La pesadilla de las plagas en los campos de desplazados en Gaza

Ratas, pulgas, parásitos se ensañan con los refugiados, que viven sin agua ni sanitarios.

PRECARIEDAD. Cerca de 1,7 millones de palestinos aún viven en carpas. PRECARIEDAD. Cerca de 1,7 millones de palestinos aún viven en carpas.
Hace 4 Hs

JAN YUNIS, Territorios Palestinos.- Meses después del alto el fuego en Gaza, Mohamed al Raqab sigue sin poder dormir. Ya no son las bombas las que lo mantienen en vela, sino las ratas, pulgas y otros parásitos que proliferan en su campamento.

“He sufrido mucho por culpa de las comadrejas y los ratones. A mis hijos les han mordido. A uno de ellos, incluso, le mordieron la nariz”, cuenta este peón de la construcción de 32 años. “No puedo dormir porque tengo que velar constantemente por mis hijos”, afirma desde su tienda de campaña en Jan Yunis, en el sur de la Franja.

A pesar del frágil alto el fuego de octubre de 2025 tras dos años de guerra, una gran mayoría de gazatíes viven todavía hacinados en campos de desplazados sin agua ni sanitarios suficientes. Sus habitantes denuncian una invasión de plagas que son una amenaza creciente para la salud pública, especialmente ahora que aumentan las temperaturas, según la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA) de la ONU tras varias visitas a la zona. En los campamentos a orillas del mar, los roedores cavan túneles en la arena y se cuelan en las tiendas, cocinas y despensas precarias.

Desplazamiento

La represalia de Israel, iniciada tras el ataque del movimiento islamista palestino Hamas contra ese país en octubre de 2023, provocó el desplazamiento de casi toda la población de Gaza. Según Naciones Unidas, 1,7 del total de 2 millones de habitantes del territorio viven todavía en campos, sin posibilidad de volver a sus hogares, o en zonas que permanecen bajo control de las tropas israelíes.

Hani al Flait, jefe del servicio de pediatría del hospital Al Aqsa del centro de Gaza, enfrenta a diario casos de infecciones cutáneas, en particular de sarna. “Estos niños y sus familias viven en condiciones deplorables, sin instalaciones sanitarias básicas ni acceso al agua potable”, explica. “A esto se suma la escasez de tratamientos adecuados”.

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