"Glen o Glenda”, la película que te recomendamos para este domingo - LA GACETA Tucumán

"Glen o Glenda”, la película que te recomendamos para este domingo

Es un film torpe, plagado de errores; pero por una razón incomprensible, funciona.

18 Abr 2021
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Por Daniel Medina


Tomemos distancia de las últimas películas. Dejemos de hablar, al menos por esta semana, de los estrenos. A veces, la única forma de avanzar es con una mirada anacrónica. Mirar el pasado, para poder entender mejor el presente.

Un adelantado es, según Borges, aquel, del que se sabe después, que llegó antes. Y Ed Wood, al que todos consideran el peor cineasta de todos los tiempos, fue un adelantado, solo que todavía pocos se dan cuenta.

Han pasado 68 años desde el estreno de su opera prima y aún es ninguneado. Al igual que Godard (que sí goza de buena prensa entre los intelectuales) ha destrozado el lenguaje cinematográfico, encontrando–es posible que sin querer, es verdad- una voz única (una voz sucia, torpe, por momentos incomprensible; pero única), una voz que transmite tanta pasión que es imposible dejar de admirar su trabajo. Ed Wood es un Godard incomprendido.

Pocas operas primas están a la altura de Glen or Glenda (1953). Tiene el mismo impacto que El ciudadano (no por nada Tim Burton imaginó un encuentro entre Orson Welles y Wood –dos potencias se saludan) y, al igual que Los 400 golpes, la película tiene la gran virtud de ser una obra maestra sin parecerla.

Glen or Glenda es subversiva tanto por su forma como por su contenido. Ed Wood – que escribe, dirige y protagoniza el film- hace un alegato a favor de la legalización del travestismo. Es un film-ensayo, en el que se disparan argumentos para convencer al receptor de que reconozca o al menos llegue a tolerar otro tipo de preferencias. “¿Cómo puede ser que un hombre no pueda ponerse un buen vestido y salir a la calle sin que los policías lo detengan?”, se pregunta Ed Wood en 1953.

Pero es la técnica lo que hace a Ed Wood memorable, porque ha logrado convertir cada uno de sus defectos, que son muchos, en sus grandes virtudes: no hay plata para extras, entonces planta la cámara en medio de la calle y empieza a filmar, sin avisarle a esas personas que se están convirtiendo en personajes y entonces vemos a estos curiosos mirando directo a la cámara para derribar la cuarta pared; se queda corto de cinta y decide pegar fragmentos de otras películas (que no le pertenecen) y el resultado es que acaba con la linealidad cronológica y presenta un discurso fragmentado, acaso metafórico (se pegan fragmentos de un bombardeo de guerra, de búfalos desbocados, escenas de películas pornosoft) con unas asociaciones libres que le pondrían la piel de gallina al mejor surrealista. Y desde luego está el mítico Bela Lugosi, todavía Drácula para todos, en los últimos estertores de la actuación. Es un narrador-presentador único para una película única. De su boca sale esta frase: “Sólo la infinitud de la profundidad de la mente humana... puede contar realmente una historia”. Esa frase, intuyo, define perfectamente a Wood. No había tiempo para detenerse a pulir, a perfeccionar, no había tiempo que perder, porque había que seguir contando… vomitando historias. Glen or Glenda es una película torpe, plagada de errores; pero por una razón incomprensible, funciona. 

Es tan mala que es buena.

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