Para este fin de semana te recomendamos El Agente Topo - LA GACETA Tucumán

Para este fin de semana te recomendamos El Agente Topo

Un infiltrado en el geriátrico es la excusa de la realizadora chilena para retratar un mundo que pocos quieren ver.

05 Mar 2021
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                                                                   Por Daniel Medina

No es casualidad que un cine que ha infantilizado a su audiencia tenga problemas para abordar la vejez como tema.

Envejecer -dijo el escritor Philip Roth- no es una batalla, sino una masacre. Y nadie quiere ser testigo de la decrepitud, ni del desmoronamiento paulatino e inexorable del cuerpo y de la mente, que, tarde o temprano, enfrentarán nuestros padres, seres queridos, nosotros mismos. Es lógico que no deseemos ver eso tematizado en la pantalla, en parte por el temor que tenemos, pero también porque el cine mainstream nos ha entrenado para que no demandemos de una película más que mero entretenimiento o evasión.

Pero debemos exigirle al cine –y al arte en general- que sea más que una forma cómoda de matar el tiempo.

La semana pasada estrenaron en Netflix dos películas que voy a poner a dialogar en esta reseña.

Una es “Descuida, yo te cuido” y ocupó por algunos días el podio de las más vistas en la Argentina. La trama es la siguiente: Marla Grayson vive de convencer a la justicia de ser la custodia ideal para adultos mayores, bajo la premisa que ellos no pueden mantenerse por sí mismos. Cuando consigue la custodia, Marla los pone en un asilo de ancianos, les quita el contacto con el mundo exterior y se apropia de sus bienes. Hasta que se mete con la octogenaria equivocada.

Uno creería que una película que va de encerrar ancianos en asilos tendría muchas escenas filmadas donde se verían los geriátricos y a sus residentes. Sin embargo, son apenas visibles. El director soslaya aspectos centrales de esa indefensión. Los ocupantes están fuera de foco o sólo aparecen en fotografías, que son vistas por la protagonista:


Las fotos están en un segundo plano, a veces incluso fuera de foco. Hay más tomas de la protagonista en el gimnasio (intentando mantener su cuerpo sano y joven) que de sus víctimas. Así, una película que plantea cómo dos inescrupulosas se aprovechan de ancianos, casi no muestra a esos ancianos. Nos protege de enfrentar lo que seremos y nos invita a identificarnos con las protagonistas.

La película chilena El Agente Topo es la respuesta a todo lo que falta en “Descuida, yo te cuido”.

La película de la directora Maite Alberdi se presenta como un documental. Esto es en parte verdad; pero no completamente. El Agente Topo es un artefacto audiovisual híbrido, que usa algunos pilares de la ficción para mostrar mejor la realidad. Encasillarla en un género es tan difícil como inservible. 

La trama es la siguiente: un detective privado es contratado por una mujer, que está preocupada por la situación de su madre, residente en un geriátrico. La hija sospecha que a su madre la maltratan y no le dan todos los medicamentos. El detective pone un aviso en el diario para contratar a un octogenario, que pueda infiltrarse en la residencia por tres meses y ver cuál es la situación ahí. Todas las entrevistas laborales son grabadas por los documentalistas, que ya han pedido permiso para filmar en ese geriátrico. Estas escenas encierran una fuerte carga emocional: esos hombres, solos, que no saben lidiar con la tecnología, quieren sentirse útiles una vez más, por eso buscan el trabajo. Maite Alberdi monta sobre la estructura de un falso policial el andamiaje para contar la vida de quienes residen en el lugar: Rómulo,de 83 años, es el “agente topo” o agente encubierto que se infiltra para tratar de descubrir un hecho delictivo y que no sabe –porque ni siquiera la directora podía saberlo- que a lo largo de esos tres meses lo que la cámara descubrirá es la transformación del propio Rómulo.

Alguien ha dicho que todos queremos a nuestras madres hasta que tenemos que cambiarles el pañal. La palabra “todos” es la que duele de esa premisa. El documetal muestra que en parte eso es verdad: la soledad de estas personas se palpa: la mayoría de los residentes no recibe ninguna visita a lo largo de esos tres meses. Pero el documental también muestra que la vida es más compleja. Sin golpes bajos, ni solemnidad, con ternura y humor; Maite Alberdi nos reconecta con la realidad.

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