
El secuestro de 260 kilogramos de cocaína este fin de semana en Tucumán ha generado inquietud por el incremento notorio de las acciones de los narcotraficantes en nuestra provincia. Se trata del mayor decomiso en lo que va del año y si bien las autoridades han destacado la efectividad de los controles y de su capacidad de reacción, también ha quedado en evidencia que se trata de un fenómeno complejo, que excede todo lo que se ha podido prever y que exige una tarea conjunta de las autoridades del NOA y de la Nación, la cual aún no tiene visos de concretarse.
El caso que nos ocupa ha tenido, por un lado, aspectos llamativos que indican que los traficantes de droga están aguzando el ingenio para transportar los estupefacientes frente a los esfuerzos de los funcionarios por blindar la frontera del país, y a los controles internos que, según se informa, se están produciendo en los límites de Tucumán con Salta y con Santiago del Estero. Así se ha visto que una pareja de ciudadanos oriundos de Bolivia -la acompañante del conductor es una mujer con seis meses de embarazo- llevaban en el vehículo 240 kilos de cocaína en ladrillos guardados en bolsas de arpillera como si fueran verduras y al tratar de eludir el control huyeron por los caminos de tierra de la zona de Chuscha para terminar chocando contra un árbol. Algo parecido había ocurrido hace una semana con los ocupantes de una camioneta que trataron de huir por las sendas de Chuscha.
Estas modalidades han sido vinculadas con la percepción de que se trata de traficantes que trasladaron a Tucumán estupefacientes que habían sido llevados por avión al sur de Salta. Nuestra provincia se estaría convirtiendo en una zona de acopio o lugar de escala, para llevarlos en otro momento desde acá a otras provincias. Así lo dio a entender el fiscal federal de Salta, Ricardo Toranzos.
Estas presunciones se corroboran con el hecho de que ha disminuido el decomiso de cocaína en la zona norte del NOA pero ha aumentado en nuestra provincia. ¿Por qué se la descubre en Tucumán? Las autoridades dicen que tiene que ver la insistencia en llevar a cabo operativos que permiten hallar los cargamentos ilegales, pero también hay factores que inciden. El principal es, según el gobernador tucumano, la falta de radares que hace que no se puedan detectar los aviones de los narcotraficantes. También se ha señalado que hay relajación de controles, que se ha podido advertir en la cantidad de procesos contra algunos gendarmes acusados de sobornos por transporte y hasta por robo de drogas.
Todas estas circunstancias muestran una situación compleja que crece sin que se le haya podido poner freno excepto medidas coyunturales. Estas permiten éxitos esporádicos sin que se pueda tener idea cabal de cuánta droga circula. Pero esa droga no detectada es la que se ve que llega hasta los pueblos más pequeños y genera comercio ilegal y muchas víctimas de adicciones. Corresponde que se profundice el estudio del problema, se aúnen esfuerzos y se incrementen las medidas preventivas.







