Ghost in the shell - Cyberpunk Escarlata

06 Abr 2017
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La mutación de las adaptaciones de cómics a películas


Mangas Cyberpunk

La moda cyberpunk de los ochenta supuso esa oportunidad creativa que muchos artistas buscaban en Japón. Los lugares comunes del género eran oportunidades para retratar ciudades futuristas impactantes, experimentar con híbridos entre humanos y máquinas, inteligencias artificiales y por supuesto, muchas secuencias de acción como parecía exigir el cyberpunk gracias a Neuromante de William Gibson. Así pululaban tópicos como los ciborgs que buscaban su humanidad (Alita), las grandes ciudades futuristas dominadas por las megacorporaciones  (Bubblegum Crisis), las fuerzas especiales como protagonistas (Silent Möbius) y por supuesto, las inteligencias artificiales que ponen en jaque al status quo (Ghost in the Shell)

Ghost in the Shell – El manga


Uno de los mangakas más interesantes de aquel tiempo fue Masamune Shirow, quien logró encontrar una voz muy personal incluso siguiendo las fórmulas narrativas de moda. Le interesaba profundizar filosóficamente en las inquietudes tecnológicas que habían planteado autores como William Gibson o Neal Stephenson. A diferencia de ellos, Shirow le daba mucho peso a la acción, las persecuciones y las peleas entre los agentes de la sección 9 y todo tipo de máquinas. Sus historias entretenían mucho además de ahondar en cómo aquella desnaturalización ligada a la tecnología afectaba el alma humana. Así, exploró el tema con historias de supervivencia y acción, Appleseed, el humor negro, Dominion Tank Police y el thriller de ciencia ficción dura, Ghost in the Shell.
Lo interesante es que a pesar de que eran entornos urbanos muy opresivos y duros, sus personajes se habían adaptado a ellos. Encontraban la forma de relajarse e incluso divertirse. Gracias a esto, el humor era un elemento muy presente, sobre todo en Dominion Tank Police. 
Leí Ghost in the Shell cuando se publicó bajo el nombre Patrulla especial Ghost. Me sorprendió mucho, porque pensaba que iba a darme con otra obra cargada de humor y personajes excéntricos. Me di con un manga con un tratamiento más serio por el tema central, las inteligencias artificiales y su interacción con la sociedad. Al principio cada capítulo era un caso aislado de la sección 9 (Cyber atentados, inteligencias artificiales alteradas, etc) en los que Batou  y Togusa compartían protagonismo con la Mayor Kusanagi. El problema radicaba en que al ser autoconclusivos, Shirow los sobrecargaba con demasiados datos y a veces resultaban un poco confusos y atolondrados narrativamente. Entre el segundo y los últimos capítulos, desarrolló una saga, la del Titiritero (Puppet master), en la que finalmente pudo explotar al máximo el mundo de Ghost In The Shell. Si algo faltaba, era un némesis ambivalente que mostrara realmente el drama de las inteligencias artificiales y su impacto.
Algo importante, es que en el manga los personajes se divierten. La misma Kusanagi tiene mucha energía, reacciona de forma muy humana y hasta hace bromas. De hecho, responde un poco al estereotipo de heroína de los mangas de los ochenta.
Ghost in The Shell es un manga muy interesante, con mucha fuerza y una muestra de lo que fue la ciencia ficción nipona en los ochenta. Tal vez les cueste adaptarse a ese ritmo narrativo, pero les recomiendo que lo tengan en papel. Dato: Dentro de poco va a ser publicada por una editorial nacional.

La estilización animada

En 1995, Mamoru Oshii dirigió la película animada más representativa del género cyberpunk. Ya desde las primeras secuencias en la que Motoko salta de espaldas hacia el vacío, nos sumerge en un entorno urbano futurista y muy detallado claramente influenciado por Blade Runner de Ridley Scott. El mundo de Ghost In The Shell pasa de la concepción ochentosa de megalópolis futurista al cyberpunk puro. Las ciudades son opresivas, violentas, sucias y están llenas de tecnología decadente. La energía del manga muta a desesperanza y nostalgia, pero la esencia está presente. Aquí no hay lugar para protagonistas que encuentran el tiempo para divertirse o pasarla bien. Cada uno tiene sus propios demonios y sobrevive como puede. La misma Motoko se vuelve melancólica y fría.
Es aquí, donde Oshii decidió cambiar el eje central a un solo caso, el del Puppet Master, con el que ahonda sobre el drama de las inteligencias artificiales y el alma (ghost). Por supuesto, las secuencias de acción que definieron a Shirow están presentes y son gráficamente espectaculares, pero solamente sirven para alivianar esa carga filosófica y ética que tratan en la película.
Esta adaptación marcó una era y fue tan importante que hoy al hablar de Ghost In The Shell, lo primero que viene a la mente es ésta película y no el manga.  Es más, hay directores que la citan como una de sus influencias, caso Wachowskis con Matrix.

El Salto a Hollywood

El impacto visual que generó la primera película animada demostró cuan vanguardistas eran los japoneses en cuanto a animación. Su secuela, Innocence la superó visualmente y mostró otros entornos al alejarnos de lo urbano. Era lógico, si volvían a la ciudad se iban a repetir e iban a perder el impacto visual.  El director Rupert Sanders se arriesgó a llevar las ciudades de la primera película a la gran pantalla. Capturó su esencia, los entornos claustrofóbicos y su grandeza. Las invadió con muchas gigantografías holográficas de publicidades, cosa que fue un acierto. El problema es que esta carga visual, que es uno de los elementos más importantes, es algo que ya vimos en otras películas como Blade Runner o El Quinto Elemento.  Lo bueno es que toma elementos de Stand Alone complex, el personaje Hideo; y de Innocence, las geishas que se convierten en una suerte de monstruos y ciertos elementos visuales que aparecen sobre todo en los laboratorios. Esto enriquece un poco más, pero no es suficiente para impactar.
Cada vez que Motoko Kusanagi pasa de un medio al otro, su personalidad e historia cambian. No es la misma en el manga, en la serie Stand Alone complex o en las películas animadas. Siguiendo esa tradición, el director Rupert Sanders la volvió más reflexiva para así explorar de manera más simple ese conflicto del ser al que nos tienen acostumbrados en Ghost In The Shell. Es aquí donde Scarlett Johansson deja bastante que desear. Es brillante en las secuencias de acción, pero en estos momentos dramáticos en los que se define a Motoko, no transmite nada. Una buena actriz podría haber profundizado mucho en la soledad, o en esa búsqueda de identidad que explota el film, sin embargo, aquí quedan desaprovechadas. Claro, hay otros cambios argumentales en torno al personaje que no van a gustar, sobre todo en cuanto a las revelaciones finales, pero cabe destacar que es otra versión de Motoko, adaptada a ese mercado.
Al estar centrada en esa versión de la la Mayor Kusanagi, la trama es una versión simplificada de la película animada. Peca de explicar mucho y dejar de lado esos silencios que hicieron famosa a la obra de Oshii. Hay un acierto, que fue cambiar esa trama de conspiración política confusa por la lucha contra la corrupción de las grandes empresas, que aunque suene como algo trillado, funciona bastante bien y de hecho, en el mundo que crea Sanders sirve para explotar tópicos.  Lamentablemente, hay hilos argumentales que al cruzarse con este cambio, terminan cerrando de manera ridícula y Hollywoodense, cosa que le quita puntos a la película.  
Lo verdaderamente interesante son los secundarios. Es una lástima que Togusa no esté en esta adaptación. Sin embargo, Pilou Asbæk como Batou se luce tanto que llega a suplir esa ausencia y a diferencia de Johansson, crea un personaje que genera empatía con la esencia de ese personaje que se mantiene estable en todas las adaptaciones. Sanders lo hace un poco más interesante y al fin nos da un origen de la modificación de sus ojos.  El otro secundario que salió muy bien parado es Daisuke Aramaki. El jefe de la sección 9 pasó de ser víctima de bromas a un personaje serio en la adaptación de Oshii. Takeshi Kitano, fiel a su estilo, lo interpretó como un hombre estoico, calculador y capaz de pasar a la acción cuando sea necesario. Claro, es Beat Takeshi, tiene que imprimirle su actitud de tipo rudo cuando sale airoso de situaciones violentas y se roba las escenas. Además, es el único personaje que habla en japonés.
Es una película cuyas imperfecciones la vuelven regular, pero hay que aceptar que logra captar la esencia y la identidad visual que convirtieron a Ghost In The Shell en un hito del anime. A pesar de sus imperfecciones, no termina siendo una adaptación fallida. Es digna y se convierte en un puente, y en ese punto de inflexión que demuestra que en Hollywood sí se puede captar la esencia de un anime y trasladarla a una gran producción. Como les comenté al principio del artículo, es necesaria y marca un camino a pesar de que hoy hayan muchísimos fanáticos del anime expresando su ira y mofándose de esta película. 

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