“Solo con pasión no alcanza”: lo que tres emprendedoras aprendieron construyendo un negocio en Argentina

Resumen para apurados
- Las emprendedoras Milagros Esper, Soledad Bestani y Ana Gallo explicaron en Tucumán por qué la profesionalización es clave para sostener negocios en el contexto actual de Argentina.
- El encuentro analizó la evolución desde ventas por redes hasta liderar equipos grandes, destacando el uso de herramientas financieras y la adaptación tecnológica ante la crisis.
- Las expertas proyectan que la integración de IA y nuevos hábitos de consumo definen el futuro emprendedor, reafirmando que el país es un mercado viable con visión estratégica.
Ropa usada, Excel y confianza en el país: tres caminos distintos, una misma conclusión. Que no alcanza con la idea. Que hay que profesionalizar, adaptarse y tomar decisiones todo el tiempo. Eso es lo que aprendieron Milagros Esper —fundadora de Beauty Tuc—, Soledad Bestani —emprendedora nata detrás de NOA Construye y Elementos— y Ana Gallo —economista, especialista en estética y creadora de MARES SPA— construyendo sus negocios en Argentina.
Una arrancó vendiendo ropa usada en el living a los 16 años, y hoy apunta a construir el "Mercado Libre de la ropa usada". Otra hizo del Excel su mejor aliado para ordenar decisiones. Y una tercera, tras emprender en Brasil y Uruguay, sostiene que hacerlo en Argentina puede ser más viable de lo que se cree. Las tres, se reunieron en un nuevo ciclo de “Encuentros LA GACETA” y conversaron con la periodista Carolina Servetto, en el Summit sobre Mujeres y Liderazgo.
Entre inteligencia artificial, redes sociales y equipos difíciles de consolidar —un problema que, coinciden, se siente con fuerza en Tucumán—, las tres fueron directas: no alcanza con tener una buena idea. Hay que profesionalizar, adaptarse y tomar decisiones constantemente.
"Quiero ser el Mercado Libre de la ropa usada"
Milagros Esper no le esquiva a las definiciones ambiciosas. "Quiero ser el Mercado Libre de la ropa usada", dijo, y en esa frase lo resume todo: visión, escala y una idea de negocio que nació sin ninguna de esas cosas.
Empezó a los 16 en su casa, vendiendo ropa usada por Instagram en plena pandemia. Antes hubo otros intentos —ventas en el colegio, incluso pochoclos— que le enseñaron que no hace falta tener todo resuelto para empezar.
"Uno piensa que necesita recursos, pero lo importante es lo que estás dispuesto a aprender", explicó.
En ese momento, la moda circular todavía generaba resistencia, pero insistió. Mensaje a mensaje, fue armando una propuesta con una lógica simple: que todos ganen. Quien vende, quien compra, el ambiente y quienes trabajan en el proyecto.
El crecimiento fue rápido y exigente. "Pasé de vender sola a liderar un equipo. El emprendimiento te pide una versión tuya que antes no eras", reconoció. El salto llegó con un local de 230 m² en Yerba Buena y la visión cada vez más nítida de escalar.
"Tarde o temprano tenés que agarrar el Excel"
Si Milagros encarna la intuición y el impulso, Soledad Bestani aporta estructura. "Tarde o temprano tenés que agarrar el Excel", lanzó sin vueltas.
Licenciada en Administración y cofundadora de Elementos y NOA Construye, su mirada pone el foco en el orden, algo que muchas veces se posterga. Para ella, emprender no es solo crear, sino sostener una hoja de ruta detallada.
"Si no te apasiona lo que hacés, es difícil sostenerlo. Pero solo con pasión no alcanza", planteó. En su trabajo con empresas, incluso el merchandising se vuelve estrategia. "No se trata de regalar por regalar. Todo tiene que tener un sentido", señaló.
El crecimiento, dice, tarde o temprano te obliga a delegar y puede resultar incómodo al principio. "Cuesta, pero cuando encontrás a la persona adecuada, todo fluye", admitió. Y en el contexto argentino, agrega, la clave está en la adaptación.
"Emprender en Argentina puede ser más viable"
Ana Gallo, desde su experiencia aporta perspectiva. Emprendió en Brasil, pasó por Uruguay y terminó consolidando su proyecto en Tucumán. Con ese recorrido, rompe un preconcepto.
"Emprender en Argentina puede ser más viable que hacerlo en otros países", sostuvo.
El camino no fue lineal. En Brasil, ser argentina fue una barrera. Uruguay resultó más amigable pero volver a Tucumán fue, según dice, donde pudo consolidar su proyecto. Hoy su lectura está atravesada por el cambio de consumo, en especial en el mundo de la estética."El cliente se depuró. El que busca lujo lo sigue haciendo, pero aparece otro que prioriza bienestar, salud y longevidad", observó. A eso se suma el desafío de crear equipos competitivos y comprometidos. "Hubo muchos 'no' hasta lograr un grupo que apoye mi visión", contó.
Tecnología, redes y adaptación
Durante la conversación, las tres experiencias coincidieron en un punto común: la tecnología ya no es complemento y se vuelve un factor que exige dedicación. Las redes sociales son el principal canal de venta, pero demandan presencia constante. Además, la inteligencia artificial empieza a integrarse en procesos, decisiones y servicios. "El consumidor cambió y nosotros también tenemos que cambiar", sintetizó Milagros.
Hacia el cierre del panel, las chicas no hablaron de fórmulas, sino de procesos. Animarse sin esperar el escenario ideal. Pedir ayuda, rodearse y entender que el error no es excepción, sino parte de un largo recorrido. "Que se animen", dijo Soledad. "Que disfruten el proceso e insistan", sumó Milagros. "Y que confíen en el país", cerró Ana. Porque incluso en la incertidumbre, emprender en Argentina —coinciden— puede ser más posible de lo que parece.









