Monroy saca pecho y pide pista en San Martín - LA GACETA Tucumán

Monroy saca pecho y pide pista en San Martín

Tiene 21 años y sólo un puñado de minutos en Primera pero, fiel a su historia, va por más.

17 Oct 2021
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QUIERE SEGUIR APRENDIENDO. Monroy escucha mucho a De Muner y los jugadores más experimentados del plantel “santo”. fotos de alejandro cruz

Lleva sólo ocho minutos jugados en Primera, pero para él parece toda una vida. Está feliz, sonríe a cada paso y disfruta a fondo cada entrenamiento. Leonardo Monroy vive un sueño del que no quiere despertarse, porque aspira a seguir sumando capítulos a una historia de locos.

Tiene 21 años, nació en Las Estancias (Catamarca) y desde muy chico se propuso ser futbolista. Con siete años comenzó a despuntar el vicio en Unión Aconquija y en 2018 no dudó ni un instante cuando le propusieron venir a probar suerte en San Martín. “Yo había jugado 10 partidos en el Federal A con Unión y había logrado convertir un gol. Como el club no la pasaba bien y había descendido Daniel Mazzarella, un entrenador de Aguilares que estaba allí, me dijo que podía conseguirme una prueba. No lo dudé, armé el bolso y me vine”, cuenta el “chiquitín” en diálogo con LG Deportiva.

“San Martín había ascendido a Primera y estaba por comenzar su participación en las inferiores de la AFA. Estuve dos semanas a prueba y quedé. Fue como tocar el cielo con las manos”, agrega, quien durante los primeros meses viajaba todos los días desde Concepción (en donde vivía) por el simple hecho de seguir alimentando su deseo.

Nunca bajó los brazos. Jugó en Quinta, se ganó la chance de sumarse al plantel de Reserva y luego fue una fija en el primer equipo liguista; hasta que Floreal García asumió de manera interina tras la salida de la dupla Favio Orsi-Sergio Gómez y lo invitó a sumarse al plantel superior.

Debutó el 19 de abril en la victoria de San Martín sobre Nueva Chicago en Mataderos (ingresó faltando un minuto para el final), pero no se quedó de brazos cruzados. La siguió peleando, se esforzó en cada entrenamiento y logró ganarse un lugar en el grupo que el pasado fin de semana viajó a Río Cuarto. “Pablo (De Muner) se fija mucho en el día a día de cada jugador. Me dio su confianza y traté de aprovecharla al máximo”, dice sobre esos ocho minutos que estuvo en cancha en el Antonio Candini. “Tuve la chance de marcar el gol del triunfo pero le pegué mal. En milésimas de segundos me pasaron mil cosas por la cabeza. Abrí el pie, pero no era lo mejor. Tenía que haberle pegado con el empeine, fuerte. Me hice mucho la cabeza en los días siguientes. Pero ya está, tengo que seguir”, agrega.

Rápido, encarador, agresivo en el mano a mano y atrevido. Esas son sus características y lo que hizo que el entrenador decidiera ponerlo como titular durante la sesión matutina de ayer.

Monroy no se achicó y cumplió, aunque sabe que nada está dicho de cara al juego de mañana contra Temperley. “Estoy tranquilo. Trabajo cada día para intentar superarme y trato de escuchar a los más grandes del plantel. (Hernán) Pellerano y (Hernán) Lopes me hablan mucho y yo los escucho, sé que sus experiencias pueden ser muy útiles para mi carrera”, señala.

Todavía no sabe si logrará debutar como titular. Sin embargo, no piensa demasiado; asegura que prefiere disfrutar un momento por el que luchó desde muy pequeño. “Valoro mucho estar en este club y la oportunidad que me dieron. Sé que no es sencillo ganarse un lugar en este plantel y que los nervios pueden llegar a jugarme una mala pasada. Por eso trato de estar tranquilo, de mirar, de escuchar y sobre todo de aprender de mis compañeros y del entrenador”, firma y deja en claro que ahora quiere pisar La Ciudadela llena de gente y poder aportarle cosas buenas al equipo. “Tuve la suerte de vivir lo que es ese estadio con público. Iba a la tribuna y cuando la gente comenzaba a alentar se me ponía la piel de gallina. Ojalá pueda tener una oportunidad”, pide el muchachito que hoy vive en la pensión del “Natalio Mirkin”.

Si bien es uno de los futbolistas con menos experiencia del plantel, “Leo” no le escapa a la responsabilidad. Sabe de las exigencias con las que se convive en Bolívar y Pellegrini y tiene en su cabeza y en su corazón grabado a fuego el objetivo que se trazó el grupo hace un tiempo. “Tenemos que seguir luchando. Quedan cinco partidos y debemos ir por todo”, sentencia, a tono con que predica su DT y con lo que piensan sus compañeros. “Lamentablemente no aprovechamos algunas de las oportunidades que se nos presentaron, pero no debemos quedarnos en eso. Pablo nos dijo que tenemos que ir por más, que van a aparecer nuevas chances y que debemos estar listos y atentos para no dejarlas pasar. Ganarle a Temperley puede llegar a ser el empujoncito que necesitamos; e iremos a fondo para tratar de conseguirlo”, cierra el juvenil, que habla como un jugador que tiene mil batallas sobre su lomo.

Monroy no es de bajar los brazos ante el mínimo obstáculo. Su historia de lucha así lo demuestra y él pide más, porque si bien ya vive un sueño ahora va por otro; mucho más grande.

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