"Nunca se le encontró droga a un guardiacárcel"
Roberto Guyot, director de Institutos Penales, dijo que si no se invierte en tecnología, será imposible evitar el tráfico de estupefacientes. El funcionario dijo que no todas las peleas son por el control sobre la venta de sustancias ilegales. El problema con las visitas.
28 Octubre 2009 Seguir en 
Perros, escáneres, cámaras de vigilancia, requisas selectivas. En todas estas alternativas está pensando el director de Institutos Penales Roberto Guyot para detener el tráfico de drogas dentro de las unidades penitenciarias de la provincia. Sin embargo, la mayoría de estas posibilidades van de la mano de una cuestión presupuestaria que, por el momento, no las contempla. Este fue el diálogo que el funcionario mantuvo con LA GACETA:
- ¿Cómo está la capacidad de penal de Villa Urquiza?
Estamos totalmente cubiertos en todos los sectores. Poner más personas significa hacinarlas y tendríamos problemas con los jueces. Las obras que se están haciendo van a servir a futuro para descongestionar las comisarías, pero hoy no hay más espacios.
- ¿ Se está analizando la posibilidad de colocar cámaras de vigilancia en el ingreso?
- Por supuesto. Son altamente positivas. La incorporación de tecnología nos va a permitir un mejor manejo de la seguridad, como un escáner; con eso vamos a suplir las fallas del sistema, como las requisas. Igual la compra de perros adiestrados, pero es un proceso largo para entrenarlos. Hoy, como estamos, no se puede evitar que ingrese la droga en la cárcel. No podemos hacer requisas profundas en las personas, ya que atentaríamos contra garantías constitucionales. Es imposible saber realmente quién lleva droga. Tampoco los podemos filmar. Con un escáner solucionaríamos esta.
-¿Las visitas son revisadas por el personal penitenciario?
- Sí. Desde hace tiempo dispusimos la separación de los días de visita, miércoles y domingos para todo el penal, menos en la unidad 9 (máxima seguridad), a la que se visita los martes y los sábados. Así disminuimos la cantidad de visitas y optimizamos los recursos. Hoy hay 1.400 visitas, sobre todo los domingos. Pero igual esto tiene falencias.
- ¿Le sorprendió el resultado del informe sobre el consumo de drogas? (N. de la R., el 65% de los internos consume sustancias prohibidas).
- Uno no tenía real conocimiento de esa cantidad. Es un tema que se lo va ir trabajando para reducir ese índice. Estamos trabajando con una red institucional. La cárcel ya no es un compartimiento estanco; hay un convenio con el Ministerio de Salud, con Educación, con el tema espiritual, con la facultad de Educación Física, con la Dirección de Arquitectura y Urbanismo, con el ente de Infraestructura... Estamos teniendo el apoyo y la visión de las otras instituciones. El servicio penitenciario es un problema de toda la sociedad, ya que es parte de la sociedad. Nosotros tenemos que custodiar y reinsertar al interno. Yo creo en la reinserción y en la segunda oportunidad del ser humano. Pero eso depende también de la Justicia. Hay mucha gente que se reincorpora a la sociedad de manera positiva.
- ¿Cómo más puede entrar la droga al penal?
- Por las visitas o por voleo (por arriba de las paredes). Nunca se le descubrió droga a un guardiacárcel. Pero igualmente se ordenó que fueran sometidos a requisas selectivas. Todos son investigados, pero confío en el personal que trabaja conmigo.
- ¿Qué opina de que se suponga que las peleas entre internos sean por cuestiones de poder sobre el tráfico de droga?
- En realidad estamos viendo cuáles son las razones. La Justicia debe investigar el delito. Nosotros estamos abiertos a que investiguen tanto la Justicia provincial como la nacional. No todas las situaciones son por esto; a veces se pelean por un par de zapatillas. Habría que investigar. Nosotros garantizamos a la Justicia todo lo que se necesita. Colaboramos permanentemente. Las requisas son parte de un programa de seguridad que nosotros desarrollamos. Los agentes penitenciarios son los que están más expuestos. Si ellos dejan pasar droga y un preso se 'vuela' la cabeza, ¿a quién va a atacar primero? Al agente, sin dudas. Por eso hay que tratar de evitar que esto siga sucediendo.
- ¿Usted considera normal el tráfico de droga en la cárcel?
- Siempre hubo droga en la cárcel. Este no es un problema de ahora, ni se va a solucionar de un día para otro. No sé por qué se hace hincapié en esto ahora. Uno ve películas de cárceles y en nueve de 10 hay problemas con las drogas. La de Tucumán no es la excepción.
- ¿Cómo está la capacidad de penal de Villa Urquiza?
Estamos totalmente cubiertos en todos los sectores. Poner más personas significa hacinarlas y tendríamos problemas con los jueces. Las obras que se están haciendo van a servir a futuro para descongestionar las comisarías, pero hoy no hay más espacios.
- ¿ Se está analizando la posibilidad de colocar cámaras de vigilancia en el ingreso?
- Por supuesto. Son altamente positivas. La incorporación de tecnología nos va a permitir un mejor manejo de la seguridad, como un escáner; con eso vamos a suplir las fallas del sistema, como las requisas. Igual la compra de perros adiestrados, pero es un proceso largo para entrenarlos. Hoy, como estamos, no se puede evitar que ingrese la droga en la cárcel. No podemos hacer requisas profundas en las personas, ya que atentaríamos contra garantías constitucionales. Es imposible saber realmente quién lleva droga. Tampoco los podemos filmar. Con un escáner solucionaríamos esta.
-¿Las visitas son revisadas por el personal penitenciario?
- Sí. Desde hace tiempo dispusimos la separación de los días de visita, miércoles y domingos para todo el penal, menos en la unidad 9 (máxima seguridad), a la que se visita los martes y los sábados. Así disminuimos la cantidad de visitas y optimizamos los recursos. Hoy hay 1.400 visitas, sobre todo los domingos. Pero igual esto tiene falencias.
- ¿Le sorprendió el resultado del informe sobre el consumo de drogas? (N. de la R., el 65% de los internos consume sustancias prohibidas).
- Uno no tenía real conocimiento de esa cantidad. Es un tema que se lo va ir trabajando para reducir ese índice. Estamos trabajando con una red institucional. La cárcel ya no es un compartimiento estanco; hay un convenio con el Ministerio de Salud, con Educación, con el tema espiritual, con la facultad de Educación Física, con la Dirección de Arquitectura y Urbanismo, con el ente de Infraestructura... Estamos teniendo el apoyo y la visión de las otras instituciones. El servicio penitenciario es un problema de toda la sociedad, ya que es parte de la sociedad. Nosotros tenemos que custodiar y reinsertar al interno. Yo creo en la reinserción y en la segunda oportunidad del ser humano. Pero eso depende también de la Justicia. Hay mucha gente que se reincorpora a la sociedad de manera positiva.
- ¿Cómo más puede entrar la droga al penal?
- Por las visitas o por voleo (por arriba de las paredes). Nunca se le descubrió droga a un guardiacárcel. Pero igualmente se ordenó que fueran sometidos a requisas selectivas. Todos son investigados, pero confío en el personal que trabaja conmigo.
- ¿Qué opina de que se suponga que las peleas entre internos sean por cuestiones de poder sobre el tráfico de droga?
- En realidad estamos viendo cuáles son las razones. La Justicia debe investigar el delito. Nosotros estamos abiertos a que investiguen tanto la Justicia provincial como la nacional. No todas las situaciones son por esto; a veces se pelean por un par de zapatillas. Habría que investigar. Nosotros garantizamos a la Justicia todo lo que se necesita. Colaboramos permanentemente. Las requisas son parte de un programa de seguridad que nosotros desarrollamos. Los agentes penitenciarios son los que están más expuestos. Si ellos dejan pasar droga y un preso se 'vuela' la cabeza, ¿a quién va a atacar primero? Al agente, sin dudas. Por eso hay que tratar de evitar que esto siga sucediendo.
- ¿Usted considera normal el tráfico de droga en la cárcel?
- Siempre hubo droga en la cárcel. Este no es un problema de ahora, ni se va a solucionar de un día para otro. No sé por qué se hace hincapié en esto ahora. Uno ve películas de cárceles y en nueve de 10 hay problemas con las drogas. La de Tucumán no es la excepción.







