden manejar. Es feo para ellos y para nosotros, pero alguien lo tiene que hacer”.

La mirada institucional coincide con la de los profesionales de la salud: no se evalúa la edad, sino la aptitud.

El director de Seguridad Vial y Licencias de Conducir de San Miguel de Tucumán, José María Mansilla, explica que el sistema local sigue el formato nacional. “Estoy a cargo del esquema de la Agencia Nacional de Seguridad Vial para la emisión de licencias”, señala. Detalla que el trámite incluye tres etapas: instancia presencial, declaración jurada de salud mediante el FUT y evaluación médica. “El médico verifica los datos y evalúa la orientación temporal y espacial”, explica.

Mansilla reconoce además un cambio en el perfil de los mayores. “Antes decían: ‘Es para llevar a los nietos’. Hoy muchos lo necesitan para trabajar”, afirma. Y agrega: “Eso genera desafíos, sobre todo en licencias profesionales, pero no implica necesariamente más riesgo vial”.

“¿Qué se pierde?”

Para los especialistas, dejar de manejar no es solo una cuestión administrativa. Es una transición emocional. La psicóloga Gabriela Martín, coordinadora de la Comisión de Adultos Mayores del Colegio de Psicólogos, sostiene: “Pensar que una persona no pueda seguir conduciendo abre muchos replanteos. ¿Qué se pierde cuando se pierde?”. En muchos casos, explica, aparece un duelo: negación, tristeza, irritabilidad o aislamiento. “Las imposiciones generan rechazo. La familia que no acompaña puede transformarse en un grupo que excluye”, advierte.

El gerontólogo Luis Francisco Presti coincide en que no hay reglas universales. “No hay un número en el DNI que inhabilite por sí solo. El envejecimiento trae cambios físicos y cognitivos”, señala. Y subraya: “El mayor desafío es acompañar sin aislar”.

Desde la seguridad vial, Claudio Arrasa Saade, presidente de la Fundación Alerta en el Camino, agrega: “El tiempo de reacción y la vista son los principales problemas. Pero la edad tiene un peso mínimo entre los factores de riesgo”.

Recomendaciones de los especialistas

- Evaluarse periódicamente vista, audición y reflejos.

-n Reducir viajes nocturnos, largos o en zonas muy congestionadas.

- Escuchar a médicos y familiares sin vivirlo como un castigo.

- Pensar alternativas antes de dejar de manejar por completo.

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