
Carlos Duguech
Analista internacional
Cuando el 28 de febrero, transgrediendo el plazo que él mismo había establecido durante los encuentros en Ginebra entre dirigentes de EE.UU. y de Irán (para accionar bélicamente en caso de incumplimiento de la República Islámica de Irán a sus exigencias que vencía 24 horas después), el señor Trump adelanta su mensaje de muerte y destrucción en contra de los iraníes. Niñas de una escuela, alrededor de 150, las primeras víctimas mortales. ¿Cómo calificar de modo que no “moleste” a quienes -desde oportunistas sectores- aprueban esa acción contra el “régimen oprobioso de los ayatolas”? No era el régimen de las niñas ya muertas.
Esa acción guerrera -una píldora, apenas, en la adecuada prescripción de alta medicina política- se muestra al mundo como muestra de lo que vendría en caso de resistencia armada. Y hubo, nomás, una intensa y sorprendente resistencia armada de los ayatolas, asesinado que fuera por los bombardeos de EE.UU. el más encumbrado de ellos, Alí Jamenei.
En esta ecuación el álgebra, ese universo que tanto interesaba a Borges, describe, y contradictoriamente, la irracionalidad del comportamiento trumpeano. Cierto es que este previsible comportamiento del imprevisible presidente estadounidense no hace más que dar pábulo a la que se asume, como coincidencia universal: las preocupantes condiciones psíquicas (lo expresan ya algunos especialistas que se atreven) del supermillonario devenido por segunda vez en presidente.
Recordamos: sólo citar algunos temas para instalar esas páginas fantasiosas y ocurrentes (las de un perturbado de mesianismo operante): Canadá, Groenlandia, el látigo de cuerdas bravas de los aranceles, a diestra y siniestra y el desprecio insolente hacia el derecho internacional y a las regulaciones diplomáticas entre naciones. Y a la propia Naciones Unidas que, concedemos, tiene flancos fácilmente cuestionables (por cualquiera). Pero necesaria. Y perfectible, lo más prontamente posible.
La persistente critica a los procederes e ideas “universales” del presidente estadounidense no halla sustento sino en sus conductas públicas. Como aquella que derivó en el fin de su primer mandato, por el asalto al Capitolio (06/01/2021) de las huestes inducidas directamente por este saliente mandatario. Los cinco muertos y los destrozos en la sede de Washington, su obra. Son hechos criminales en los que Trump es, sin dudas, partícipe intelectual necesario. Él, desesperado por no lograr la reelección ante la evidencia del triunfo electoral de John Biden, insta a sus seguidores, agolpados frente a la Casa Blanca, a marchar hacia el Capitolio para impedir la consagración de su oponente. Y así fue. Marcharon, llegaron y arremetieron con todo en los edificios del Capitolio donde se estaban corroborando los resultados electorales. Ese “Día de Reyes” fue espantoso por las muertes (cinco) y destrozos por la turba. Para un juicio penal Trump sería, repetimos, el autor intelectual necesario. Esto sólo como “muestra gratis”, para preparar el contexto en el que se desenvuelven, si bien caóticamente, la personalidad y las decisiones de Trump. El “dueño” de las decisiones, todas ellas, de la Casa Blanca. Hasta de las más notoriamente irracionales.
Cero confianzas
Si algún ingrediente fuera menester para aclarar el porqué de las fracasadas negociaciones encaradas por Pakistán, abortadas ab initio en Islamabad, era el “Manual Trump: a todo o nada”. Y se sabe, desde el inicio de este segundo mandato presidencial, cómo piensa y vuelve a pensar; cómo decide y vuelve a decidir; cómo amenaza y vuelve a amenazar. Los negociadores iraníes manifestaron, entonces, lo excesivo y hasta irracional de los requerimientos estadounidenses. Claro, siempre con “el dedo en el gatillo” ese malísimo telón de fondo de una reunión con todas las luces en la capital paquistaní revestido de las apariencias de una cumbre internacional nada menos que con el vicepresidente de EE.UU., J.D. Vance, y dos enviados especiales, entre ellos el yerno de Trump, Jared Kushner y el presidente del parlamento iraní Mohammed Baqer Qalibaf. Sumaba su presencia el primer ministro pakistaní Shehbaz Sharif. Vale señalar que el régimen iraní planteó que se incluyera al Líbano en el “alto el fuego íntegro”. Vana propuesta.
Se sabe que el hueso del asunto EE.UU.-Irán era la exigencia relativa al tema nuclear. EE.UU., según Irán, ofrece “nada, por mucho”. Negociar en esas condiciones es harto difícil, obviamente. Pende sobre el menos poderoso la totalidad del poder bélico estadounidense. Va de suyo, no era posible pretender un acuerdo “interpares” entre quienes no lo son.
Cómo no disculparse ante el planeta todo por aquella ignominiosa proclama guerrera: “Liquidar a la civilización iraní”. Semejante amenaza apocalíptica encierra el peor de los complejos de Trump: el de Hubris. Un narcicismo denso, extremo, que lo desconecta de la realidad. Y este hombre es dueño -nada menos- que del botón nuclear de EE.UU. Al paso que va, el año 2026 le verá fuera del poder, muy probablemente.
Malvinas
Buena noticia, aunque no tan apreciable en el mundo top de la política internacional. Sólo del “Sur”, dirán muchos del hemisferio Norte. Los 24 países del Atlántico Sur y América Latina se pronunciaron a favor de Argentina en su planteo de soberanía sobre Malvinas y la región circundante en el marco de la VIII Cumbre de la Celac (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños) del 1° de marzo último.
Por otra parte, sin los “No alineados”, y sin perjuicio de ratificar la vigencia del principio de autodeterminación como principio general para otros territorios, en el caso especial y particular de las Islas Malvinas apoyan firmemente el justo reclamo de la República Argentina e instan al Reino Unido a proseguir activamente las negociaciones encomendadas por las Naciones Unidas con el fin de devolver dicho territorio a la soberanía argentina y de ese modo, terminar con esa situación ilegal que aún persiste en la parte sur del Continente americano.
País equivocado (¿Nuestro país?).
a) Uno de los únicos tres países en la ONU (con EE.UU. e Israel) el 25 de marzo en la Asamblea General sobre la esclavitud transatlántica como crimen de lesa humanidad, votó en contra.
b) Votó en contra de la solución de los dos estados (Israel y Palestina).
c) Resolución en contra del fin del embargo a Cuba.
d) Único país del mundo, sí, el único, en oponerse a la resolución para prevenir y condenar la violencia contra las mujeres y niñas, aprobada por 170 países.
Un cierre indigno para una tradicional posición argentina en el marco del derecho internacional. Y peligroso. No olvidar que a la hora de necesitar votos por Malvinas en la Asamblea General de ONU perderemos algunos por estos comportamientos irracionales y contradictorios con la buena tradición argentina.









