07 Agosto 2008 Seguir en 
Los habitantes de Beijing tiñeron de rojo la capital china. Exhiben con orgullo la bandera en todos los lugares posibles en estos días previos al inicio de los Juegos Olímpicos. Los preparativos para la gran cita deportiva han sido una travesía cargada de emociones para muchos. Los disturbios en Tíbet y las consiguientes protestas contra China, a lo largo de la ruta de relevos de la antorcha olímpica, dispararon sentimientos nacionalistas que luego dieron paso a un aluvión de generosidad hacia las víctimas del terremoto de la provincia de Sichuan. Las banderas chinas que adornan los frentes de casi todas las viviendas y de la mayor parte de los comercios así lo demuestran. Ju Huaying, empleado de una lavandería, no tuvo problemas para encontrar un estandarte. La administración de su edificio, como las de muchas otras viviendas, le regaló uno y permanece en una esquina todavía sin desplegar. Otros acudieron a su ingenio. Un comerciante pegó una diminuta insignia de mano hecha de papel en el frente de su negocio. Un hombre que andaba en bicicleta eléctrica tenía una pegada en la canasta. Muchos vendedores ambulantes desafiaron la ira de la Policía. Ofrecieron símbolos patrios en intersecciones muy transitadas y a precios más baratos. Una empresa láctea regala pequeñas banderas en una góndola de supermercado, junto a otras que llevan el logo de la firma y el eslogan "¡Conmigo China es fuerte!" Los habitantes parecen dejar atrás viejos rencores. Cuando le preguntan a un conductor dónde compró su bandera con la frase "Go China", responden: "Carrefour", la cadena de supermercados que en la primavera pasada padeció parte de las manifestaciones en contra de los extranjeros.










