La mirada, gran aliada para la autodefensa
Aconsejan no resistirse jamás a un asalto, no esconder objetos de valor y trabajar con la palabra: intentar negociar con los delincuentes. Hay que estar preparado para el peligro, dice un experto. La prevención es más importante que la reacción. Pensar en la vida.
16 Abril 2011 Seguir en 
Podrá convertirse en el héroe del barrio. Todo por haber tenido el valor de tomar un arma y enfrentarse al delincuente que intentaba robarse aquello que con tanto esfuerzo y trabajo consiguió. Podrá con orgullo describirle este relato a sus amigos y familiares. O, simplemente, no podrá contar esta historia. Ni ninguna otra. Es cuestión de segundos. Los desenlaces pueden resultar extremistas. Pero no lo son. Porque defenderse de un ataque, según los especialistas en seguridad personal, en un gran porcentaje de casos puede tener un final trágico.
Dos historias conmovieron a la opinión pública por estos días. Primero fue la de Juana Cruz Elías, la abuela de 77 años, que hirió de un balazo a un ladrón que intentaba robar en su casa de Villa Amalia. Ocurrió el sábado. Dos días después, las páginas de LA GACETA reflejaron otro acto heroico: dos hermanas, de 73 y 66 años, se enfrentaron a una ladrona armada con un cuchillo. Yamila del Carmen y Marina Isa la sacaron barata porque la asaltante intentó, en la puerta de la casa de las víctimas del barrio 24 de Septiembre, herirlas una y otra vez. Recibieron ayuda de los vecinos y lograron reducir a la mujer que intentaba quedarse con la plata que Yamila había sacado del banco el lunes.
No es fácil aconsejar cómo actuar ante un robo, especialmente en momentos de tanta inseguridad como los que vive la provincia, asegura Carlos Centeno, instructor de taekwondo y experto en seguridad personal. Antes que nada, Centeno (VII Dan) sostiene que no es aconsejable enfrentar a un asaltante. "La prevención es mas importante que la reacción", sostiene.
En estos días, en los que suceden muchos robos en las calles y en las casas de familia, creer que a uno nunca le va a ocurrir algo es errado. Por eso, no está demás prepararse para ello, admite el experto en artes marciales, que además es docente de la Escuela de Policía y de la Cámara de Agencias de Seguridad. "Lo primero en lo que se debe pensar es en la vida de uno, en que se tiene una familia que al final del día lo va a estar esperando", arranca.
Contrario a lo que muchas personas creen, el arma en sí misma no representa seguridad, según Centeno. "Primero, porque hay que saber usarla; y, segundo, porque nos pone en peligro. Por sólo mostrarla, podemos terminar heridos", reflexiona. Según el especialista, las mejores armas son la mirada y las palabras. "Es fundamental conservar un buen estado mental. Puede sonar imposible, pero hay que intentar estar tranquilo. Esto se logra alejándose de la soberbia y de la enajenación", señala.
Centeno sostiene que cualquier persona puede desarrollar un sistema de autodefensa con los ojos. Adquirir la "mirada de 360 grados" es el mejor hábito que una persona puede practicar. "La gente puede darse cuenta cuando la van a asaltar. Debe estar alerta y si alguien le resulta sospechoso no dejar de mirarlo de frente para que el delincuente sepa que está siendo observado y que la víctima no le tiene miedo", recomienda.
Si el asalto finalmente ocurre, no hay que resistirse. Ni intentar esconder el reloj u otro objeto de valor. Las estadísticas dicen que los "ladrones tipo" tienen entre 13 y 20 años, actúan de a dos y reaccionan cada vez con mayor violencia. Otro dato alarmante: en la Argentina cada vez se registran más crímenes en ocasión de robo.
"Lo mejor es trabajar con la palabra. Conviene hablarles con seguridad. Preguntarles: ?querés ver la cartera la mochila, tengo esto para darte?. Hay que negociar y dejarlos contentos", apunta.
Atacar al delincuente no sólo significa arriesgar la vida de uno, sino que también es el comienzo de una historia que puede terminar tras las rejas. Los expertos advierten que quien se defiende, en la mayoría de los casos, lo hace sin estar preparado para eso y con una carga emocional muy fuerte.
No siempre la legítima defensa y la Justicia por mano propia van unidas. La ley argentina es clara al respecto: nadie se puede enfrentar a un ladrón de cualquier manera. Por eso, quedan excluidos de la "legítima defensa" los casos en que el defensor causa lesiones inusitadas o desproporcionadas. La defensa es legítima siempre que sea racional. Y hay un punto en el que coinciden todos los expertos: la muerte no es una respuesta racional.
Dos historias conmovieron a la opinión pública por estos días. Primero fue la de Juana Cruz Elías, la abuela de 77 años, que hirió de un balazo a un ladrón que intentaba robar en su casa de Villa Amalia. Ocurrió el sábado. Dos días después, las páginas de LA GACETA reflejaron otro acto heroico: dos hermanas, de 73 y 66 años, se enfrentaron a una ladrona armada con un cuchillo. Yamila del Carmen y Marina Isa la sacaron barata porque la asaltante intentó, en la puerta de la casa de las víctimas del barrio 24 de Septiembre, herirlas una y otra vez. Recibieron ayuda de los vecinos y lograron reducir a la mujer que intentaba quedarse con la plata que Yamila había sacado del banco el lunes.
No es fácil aconsejar cómo actuar ante un robo, especialmente en momentos de tanta inseguridad como los que vive la provincia, asegura Carlos Centeno, instructor de taekwondo y experto en seguridad personal. Antes que nada, Centeno (VII Dan) sostiene que no es aconsejable enfrentar a un asaltante. "La prevención es mas importante que la reacción", sostiene.
En estos días, en los que suceden muchos robos en las calles y en las casas de familia, creer que a uno nunca le va a ocurrir algo es errado. Por eso, no está demás prepararse para ello, admite el experto en artes marciales, que además es docente de la Escuela de Policía y de la Cámara de Agencias de Seguridad. "Lo primero en lo que se debe pensar es en la vida de uno, en que se tiene una familia que al final del día lo va a estar esperando", arranca.
Contrario a lo que muchas personas creen, el arma en sí misma no representa seguridad, según Centeno. "Primero, porque hay que saber usarla; y, segundo, porque nos pone en peligro. Por sólo mostrarla, podemos terminar heridos", reflexiona. Según el especialista, las mejores armas son la mirada y las palabras. "Es fundamental conservar un buen estado mental. Puede sonar imposible, pero hay que intentar estar tranquilo. Esto se logra alejándose de la soberbia y de la enajenación", señala.
Centeno sostiene que cualquier persona puede desarrollar un sistema de autodefensa con los ojos. Adquirir la "mirada de 360 grados" es el mejor hábito que una persona puede practicar. "La gente puede darse cuenta cuando la van a asaltar. Debe estar alerta y si alguien le resulta sospechoso no dejar de mirarlo de frente para que el delincuente sepa que está siendo observado y que la víctima no le tiene miedo", recomienda.
Si el asalto finalmente ocurre, no hay que resistirse. Ni intentar esconder el reloj u otro objeto de valor. Las estadísticas dicen que los "ladrones tipo" tienen entre 13 y 20 años, actúan de a dos y reaccionan cada vez con mayor violencia. Otro dato alarmante: en la Argentina cada vez se registran más crímenes en ocasión de robo.
"Lo mejor es trabajar con la palabra. Conviene hablarles con seguridad. Preguntarles: ?querés ver la cartera la mochila, tengo esto para darte?. Hay que negociar y dejarlos contentos", apunta.
Atacar al delincuente no sólo significa arriesgar la vida de uno, sino que también es el comienzo de una historia que puede terminar tras las rejas. Los expertos advierten que quien se defiende, en la mayoría de los casos, lo hace sin estar preparado para eso y con una carga emocional muy fuerte.
No siempre la legítima defensa y la Justicia por mano propia van unidas. La ley argentina es clara al respecto: nadie se puede enfrentar a un ladrón de cualquier manera. Por eso, quedan excluidos de la "legítima defensa" los casos en que el defensor causa lesiones inusitadas o desproporcionadas. La defensa es legítima siempre que sea racional. Y hay un punto en el que coinciden todos los expertos: la muerte no es una respuesta racional.








