En una entrevista con una youtuber, en 2016, el entonces presidente de Estados Unidos, Barack Obama, mostró tres cosas que llevaba en los bolsillos de su traje azul: un rosario que le había obsequiado el papa Francisco; un pequeño Buda que le había dado un monje budista; y una ficha de póker que le había regalado un motociclista calvo. “Soy un gran jugador de póker”, se había autodefinido alguna vez el líder norteamericano, curtido en los naipes de picas y corazones desde su infancia.
Quizás en su Trancas natal el gobernador Osvaldo Jaldo haya estado más cerca de las cartas españolas, del chinchón y del truco. Pero hay algo en su forma de hacer política que remite de manera directa a una estrategia del póker: siempre juega all in.
Así se denomina la táctica de apostar todas las fichas -sean pocas, sean muchas- en una única mano. Y su impacto siempre es notorio.
Porque el rival puede asumir su debilidad, declinar la invitación y buscar mejor suerte en la próxima ronda.
Pero, en caso de aceptar, se produce un punto de no retorno en la partida.
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Se cumplirán pronto cinco años de un icónico all in del tranqueño.
El 8 de marzo de 2021, con Juan Manzur cursando su segundo mandato como gobernador, Jaldo sacudió la escena política de Tucumán desde la presidencia de la Legislatura.
Mientras el hoy senador impulsaba la continuidad de Fernando Said Juri Debo en la Defensoría del Pueblo, el entonces vicegobernador agrupó sus cartas en el recinto e impuso a un legislador de su espacio, Eduardo “Lalo” Cobos, como nuevo ombudsman. Y el PJ quedó partido en dos.
El recuerdo de aquella jornada se reavivó esta semana, dado que pronto se abrirán las inscripciones para la elección del defensor del Pueblo, un cargo que tiene una duración de cinco años y que permite una única reelección.
Cobos tiene la intención de presentarse otra vez y darle continuidad a la tarea de su equipo, aunque la decisión final depende de lo que se vote en la Legislatura que conduce el vicegobernador Miguel Acevedo. Eso sí: más allá de las tensiones subterráneas en el peronismo, parece poco probable que la próxima gestión de las oficinas de Balcarce 64 se defina sin el visto bueno del jefe del Poder Ejecutivo.
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Meses más tarde de la designación del ombudsman, la interna se trasladó a las urnas en las nacionales de 2021. Y otra vez Jaldo mantuvo su plan: fue a todo o nada.
Con un puñado de legisladores y un par de intendentes, conformó una lista que compitió en las PASO ante el armado oficial de Manzur.
Fueron los momentos más belicosos entre los “compañeros”, con fuertes declaraciones e incluso agravios que resonaron desde los escenarios.
El peronismo se quedó con 485.000 votos en la provincia, casi el 50% del total. La estructura de la Casa de Gobierno aportó seis de cada 10 sufragios, y se llevó la mayoría de los lugares en disputa.
Pero los más de 192.000 votos que reunió Jaldo le dieron vida cuando estaba en juego nada más ni nada menos que la sucesión.
Cosas del destino, el azar le sonrió luego al contador. Poco después de las PASO, Manzur fue convocado a la Jefatura de Gabinete de la Nación, el PJ bajó las armas y Jaldo se sentó en el sillón de Lucas Córdoba como gobernador interino.
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Desde 2023, ya como gobernador electo, Jaldo volvió a proponer un all in siempre que la jugada lo requirió.
“Cantó falta envido con un 4 de basto, cómo no lo va a hacer con 33 de mano”, graficó un colaborador suyo que estuvo cerca desde la cruenta interna con el manzurismo.
Picó en punta entre sus pares respecto a la relación de diálogo con la administración del presidente Javier Milei, incluso cuando el peronismo se plantaba con dureza ante las medidas de ajuste del líder de La Libertad Avanza.
El armado de la lista oficial de 2023, con el antimileísmo adentro, fue otra apuesta fuerte: volvió a subir al senador Manzur al escenario para lograr la unidad y sumó como aliado al ex intendente Germán Alfaro, una figura resistida dentro del PJ.
Volvió a sacudir la mesa la semana pasada, cuando removió la conducción de la Caja Popular de Ahorros (CPA) ligada al gremio bancario.
Es cierto que la decisión todavía no tuvo impacto institucional.
De hecho, el legislador Hugo Ledesma, del espacio del diputado Carlos Cisneros, acompañó en la última sesión con su presencia y con su voto los dos DNU que había enviado Jaldo a la Legislatura.
Pero tras la designación del nuevo interventor Guillermo Norry al frente de la CPA había más de un jaldista averiguando cómo estaban las relaciones entre ciertos sectores del peronismo que, si bien no discuten la conducción a Jaldo, tampoco son contabilizados como propios por el tranqueño.
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Enero pasó con una mano desfavorable para la Casa de Gobierno. Pero pudo haber sido peor.
Las tormentas de verano causaron daños que demandaron la atención inmediata de las áreas sociales y técnicas del Poder Ejecutivo.
Aunque en el oficialismo poner en valor la gestión ante la crisis, la situación abrió el flanco a las críticas de la oposición. Tanto La Libertad Avanza como un sector del radicalismo de la Legislatura pusieron la lupa sobre la histórica necesidad de obras que resuelvan el problema de las lluvias en Tucumán.
Todavía no hay estimaciones sobre las pérdidas totales, pero se habla de una inversión de al menos $4.000 millones sólo para la reparación de rutas y caminos, entre otras tareas de infraestructura.
La cuestión es que, con la caída de los envíos federales por recursos coparticipables, cualquier gasto extraordinario representa una preocupación para las finanzas de la Provincia.
Por eso, las negociaciones con la Nación están entre las prioridades del mandatario.
La Casa Rosada venía planteando un esquema en el que los gobernadores jueguen al solitario en las charlas con el ministro del Interior, Diego Santilli, en la previa al tratamiento de la reforma laboral que promueve el Presidente ante el Congreso.
Pero Jaldo se organizó con dos colegas dialoguistas, Gustavo Sáenz (Salta) y Raúl Jalil (Catamarca), y planteó una partida de a tres ante Santilli. “Nuestra voluntad, decisión y predisposición es seguir ayudando a la Nación. Ahora, el Gobierno nacional también tiene que empezar a cumplir con las provincias, porque nosotros ya no tenemos margen”, afirmó el tucumano tras la reunión en Buenos Aires.
En 25 de Mayo y San Martín anticipan que la semana próxima podría haber nuevas charlas con funcionarios nacionales por la deuda que reclama la Provincia.
Es una de las cartas clave que tiene Jaldo para hacer frente a un 2026 de escasez en lo financiero.
El año pasado recurrió a una jugada de una única vez y accedió a un crédito con la banca privada, a través del Banco Macro. Con los $80.000 millones obtenidos (con un plazo total de 36 meses contados a partir de cada desembolso, y nueve meses de gracia), el Poder Ejecutivo pudo sostener la ejecución de obras públicas (como el Procrear II, la ruta 307 y la presa N° 3 del dique de El Cadillal) y la compra de insumos para seguridad (chalecos, armas y vehículos para la Policía, obras adicionales en la cárcel de Benjamín Paz), todos ítems previstos en el contrato rubricado con la entidad financiera.
A este crédito se añade la deuda heredada de la gestión manzurista a través del Fondo Fiduciario para el Desarrollo Provincial. Si bien se logró recientemente una nueva reestructuración de los compromisos -del orden de los $60.000 millones- a través del Banco Nación, no hay demasiado margen a futuro para volver a recurrir a estas herramientas.
Por eso, la tarea encomendada al ministro de Economía, Daniel Abad, de gestionar el recupero de los saldos favorables de la Provincia ante la Nación resulta esencial para el devenir de las cuentas públicas. A finales del año pasado, el funcionario pasó ministerio por ministerio haciendo para hacer un balance global. Según se anunció, en esta instancia se apunta a obtener unos $95.000 millones. Aunque el monto final sería bastante más elevado, teniendo en cuenta que sólo en certificados de obra pública el Gobierno de Tucumán se hizo cargo de unos $60.000 millones, y a eso se tiene que agregar la atención de afiliados del PAMI en centros públicos, la custodia de presos federales y otros ítems.
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Febrero estará signado por el debate de la reforma laboral. Y Jaldo tiene cartas propias en Diputados y en el Senado.
Aunque se sostiene el diálogo con la Nación, el jaldismo endureció el discurso hacia la gestión libertaria, una postura que quedó plasmada en la última sesión de la Legislatura. En alguna medida, fue una devolución de gentilezas por las críticas de los referentes locales del partido de Milei. Pero también como parte del juego de la política, donde los gestos son tan importantes como en el póker.
El interrogante está en cómo será la próxima mano que le tocará al tranqueño. Si la Rosada lo sostiene como uno de los aliados predilectos, la apuesta habrá dado resultado. Y eso podría verse reflejado en el discurso de apertura de sesiones de la Legislatura, el próximo 1 de marzo, un mensaje en el que los gobernadores, además de exponer sus balances, suelen anunciar las medidas de alto impacto para lo que viene. La cuestión pasa por un escenario en cual la gestión libertaria envíe cartas de escaso valor a Tucumán. Sea como sea, Jaldo seguramente estará dispuesto a poner sobre el paño todas sus fichas.








