21 Agosto 2006 Seguir en 
Un día como el de hoy, hace exactamente 40 años, Tucumán era objeto de una inusitada medida nacional que golpearía dramáticamente la economía de la provincia y que provocaría un quiebre social con efectos que aún son tema de debate. El 21 de agosto de 1966, el gobierno militar de Juan Carlos Onganía dictó el decreto-ley 16.926, que significó la intervención de siete ingenios tucumanos. La decisión luego se ampliaría y concluiría con el cierre de 11 de las 27 fábricas azucareras que funcionaban en esa época en la provincia.
Una crisis azucarera por sobreproducción y bajos precios internos y externos fueron la excusa para aplicar una medida que la historia muestra como parte de un plan orquestado con varios propósitos. Primero y principal, se propiciaba el achicamiento de una industria azucarera ineficiente -como la de Tucumán- en beneficio de los ingenios de Jujuy y de Salta. El cierre forzoso de los ingenio implicó una reducción del 30% de la producción de azúcar en Tucumán y una crisis feroz en la economía provincial.
Más de 250.000 tucumanos se vieron obligados a abandonar el territorio y terminaron poblando las villas miseria del conurbano bonaerense y de Rosario. Pueblos enteros quedaron prácticamente vacíos. También se intentó desmembrar a la combativa Fotia, gremio con gran poder por esos años.
Unos 50.000 empleados de fábrica y trabajadores de surco quedaron sin trabajo, y cerca de 11.000 pequeños cañeros quedaron excluidos del mercado. Otro dato que revela la magnitud del efecto sobre el cuerpo social es la drástica reducción de obreros afiliados a Fotia: de los casi 40.000 con que contaba en 1963, sólo quedaron 5.000 después de la clausura de las fábricas. Además, el cierre industrial forzado produjo una caída del producto bruto provincial del 35 % en 1967, y la superficie sembrada, que llegaba a las 210.000 hectáreas en 1965, quedó limitada a 135.000 en 1967. Esta reducción trajo aparejada la desaparición de unos 30.000 puestos de trabajo en el campo
Para compensar el descalabro económico y social generado como efecto del cierre de los ingenios, el Gobierno lanzó de inmediato el llamado Operativo Tucumán, que incluyó indemnizaciones a obreros, y créditos, fomentos y subsidios para establecer nuevas industrias.
Con este informe, LA GACETA retoma la producción que inició el 3 de agosto para recordar aquellos dramáticos hechos.
Una crisis azucarera por sobreproducción y bajos precios internos y externos fueron la excusa para aplicar una medida que la historia muestra como parte de un plan orquestado con varios propósitos. Primero y principal, se propiciaba el achicamiento de una industria azucarera ineficiente -como la de Tucumán- en beneficio de los ingenios de Jujuy y de Salta. El cierre forzoso de los ingenio implicó una reducción del 30% de la producción de azúcar en Tucumán y una crisis feroz en la economía provincial.
Más de 250.000 tucumanos se vieron obligados a abandonar el territorio y terminaron poblando las villas miseria del conurbano bonaerense y de Rosario. Pueblos enteros quedaron prácticamente vacíos. También se intentó desmembrar a la combativa Fotia, gremio con gran poder por esos años.
Unos 50.000 empleados de fábrica y trabajadores de surco quedaron sin trabajo, y cerca de 11.000 pequeños cañeros quedaron excluidos del mercado. Otro dato que revela la magnitud del efecto sobre el cuerpo social es la drástica reducción de obreros afiliados a Fotia: de los casi 40.000 con que contaba en 1963, sólo quedaron 5.000 después de la clausura de las fábricas. Además, el cierre industrial forzado produjo una caída del producto bruto provincial del 35 % en 1967, y la superficie sembrada, que llegaba a las 210.000 hectáreas en 1965, quedó limitada a 135.000 en 1967. Esta reducción trajo aparejada la desaparición de unos 30.000 puestos de trabajo en el campo
Para compensar el descalabro económico y social generado como efecto del cierre de los ingenios, el Gobierno lanzó de inmediato el llamado Operativo Tucumán, que incluyó indemnizaciones a obreros, y créditos, fomentos y subsidios para establecer nuevas industrias.
Con este informe, LA GACETA retoma la producción que inició el 3 de agosto para recordar aquellos dramáticos hechos.








