
El Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec) dio a conocer días atrás que la inflación cerró 2025 en 31,5%, el valor más bajo desde 2017. Este dato confirma el proceso de desinflación iniciado por la administración de Javier Milei luego de un período de fuertes desequilibrios macroeconómicos, aunque los últimos meses del año dejaron en evidencia mayores dificultades para profundizar la desaceleración de los precios.
En ese tramo final, el arrastre mensual resultó más elevado y los indicadores comenzaron a mostrar una moderación más lenta. En ese sentido, existe consenso entre los economistas en que reducir una inflación de tres dígitos suele ser más rápido que avanzar hacia tasas mensuales por debajo del 1% o 2%, aun luego de la implementación de un plan de estabilización. Los registros recientes confirman la persistencia de la inercia inflacionaria.
De cara a este año, distintos factores volverán a presionar sobre los precios. Entre ellos, se destaca la actualización de tarifas de servicios públicos, postergada durante el ciclo electoral, y una nueva reducción de subsidios contemplada en el Presupuesto 2026. A esto se suma una mayor puja salarial, con paritarias que buscarán recomponerse por encima del 2% mensual.
Desde enero también entrará en vigencia una modificación en la ponderación de la canasta del Índice de Precios al Consumidor (IPC), que incorporará datos de la Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares (ENGHo) 2017/2018. El cambio elevará el peso relativo de los servicios públicos y privados dentro del índice, consignó Infobae.
En ese contexto, persiste una marcada diferencia entre la evolución de los precios de bienes y servicios, con variaciones anuales de 26% y 43%, respectivamente. No obstante, la inflación calculada con la nueva metodología que aplicará el Indec arrojó un 32,2% para todo 2025, apenas 0,7 puntos porcentuales por encima del registro oficial medido con la metodología anterior.
La mirada de los especialistas
El economista jefe de FIEL, Juan Luis Bour, advirtió sobre los tiempos necesarios para consolidar el proceso. En la última Revista Indicadores de Coyuntura de la fundación, señaló: “La experiencia indica que el control de la inflación en forma estable –es decir, por un período más o menos largo– suele tomar varios años cuando se parte de grandes desequilibrios. En efecto, las expectativas de una rápida convergencia a una tasa de inflación de un dígito anual deberán esperar más tiempo de lo que sugieren las autoridades políticas y económicas”.
Detalló que entre los factores que explican esa dinámica se encuentran “un proceso gradual de ajuste de tarifas públicas que puede extenderse en el tiempo, la necesidad de recomponer reservas que agrega demanda de divisas durante los próximos años, los cambios tributarios que implican tanto bajas de impuestos como aumentos de otros tributos y reducción de la informalidad”. A ello sumó “la eventual recomposición de salarios privados formales y salarios públicos que acompañará la recuperación sostenida de la economía desde 2026, y la inercia de los servicios en los procesos de desinflación cuando no hay margen para usar anclas nominales”.
En la misma línea, los analistas de LCG coincidieron en que “es más fácil bajar la inflación de niveles muy altos, que lograr valores realmente bajos porque los elementos inerciales suelen ser difíciles de romper”. Si bien proyectan que el proceso continúe el próximo año, advirtieron que el avance será más complejo: “No hay nada que impida que la inflación siga bajando durante 2026 -mantenemos una estimación de 25% para diciembre- pero le va a costar más”.
Según LCG, para romper con la inercia aún faltan dos elementos clave: “1) orientación de expectativas (por ejemplo, mediante un programa monetario que alumbre con algún porcentaje de nominalidad para los próximos meses, dado que hoy sólo tenemos un marco cambiario) y 2) acudir al botiquín de remedios ‘heterodoxos’ como complemento (no como sustituto) de las medidas ‘ortodoxas’ (en esencia, equilibrio fiscal)”.
Un informe de Fundación Capital también alertó que dos de las anclas inflacionarias utilizadas por el equipo económico durante 2025 serán más difusas el año próximo: el tipo de cambio y los salarios.
Desde la entidad que preside el ex presidente del Banco Central, Martín Redrado, señalaron: “En cuanto a la política cambiaria, las autoridades deberán encontrar el equilibrio entre objetivos múltiples: desinflación y acumulación de reservas internacionales. En este sentido, será muy relevante no reincidir en la utilización del tipo de cambio como ancla inflacionaria, relegando nuevamente las compras de divisas”.
El documento agregó que “el ancla de ingresos también se prevé más laxa hacia delante”. Según detallaron, las negociaciones paritarias comenzaron a reflejar un IPC sostenido por encima del 2% mensual en el último tramo de 2025. “Si bien en promedio los gremios continuaron evidenciando una pérdida real de poder de compra, el 70% de los convenios que monitoreamos concluyeron el cuarto trimestre con aumentos superiores al 2% mensual (2,3% en promedio), mientras que sólo el 25% lo había logrado en el tercer trimestre”, precisaron.










