30 Marzo 2002 Seguir en 
El dolor se transformó en silencio. El crítico estado en que se encuentra el joven remisero baleado en la cabeza por dos ladrones llevó a sus padres y a sus amigos a encerrarse en sí mismos. Con pistas firmes, la Policía realizaba anoche varios procedimientos en busca de los sospechosos.
"A esta altura lo único que pido es que detengan a esos asesinos. No me queda otra cosa...", dijo Manuel Eduardo López, el padre del joven remisero Juan José "Humita" López, quien permanece en coma 4 irreversible desde el jueves a las 3.30 de la madrugada, cuando dos delincuentes lo balearon por la nuca.
Los pasillos del hospital Padilla, donde el joven de 23 años sobrevive conectado a un respirador artificial, están repletos de remiseros, amigos y parientes que deambulan con la mirada perdida, balbuceando oraciones esperanzadas.
"Por suerte nos están ayudando mucho los remiseros. No necesitamos nada; sólo que se haga justicia y que se apuren en atrapar a estos tipos", reiteró Manuel López, quien lava autos con su esposa y uno de sus cinco hijos.
Los $6 o $7 que cada día llevaba "Humita" a la casa eran el único ingreso fijo. Cuando lo asaltaron, tenía menos de $10 en el bolsillo, pero los delincuentes, asustados, huyeron sin llevarse nada.
Pistas firmes
La Policía, según se supo, contaría con buenos datos sobre los violentos asaltantes que abordaron el Fiat Palio que conducía López en el barrio Oeste I, en la base de la remisería San Cayetano.
El muchacho fue baleado en la esquina de La Madrid y pasaje Agustín Maza, en Floresta. De acuerdo con lo que pudo saberse, en esa zona está centrada la atención de los pesquisas de la Dirección General de Investigaciones, quienes, al mando del comisario Alfredo Jiménez, están tratando de dar con ellos.
Los delincuentes fueron vistos de frente por al menos dos personas. Entre ellas figura el propietario del auto que conducía la víctima, un policía que trabaja también como remisero y que estaba en la remisería, y otro chofer. En ellos dos y en el posible reconocimiento de los sospechosos -cuando se los detenga- están centradas las expectativas del fiscal Gustavo Estofán, puesto que por la ausencia de testigos y la aparente carencia de pruebas sólo esa medida posibilitaría imputarles el delito y llevarlos a juicio.
También se espera que al menos dos vecinos de la zona, que habrían visto a los delincuentes en su huida, aporten datos sobre sus identidades.
Pero la Policía espera poder encontrar el arma usada (posiblemente calibre 22 o 32), con lo que se cerraría el cerco.
"A esta altura lo único que pido es que detengan a esos asesinos. No me queda otra cosa...", dijo Manuel Eduardo López, el padre del joven remisero Juan José "Humita" López, quien permanece en coma 4 irreversible desde el jueves a las 3.30 de la madrugada, cuando dos delincuentes lo balearon por la nuca.
Los pasillos del hospital Padilla, donde el joven de 23 años sobrevive conectado a un respirador artificial, están repletos de remiseros, amigos y parientes que deambulan con la mirada perdida, balbuceando oraciones esperanzadas.
"Por suerte nos están ayudando mucho los remiseros. No necesitamos nada; sólo que se haga justicia y que se apuren en atrapar a estos tipos", reiteró Manuel López, quien lava autos con su esposa y uno de sus cinco hijos.
Los $6 o $7 que cada día llevaba "Humita" a la casa eran el único ingreso fijo. Cuando lo asaltaron, tenía menos de $10 en el bolsillo, pero los delincuentes, asustados, huyeron sin llevarse nada.
Pistas firmes
La Policía, según se supo, contaría con buenos datos sobre los violentos asaltantes que abordaron el Fiat Palio que conducía López en el barrio Oeste I, en la base de la remisería San Cayetano.
El muchacho fue baleado en la esquina de La Madrid y pasaje Agustín Maza, en Floresta. De acuerdo con lo que pudo saberse, en esa zona está centrada la atención de los pesquisas de la Dirección General de Investigaciones, quienes, al mando del comisario Alfredo Jiménez, están tratando de dar con ellos.
Los delincuentes fueron vistos de frente por al menos dos personas. Entre ellas figura el propietario del auto que conducía la víctima, un policía que trabaja también como remisero y que estaba en la remisería, y otro chofer. En ellos dos y en el posible reconocimiento de los sospechosos -cuando se los detenga- están centradas las expectativas del fiscal Gustavo Estofán, puesto que por la ausencia de testigos y la aparente carencia de pruebas sólo esa medida posibilitaría imputarles el delito y llevarlos a juicio.
También se espera que al menos dos vecinos de la zona, que habrían visto a los delincuentes en su huida, aporten datos sobre sus identidades.
Pero la Policía espera poder encontrar el arma usada (posiblemente calibre 22 o 32), con lo que se cerraría el cerco.






