Malcolm y Marie: te recomendamos esta particular película para el finde - LA GACETA Tucumán

Malcolm y Marie: te recomendamos esta particular película para el finde

Son 106 minutos de ejercicio estético y reflexiones sobre forma, contenido y el rol del artista.

26 Feb 2021
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                                                                        Por Daniel Medina


No les va a gustar. No en el sentido facebukiano de la palabra “gustar”, que denota algo fácil, sencillo, predecible. Lo “megusteable” es lo que nos conforma y nos confirma lo que sabemos, lo que somos.

La película que les propongo para este fin de semana no se parece, en nada, a las que figuran entre las más vistas o más buscadas.

Malcolm y Marie trabaja a contrapelo. ¿De qué va la peli?, se preguntarán. La respuesta es sencilla: una pareja encerrada en una casa discute, discute un poco más y después sigue discutiendo. Y un poco antes del final hay más discusiones. Y entonces se termina. Básicamente son 106 minutos de dos personas tratando de destruirse con palabras.

La trama importa poco en este caso. La mayoría de películas y series que se producen de manera fordista sólo sirven para atrapar al espectador/consumidor para que se preocupe por qué pasará después.

Hace unos días Martin Scorsese publicó un largo ensayo en la revista Harpers sobre el cine de Fellini, en el que observaba con preocupación lo que pasa hoy en día.  “El arte del cine está siendo sistemáticamente devaluado, marginado, degradado y reducido a su mínimo común denominador, el ‘contenido", escribió, quejoso, el director de Toro Salvaje. Scorsese además cargó contra los algoritmos, porque “sugieren” más visualización basados en lo que ya se ha visto, y las sugerencias se basan solo en el tema o el género.

Como película sobre una pareja en descomposición Malcolm y Marie tiene poco que ofrecer. No hace nada nuevo. Ni lo hace mejor que algunos de sus predecesores. Ya hemos sido testigos de mejores discusiones en Minnie and Moskowitz, de John Cassavetes (con la que Malcolm y Marie dialoga de manera descarada) y hasta en Antes del anochecer, de Richard Linklater. Historia de un matrimonio es otra que tiene discusiones memorables. Y algún lector mencionará novelas de Philip Roth, que  ha llevado al extremo el arte del incordio. Pero lo interesante de los cruces verbales de Malcolm y Marie es que están atravesados por debates sobre el cine y abundan las trampas para el espectador. Algunos ejemplos: el personaje masculino, que encarna, a un director de cine, se ríe de una periodista crítica de cine porque sabe que deberá recurrir al temeroso eufemismo de “personas de color” o “afroamericanos” porque no se animará a escribir “negros”. Es una trampa hecha para todos los reseñistas.

En otra parte dice que está harto de todas las películas bien pensantes hechas por blanquitos sobre personajes negros. Pero la película que estamos viendo está dirigida por un “blanquito” (Sam Levinson). 

“El cine no tiene que tener un maldito mensaje. Tiene que tener corazón y electricidad”, dice el actor, en una película llena de mensajes.

Último ejemplo: el personaje que encarna la actriz Zendaya se queja de una puesta en escena llena de misoginia, en la película dirigida por su novio, porque la protagonista tiene una innecesaria escena sin corpiño. Habla de “sexualizar un personaje”, mientras la misma Zendaya está casi desnuda.

Es una película autoconsciente, que genera preguntas, pero no da respuestas tranquilizadoras.

La mayoría de las series que consumimos se producen así: hay un equipo de ocho guionistas, con un jefe. Se juntan todos y debaten sobre qué va a pasar en el episodio uno. Se ponen de acuerdo sobre todos los hechos y encargan a uno de esos ocho escribir los detalles. Después pasan a discutir el capítulo dos. Se ponen de acuerdo “a groso modo” sobre lo que tiene que pasar y otro de esos ocho guionistas hace el picado fino: diálogos, detalles. Cada capítulo es filmado por un director distinto con un equipo distinto. El resultado es la incoherencia estética. La falta de rigor.

Muchas series (no todas, hay excepciones, por supuesto) parecen filmadas “como para que se entienda”. No parece importar mucho dónde va la cámara, el encuadre, ni la luz. 

Al director de Malcolm y Marie le interesa mucho. Es un preciosista. Cada movimiento de cámara es riguroso. Hay encuadres perfectos. La forma en que se narra no debería ir separada de la forma.

No va a ser una película sencilla. Pero vale la pena el esfuerzo.

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