"Se está siguiendo una pista", aseguró Albaca
El 26 de febrero de 2006, Paulina Alejandra Lebbos, de 22 años, abordó un taxi en la zona del Abasto. La encontraron 13 días después, asesinada, a la vera de una ruta. Los enigmas en torno de la causa se agigantan con el correr del tiempo. Sin embargo, los investigadores afirman que están trabajando para dar con el homicida de la estudiante
26 Febrero 2010 Seguir en 
Paulina Alejandra Lebbos fue vista con vida por última vez hace cuatro años. Hallaron su cuerpo 13 días después de su desaparición. Había sido estrangulada y arrojada a la vera de la ruta 341, en Tapia, al norte de la provincia.
Decenas de testigos declararon en la causa; casi ninguno aportó datos útiles. Las pericias realizadas por distintos especialistas tampoco despejaron el camino que conduzca hacia el homicida.
Sin embargo, según el fiscal Carlos Albaca, la causa no está paralizada. "La investigación continúa. No puedo revelar datos, porque eso entorpecería nuestro trabajo. Se está siguiendo una pista y la Policía está actuando. Hay novedades; estuve esperando que el señor (Alberto) Lebbos (padre de Paulina) venga a Tribunales para transmitírselas, pero no vino por acá", le dijo Albaca a LA GACETA.
Según fuentes consultadas por este diario, desde hace casi un año se sigue la pista a la que hace alusión el fiscal; sin embargo, estos investigadores tampoco se atrevieron a brindar detalles. "No creo que sea cierto. Yo estuve en Tribunales antes de la feria judicial, en diciembre, y me dijeron que no había nada", reclamó Lebbos.
El sábado 25 de febrero de 2005, a la mañana, Paulina, de 22 años, rindió un examen en la Facultad de Filosofía y Letras. Cursaba la carrera de Ciencias de la Comunicación y su objetivo era ser periodista. Para festejar que había aprobado el parcial, salió a bailar esa noche con un grupo de amigas, entre las cuales estaba Virginia Mercado. Estuvieron en el boliche "Gitana", en el Abasto, desde las 3 hasta las 6.30 del día siguiente. La única versión que consta en la causa sobre lo que sucedió luego es la que aportó la joven salteña.
Según Mercado, abordaron un remise color bordó, similar a un Fiat Duna. Virginia declaró que se bajó en calle La Rioja al 400, donde vivía, y que su amiga siguió camino en el remise hacia la casa de su novio, César Soto, quien reside en calle Estados Unidos al 1.200.
El muchacho asegura que jamás llegó allí. El padre de Paulina realizó la denuncia, y la desaparición de la muchacha encendió la luz de alarma en toda la provincia. Las peores sospechas se confirmaron el 11 de marzo. Dos baquianos, los hermanos Marcelo y Sergio Goitea la hallaron sin vida en Tapia, a un costado de la ruta 341, que conduce a Raco. Según las pericias, alguien mató a Paulina. "La causa de la muerte fue por asfixia mecánica por estrangulamiento manual", reza la pericia efectuada por el Cuerpo Médico Forense. Lo que los investigadores aún no pudieron probar es quién la ahorcó.
El fiscal Alejandro Noguera, quien encabezó en un principio la pesquisa, ordenó casi dos meses después la aprehensión de tres policías: sospechaba que la escena donde fue hallada la estudiante había sido adulterada y que se había amenazado a testigos. Noguera fue separado de la causa luego de que mantuvo una reunión con el gobernador, José Alperovich, en la casa del mandatario. Tras esto, Albaca se hizo cargo de la pesquisa.
Los investigadores manejaban distintas pistas. La más fuerte estaba orientada al remisero que trasladó a Paulina. Incluso, el comisario (r) Marcial Escobar -contratado por el Gobierno para trabajar en el caso- sindicó a Juan Pedro Cruzado como el principal sospechoso. Cruzado había asegurado que dejó a Lebbos en calle Cuba al 1.200, a cuatro cuadras de la casa de Soto. Los investigadores no hallaron pruebas en su contra. "Tengo la íntima convicción de que el homicida es el remisero: es la única persona que tenía los medios idóneos para trasladar ese mismo día el cuerpo", afirmó Escobar.
Soto también fue investigado, ya que se consideró la posibilidad de un crimen pasional. Pero, como sucedió con otros hombres sobre los cuales la Justicia puso la lupa, no había evidencias que lo comprometan. La causa, hoy, continúa sin imputados.
Con el tiempo, fueron instalándose otras versiones; entre ellas, la de la "fiesta del poder". Sin embargo, tampoco hay testigos de este supuesto encuentro. Así, a cuatro años, el crimen de Paulina sigue siendo un misterio. El tiempo dirá si la pista que maneja Albaca es firme o, como dijo el padre de la joven, "es una bomba de humo".
Decenas de testigos declararon en la causa; casi ninguno aportó datos útiles. Las pericias realizadas por distintos especialistas tampoco despejaron el camino que conduzca hacia el homicida.
Sin embargo, según el fiscal Carlos Albaca, la causa no está paralizada. "La investigación continúa. No puedo revelar datos, porque eso entorpecería nuestro trabajo. Se está siguiendo una pista y la Policía está actuando. Hay novedades; estuve esperando que el señor (Alberto) Lebbos (padre de Paulina) venga a Tribunales para transmitírselas, pero no vino por acá", le dijo Albaca a LA GACETA.
Según fuentes consultadas por este diario, desde hace casi un año se sigue la pista a la que hace alusión el fiscal; sin embargo, estos investigadores tampoco se atrevieron a brindar detalles. "No creo que sea cierto. Yo estuve en Tribunales antes de la feria judicial, en diciembre, y me dijeron que no había nada", reclamó Lebbos.
El sábado 25 de febrero de 2005, a la mañana, Paulina, de 22 años, rindió un examen en la Facultad de Filosofía y Letras. Cursaba la carrera de Ciencias de la Comunicación y su objetivo era ser periodista. Para festejar que había aprobado el parcial, salió a bailar esa noche con un grupo de amigas, entre las cuales estaba Virginia Mercado. Estuvieron en el boliche "Gitana", en el Abasto, desde las 3 hasta las 6.30 del día siguiente. La única versión que consta en la causa sobre lo que sucedió luego es la que aportó la joven salteña.
Según Mercado, abordaron un remise color bordó, similar a un Fiat Duna. Virginia declaró que se bajó en calle La Rioja al 400, donde vivía, y que su amiga siguió camino en el remise hacia la casa de su novio, César Soto, quien reside en calle Estados Unidos al 1.200.
El muchacho asegura que jamás llegó allí. El padre de Paulina realizó la denuncia, y la desaparición de la muchacha encendió la luz de alarma en toda la provincia. Las peores sospechas se confirmaron el 11 de marzo. Dos baquianos, los hermanos Marcelo y Sergio Goitea la hallaron sin vida en Tapia, a un costado de la ruta 341, que conduce a Raco. Según las pericias, alguien mató a Paulina. "La causa de la muerte fue por asfixia mecánica por estrangulamiento manual", reza la pericia efectuada por el Cuerpo Médico Forense. Lo que los investigadores aún no pudieron probar es quién la ahorcó.
El fiscal Alejandro Noguera, quien encabezó en un principio la pesquisa, ordenó casi dos meses después la aprehensión de tres policías: sospechaba que la escena donde fue hallada la estudiante había sido adulterada y que se había amenazado a testigos. Noguera fue separado de la causa luego de que mantuvo una reunión con el gobernador, José Alperovich, en la casa del mandatario. Tras esto, Albaca se hizo cargo de la pesquisa.
Los investigadores manejaban distintas pistas. La más fuerte estaba orientada al remisero que trasladó a Paulina. Incluso, el comisario (r) Marcial Escobar -contratado por el Gobierno para trabajar en el caso- sindicó a Juan Pedro Cruzado como el principal sospechoso. Cruzado había asegurado que dejó a Lebbos en calle Cuba al 1.200, a cuatro cuadras de la casa de Soto. Los investigadores no hallaron pruebas en su contra. "Tengo la íntima convicción de que el homicida es el remisero: es la única persona que tenía los medios idóneos para trasladar ese mismo día el cuerpo", afirmó Escobar.
Soto también fue investigado, ya que se consideró la posibilidad de un crimen pasional. Pero, como sucedió con otros hombres sobre los cuales la Justicia puso la lupa, no había evidencias que lo comprometan. La causa, hoy, continúa sin imputados.
Con el tiempo, fueron instalándose otras versiones; entre ellas, la de la "fiesta del poder". Sin embargo, tampoco hay testigos de este supuesto encuentro. Así, a cuatro años, el crimen de Paulina sigue siendo un misterio. El tiempo dirá si la pista que maneja Albaca es firme o, como dijo el padre de la joven, "es una bomba de humo".
Lo más popular
Ranking notas premium








