Guerra en Medio Oriente: la vida entre escasez, miedo y protestas

A los iraníes, los bombardeos estadounidenses e israelíes les cambiaron la manera de transitar, de trabajar y hasta de hacer las compras. Todos tratan de retomar un atisbo de normalidad.

RUINA. El centro de Teherán muestra las cicatrices que dejan los bombardeos israelíes y estadounidenses desde hace una semana. RUINA. El centro de Teherán muestra las cicatrices que dejan los bombardeos israelíes y estadounidenses desde hace una semana.
Hace 5 Hs

PARIS, Francia.- Desde Kurdistán, en el oeste de Irán, hasta las orillas del Golfo y en Teherán, reporteros hablaron con iraníes durante toda la semana para dibujar el panorama de sus vidas bajo los bombardeos diarios de Estados Unidos e Israel.

Muchos relatan un país donde la guerra está en todas partes y expresan angustia, frustración por la subida de precios, ira por los cortes de internet y, en el caso de los opositores al gobierno, miedo a la represión.

Este es el testimonio de personas contactadas por la agencia francesa AFP por teléfono, redes sociales o a su llegada a las fronteras con Armenia, Turquía y Afganistán. Algunos prefirieron mantener el anonimato.

El horror y el espectáculo

Reza, 36 años, gerente de un café en Bukan, al noroeste del país, en el Kurdistán iraní, cuenta: “Dirijo un café en pleno centro de la ciudad. Estas dos últimas noches, el horror tocó a nuestra puerta”. El edificio de la prefectura y la base del Cuerpo de Guardianes de la Revolución, a 200 metros de su café, fueron completamente pulverizados por ataques israelíes-estadounidenses. Hoy, las calles están llenas de escombros de cohetes y restos de edificios destruidos, relata. Sin embargo, contra todo pronóstico, la gente sigue yendo al café.

“Insisten en sentarse en la terraza para ver los bombardeos, como si fuera un espectáculo -dice, sorprendido- .Tal vez sea porque en esta región estamos acostumbrados a la guerra desde la infancia. Las bombas ya no parecen suficientes para romper nuestra rutina”.

En período de Ramadán, la gente suele pasar las noches en el café o paseando por la ciudad. Y como el Año Nuevo iraní (Nowruz) se acerca en dos semanas, la ciudad está en efervescencia. A pesar del caos, las tiendas no cierran. El verdadero problema es el dinero. Los bancos ya no distribuyen efectivo y muchas tarjetas bancarias están bloqueadas. “Así que tomé una decisión simple: para quienes no pueden pagar su café, se lo ofrezco gratis. En estos momentos la solidaridad es lo único que la guerra no puede destruir”, afirma Reza.

“Caían misiles”

Mustafa, un pescador de 27 años, de Bandar Abás, en el sur de Irán, se tuvo que ir porque cerca del puerto “la situación no era buena... caían misiles”.

Mohammad, de 38 años, empleado en una granja avícola, cuenta: “El precio de un bidón de aceite pasó de 400.000 tomanes (1,56 dólares) a 2,2 millones de tomanes (8,25 dólares)”.

En suspenso

Una profesora de 26 años, que vive en Teherán, refiere que, en la ciudad, la vida está como en suspenso: “Para personas como yo, la vida se detuvo. Casi todo el tiempo estamos viendo las noticias...muy estresados”.

“Hemos intentado preparar reservas de agua, comida y una bolsa de emergencia -explica-. Cuando escuchas las bombas, no tienes idea de dónde van a caer. No creo que nadie tenga la capacidad mental o física para soportar la guerra por mucho tiempo”.

El grupo más vulnerable son los niños. “Tienen miedo. Los más pequeños no quieren separarse de sus padres. No podemos entretenerlos en casa porque no hay internet, así que no pueden jugar en línea ni ver televisión”.

Mahmed, un traductor de 34 años, que también vive en Teherán, refirió que hay espías y el gobierno iraní trata de identificarlos. “Como la situación es tensa, no salgo mucho. Hay dos grupos: los que apoyan al gobierno y los que se oponen. Ahora, las calles han estado llenas de gente de luto tras el asesinato del ayatollah Alí Jamenei”.

Robert, de 60 años y empresario, dice: “Teherán se vació, muchos se fueron. Se oyen explosiones. Hay puntos de control en la ciudad para evitar saqueos y mantener el control. Las fuerzas de seguridad están presentes con armas y equipo especial.”.

“Antes pensábamos que si estallaba una guerra, (en Teherán) se cortaría la electricidad y, por efecto dominó, el agua y el gas. Pero la república islámica demostró que es enemiga del pueblo: nada se cortó, salvo internet”, afirma Amir, de 40 años.

Sin internet no pueden acceder a las noticias, las alertas de evacuación ni a lo que pasa con sus seres queridos.

Del festejo al temor

En Shiraz, al sur de Irán, un comerciante se siente confíado. “Estamos a salvo por ahora. Parece que solo atacan bases militares. Se oyen los ataques y decimos en voz alta: ‘bien hecho’”.

Cuenta que, después de la muerte de Jamenei, la gente celebró. La noche siguiente, partidarios del gobierno comenzaron a desfilar en coche por las calles, ondeando la bandera de la república islámica y banderas negras. “Los partidarios son pocos. En su mayoría familias de los Guardianes de la Revolución o vinculadas al régimen”, pero suficientes como para intimidar al resto.

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