Cine tucumano: Etiqueta NCT - LA GACETA Tucumán

Cine tucumano: Etiqueta NCT

Por Juan Carlos Veiga - Director de la Escuela de Cine, Video y TV (UNT)

20 Jun 2021
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Etiqueta: calificación simplificadora o mote que suele hacer referencia a alguna característica de alguien o algo.

Hablar de una etiqueta, que englobe los contenidos de una actividad tan diversa, subjetiva y plagada de aristas puede parecer una tarea sumamente arriesgada, más aún con las nuevas plataformas, tecnologías que han ido hasta mutando reglas y lenguajes.

Unificar de manera simplificadora y más aún encontrar características comunes a contenidos tan amplios y muchas veces en las antípodas, parece ser un capricho de algún director tirano o la sigilosa maniobra de un hábil publicista.

Sin embargo -y a pesar de mis coincidencias en los argumentos vertidos en este debate por quienes consideran banal, exagerado o inverosímil el apelativo Nuevo Cine Tucumano- me permito cuestionar que a pesar de lo que pueda provocar en primera instancia, merece intentarse dar un giro en la mirada de este mote.

Resulta primordial establecer definiciones esenciales: ¿qué es nuevo? ¿Qué abarca el cine en estos tiempos?

Para ello me permito tener una mirada minimalista que defina los términos del Nuevo Cine Tucumano (NCT) de manera más pragmática, entendiendo que lo “nuevo” no necesariamente supone la existencia de algo “viejo”. Así es como en medio de un monte puede trazarse una ruta de asfalto y esta sería nueva, aunque jamás haya habido un camino por allí, más allá de tramos de senderos más antiguos. En ese caso se denominaría “la nueva ruta”.

A partir de allí y entendiendo la novedad, efectividad y aceptación de las diferentes maneras audiovisuales actuales de contar historias y también de consumirlas, comparto que llamar cine solo a la más ortodoxa y romántica manera de realizarlo es caer en la descalificación de ese enorme abanico de obras de diferentes formatos, géneros y, por qué no, especies de la fauna audiovisual.

Es cierto que corremos el riesgo de caer en lo burdo de una bolsa sin fondo que tiene el marbete de NCT repleto de contenidos efímeros ante el descuido del análisis crítico. Pero me parece interesante despegarnos de ciertos prejuicios sobre los prejuicios.

En este afán me planteo cambiar el punto de vista sobre la etiqueta, que hasta aquí percibo que es juzgada desde la calidad, cantidad y variedad de las películas, con magníficos análisis y criticas técnicas de las realizaciones, con excelentes descripciones de sus aspectos narrativos y estéticos, a cambio de una visión que haga foco en contemplar el contexto y la dimensión del espacio temporal que venimos construyendo.

Está mirada de la Etiqueta NCT como un rótulo a la etapa misma que tal vez haya empezado a desarrollarse con la catarata de obras audiovisuales que pululan en festivales, plataformas digitales, televisión, cines, etc., es la que me parece valioso analizar, dejando de lado las características de las películas en sí y poniendo el lente en el período de tiempo durante el cual se desarrollan.

Porque ese surgimiento genuino de la actividad no lo trajo la cigüeña. Floreció a partir de estructuras que permiten hablar de un nuevo movimiento en la vida cultural de los tucumanos y esa estructura son las instituciones. Así es innegable la tracción que generó al sector la visionaria decisión de la UNT de crear en 2005 la Escuela Universitaria de Cine, Video y Televisión (y vaya si su nombre no sintetiza a qué llamamos cine), a lo que se sumaron acertadas políticas de Estado y de instituciones de todo tipo que entendieron la fuerza de la comunicación audiovisual, dando el puntapié inicial a esta nueva etapa.

De allí se incorporaron más estructuras, como asociaciones y cámaras de realizadores y la flamante Ley de Fomento Audiovisual como último puntal institucional. Todos ellos componen los cimientos formales de una actividad que por muchos años se caracterizó por la informalidad y que dio lugar a este despertar audiovisual para poder seguir el tren de un contexto global sumamente mediatizado.

Es por ello que poner el eslogan de Nuevo Cine Tucumano puede resultar una tentación para muchos como una inyección marketinera, como esas acciones estratégicas que en la industria muchas veces representan inversiones de grandes proporciones para asegurar su éxito, aunque prefiero depositar esa estrategia, en todo caso, no sobre un estilo o rasgo particular de nuestras obras, sino sobre un breve período actual que puede ser apenas la punta del ovillo de un movimiento cultural tucumano que comenzó por estos años. Si este movimiento no se consolida como el Nuevo Cine Tucumano, el tiempo mismo se encargará de destruir el marbete. Eso sólo lo sabremos al final de la película.

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