Un rincón teñido de rojo: así es el "valle marciano" escondido en la Argentina

A unos 3.770 metros de altura se enquista un valle encantado: suelos rojos que inundan la vista y formaciones de piedra que quitan el aliento.

El Valle de Luna Roja es un rincón destacado del norte argentino. El Valle de Luna Roja es un rincón destacado del norte argentino. (Imagen web)
Por Luisina Acosta Hace 1 Hs

Resumen para apurados

  • Jujuy alberga el Valle de la Luna Roja, un paraje natural en Cusi Cusi que evoca el suelo de Marte. Su formación geológica de arcilla roja se sitúa a 3.770 metros de altura.
  • La erosión milenaria del viento y la lluvia en una zona de extrema aridez esculpió torres y cañones. El sitio se ubica cerca de la Ruta 40, entre los ríos Granadas y Tiomayo.
  • Este destino se posiciona como un hito del turismo geológico en el NOA. Su pureza visual y mineral ofrece un santuario místico con gran potencial para la promoción de la región.
Resumen generado con IA

El rojo contrasta con el azul y la piedra roja abre paso a la luz que entra por el valle infinito. El sol es de un rojo fuego que evoca las tierras de Marte, verdadero objetivo de las ambiciones de la astronomía. Allí donde nada parece de este mundo se levantan torres de piedra roja y los cañones infinitos que caracterizan al Valle de la Luna Roja. Un rincón de la Argentina que por mucho tiempo fue la guarda de oficios místicos y de lo sagrado alejado de los bulliciosos del mundo.

Ubicado en el corazón del altiplano jujeño, a unos 3.770 metros sobre el nivel del mar, este escenario —también conocido como el Valle de Marte— se despliega en el paraje Matancillas, muy cerca de la localidad de Cusi Cusi. Es allí donde la geología se vuelve poesía: una amplia hoyada labrada por milenios sobre arcillas, custodiada por riscos de origen volcánico que alcanzan los 800 metros de altura, formando una fortaleza natural de escoria y lava gris.

Una paleta de colores forjada por el tiempo

La extrema aridez de la zona, perteneciente a la "Puna sub-húmeda", permitió que el viento y las escasas lluvias torrenciales esculpan la tierra sin resistencia. Al no haber raíces que sostengan el suelo, la erosión diseñó domos, quebradas y columnas. En este desierto silencioso, la paleta de colores estalla en una transición hipnótica: desde los verdes y grises pálidos, pasando por el rosa y el naranja, hasta fundirse en un rojo carmesí profundo.

Este fenómeno cromático no es azaroso; responde a la rica composición mineral de las vetas erosionadas que, ante la pureza de la luz solar y la bajísima humedad del ambiente, exhiben su coloración más vívida. Es un espectáculo que se potencia por su cercanía a la mítica Ruta Nacional 40, convirtiéndose en una parada obligatoria para quienes buscan lo sublime en el noroeste argentino.

El silencio de las alturas

Caminar por el interfluvio de los ríos Granadas y Tiomayo es entregarse a la soledad del paisaje. Con temperaturas medias que rondan los 7°C y un aire límpido, el Valle de la Luna de Jujuy no solo es un hito geográfico en el departamento de Rinconada, sino un santuario donde la naturaleza habla a través del silencio y el color. Custodiado por el interfluvio de los ríos Granadas y Tiomayo, la soledad del paisaje hacen este paisaje aún más místico. 

Comentarios