Un consecuencia tácita de la crisis climática: el calor extremo aumenta las muertes en adultos mayores

Un consecuencia tácita de la crisis climática: el calor extremo aumenta las muertes en adultos mayores

Las olas de calor se vincularían con casi 1 millón de muertes en Latinoamérica, especialmente en ciudades con más de 25°C. ¿Qué pasa en Tucumán?

EVIDENCIAS. Cada vez más, se van confirmando los efectos del calentamiento. Son reales, irreversibles y están sucediendo ahora. LA GACETA EVIDENCIAS. Cada vez más, se van confirmando los efectos del calentamiento. Son reales, irreversibles y están sucediendo ahora. LA GACETA

La Tierra se enfrenta a una triple emergencia planetaria: el clima se calienta a un ritmo demasiado rápido para que las personas y la naturaleza se adapten; la pérdida de hábitat y otras presiones sobre la naturaleza han conllevado a que aproximadamente 1 millón de especies estén en peligro de extinción; y la contaminación sigue envenenándonos.

Salir de este atolladero implica transformar nuestras economías y sociedades para hacerlas inclusivas, justas y respetuosas. La buena noticia es que las soluciones y la tecnología existen. ¿La mala? Son muchas y se conocen a diario. De hecho, un equipo internacional de investigadores acaba de publicar un estudio en la revista Nature Medicine para las principales ciudades de América Latina, en el que se revela que unas 900.000 muertes entre 2002 y 2015 podrían atribuirse a las temperaturas extremas.

En particular, los adultos mayores son especialmente vulnerables a estos cambios: la investigación encuentra que el 7,5 % de sus decesos estuvieron relacionados al calor y al frío. En 2015, por ejemplo, más de 16.000 muertes entre personas de 65 años o más se vincularon a temperaturas extremas.

En consonancia con trabajos anteriores, los científicos determinaron que los fallecimientos se vinculan con enfermedades cardiovasculares y respiratorias. Mientras que el calor hace que el corazón bombee más sangre y provoca deshidratación y estrés pulmonar, el frío puede hacer que el corazón bombee menos sangre y causa hipotensión e insuficiencia orgánica.

Lamentablemente para los argentinos el estudio concluye que el aumento de mortalidad fue más pronunciado en las ciudades que regularmente superan los 25°C, como Buenos Aires. De hecho en sitios templados, como Los Ángeles o México, no se registraron variaciones en los índices.

Para peor, más de 200 de los científicos más prestigiosos del mundo sobre calentamiento global presentaron a mediados del año pasado un informe impactante. Según el análisis del Panel Internacional sobre el Cambio Climático (IPCC), un grupo de trabajo vinculado a la Organización de las Naciones Unidas (ONU), el planeta se calentará 1,5°C en 19 años. Consultado por este diario, Darío Ovejero -licenciado en geografía y profesor de la cátedra de climatología de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Tucumán (UNT)- afirma que en la Argentina se evidenciará una variabilidad de entre 0°C y ese 1,5°C.

Y al Norte podría tocarle el mayor pico (1,5°), estima Ovejero. "En el caso puntual de nuestra provincia, algunas proyecciones sostienen que la temperatura media anual puede estar incluso por encima de esos 1,5°C previstos por el IPCC. Se cree que alcanzaría hasta 2°C en los próximos 20 años", calcula Ovejero.

Así, los episodios de calor extremo llegarían a umbrales de tolerancia críticos para la agricultura y la salud de las personas, remarca. De hecho, ya se están observando cambios en todas las regiones de la Tierra. Muchos no tienen precedentes en miles de miles de años. Y algunos, como el aumento continuo del nivel del mar, no se podrán revertir hasta dentro de varios siglos o milenios.

En consonancia, los trabajadores del IPCC han ofrecido nuevas estimaciones sobre las probabilidades de sobrepasar el nivel de calentamiento global en las próximas décadas. Y se concluye que, a menos que las emisiones de gases de efecto invernadero se reduzcan de manera inmediata, rápida y a gran escala, limitar el calentamiento incluso a 2°C será un objetivo inalcanzable. Los cálculos indican que con un calentamiento global de 1,5°C se producirá un aumento de las olas de calor, se alargarán las estaciones cálidas y se acortarán las estaciones frías. Con un calentamiento global de 2°C los episodios de calor extremo alcanzarían los límites de peligro.

La predicción se oye triste. Asimismo, ese calentamiento traerá aparejado otros fenómenos, como un pronunciado estrés hídrico, retoma Ovejero. Han disminuido las precipitaciones anuales y van a disminuir más todavía, prosigue. Además se espera un segundo fenómenos extremo: un aumento de las lluvias de gran intensidad. "En invierno habrá menos agua para el consumo humano y para las actividades económicas. Y en verano habrá inundaciones", reseña. Luego destaca que el avance de nuestra frontera agropecuaria estuvo propiciado, en los últimos 50 años, por períodos húmedos. Esas condiciones -observa- van a desaparecer.

Los investigadores de la ONU han sentenciado en que no hay absolutamente ninguna duda de que es la actividad humana -a través de la quema de combustibles fósiles, principalmente- la que provoca la acumulación de gases de efecto invernadero que atrapan el calor en la atmósfera y elevan la temperatura. Hasta ahora la temperatura media del planeta ha aumentado 1,1 °C desde los niveles previos a la industrialización. Ese incremento es el más rápido en 2.000 años.

Sin embargo, el informe del IPCC ofrece una mirada optimista, porque plantea que aún se está a tiempo de tomar medidas inmediatas para atenuar estas consecuencias. Atenuarlas, pero no detenerlas. Y en este punto volvemos al pesimismo: la humanidad ha llegado a un punto de no retorno. Haga lo que haga, será inevitable frenar esa marca de 1,5°. Ante este panorama, Ovejero plantea la necesidad de que el sector productivo, los gobernantes y la población se preparen para ese porvenir.

Anteriormente, el meteorólogo y director del Laboratorio Climatológico Sudamericano, Juan Leónicas Minetti, había emitido declaraciones similares. Los modelos de previsiones han descubierto que en Tucumán se está produciendo un salto hacia una sequía intensa, dijo en una ocasión. Se trata de un período con escasas precipitaciones y que podría prolongarse entre 50 y 70 años.

También la doctora en geografía y profesora de la cátedra de climatología de la UNT Marilyn Leiva había imaginado, en un diálogo con este diario, un escenario de megas sequías. "El anterior período seco empezó en el año 2003 y se extendió hasta 2014. La tendencia se revirtió debido al fenónemo de El Niño. Pero nos aproximamos nuevamente hacia una sequía. Y aún mayor. El cambio climático ha acentuado los eventos extremos", había asegurado.

El ecólogo y presidente de la fundación ProYungas Alejandro Brown no es alarmista y su mirada suele ser conciliadora. No obstante, se manifiesta determinante a la hora de analizar qué les depara el destino a los tucumanos. En similitud con lo expresado hasta aquí, él plantea que los períodos secos van a ser más secos. Que las lluvias torrenciales se volverán más intensas. Y que las olas de calor serán frecuentes.

El documento del IPCC es la advertencia más dura hasta ahora sobre la velocidad y la escala del calentamiento planetario. Las consecuencias las padecerán los niños que están naciendo y que nazcan en esta década. Y ya la están padeciendo, como ha develado Nature, los susceptibles, como los adultos mayores. El debate no es si sucederá o no. El debate es si llegaremos a tiempo para acomodarnos. 


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