El descontento docente empañó el inicio de clases en Tucumán

Más de 15.000 docentes autoconvocados repudiaron la forma en que se encaró la negociación salarial, desoyendo la conciliación obligatoria.

03 Mar 2020 Por Magena Valentié
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MULTITUDINARIA PROTESTA. Los docentes salieron masivamente a las calles, ayer, por la mañana, a protestar por la marcha de las negociaciones salariales.

El Gobierno hizo todo lo que estuvo a su alcance para que las clases comenzaran ayer en Tucumán, pero no lo logró. La inauguración fue una cáscara vacía, una puesta en escena con autoridades de traje y pocos alumnos de blanco. La postal de la escuela n° 130 “Doctor Alberto Rougés” de La Bolsa, Lules, fue un truco porque la realidad no estaba ahí. La realidad pasaba por frente a las narices de la Casa de Gobierno, pero nadie la vio venir. El ministro de Educación Juan Pablo Lichtmajer consultado en la mañana por LA GACETA dijo: “hay 2.000 escuelas abiertas esperando a los chicos”. Era verdad, pero la mayoría estaba vacía, porque mientras él y el gobernador, Juan Manzur, inauguraban el ciclo lectivo 2020 a 21 kilómetros de la capital, frente a la propia sede gubernamental más de 15.000 docentes autoconvocados -según los organizadores- desahogaban su descontento.

La confusión y la indignación tiñieron la jornada. Una labor de relojería que se armó desde el Ministerio de Gobierno para que se acatara la conciliación obligatoria aceptada por el Frente Gremial Docente a última hora del día viernes, quedó inútil. Los engranajes no funcionaron por una multiplicidad de factores. El principal y más grave fue el desconocimiento de representatividad expresada por las bases. La presencia de “docentes autoconvocados” de distintas facciones desprendidas de ATEP y APEM, principalmente, es la que se hizo sentir ayer en la plaza Independencia.

“Fue una jornada histórica que no veíamos desde hacía dos décadas en Tucumán y más valor tiene por el hecho de que es una desobediencia docente tanto a las autoridades del Gobierno como a las gremiales ante una legislación vigente que consideramos injusta”, dice exultante Hugo Brito, de la agrupación Docente Isauro Arancibia, maestro de grado y profesor de Historia. Brito fue uno de los miles de docentes que se pasaron el sábado y el domingo escribiendo pancartas y ensayando los cánticos que se escucharon ayer en la plaza.

El factor tiempo también jugó en contra del inicio de las clases. “El viernes salimos del congreso de ATEP con la idea de que se había decretado paro por 48 horas y movilización. A la noche el Gobernador dicta la conciliación obligatoria y al día siguiente, el sábado, nos enteramos por los medios de comunicación que los gremios iban a acatar la conciliación. Todo el mundo pensó que era algo preparado. Eso provocó el enojo de los docentes que empezaron a movilizarse por las redes, pese a las advertencias de que nos iban a descontar los días de huelga. El domingo yo tenía 2.000 mensajes en mi celular, fue una locura”, relata Brito.

Algo similar cuenta Leonardo Sánchez, director de la escuela Niñas de Ayohuma: “el viernes por la noche nos enteramos de lo que había decidido el congreso de ATEP y el sábado, por los medios, que quedaba sin efecto. Los docentes ya no damos más: pedimos reconocimiento de la deuda paritaria de 2019, de la cláusula gatillo de diciembre, enero y febrero, y la titularización de docentes de nivel medio porque la ley está sancionada pero nunca se reglamentó”.

El tercer factor fue la gran adhesión de los docentes privados. “Sólo el 60% de los colegios iniciaron las clases, muchos otros decidieron comenzar directamente el miércoles (por mañana)”, contó el padre Fernando Giardina, presidente de Consudec. La institución reúne a 23 establecimientos católicos con 1.200 docentes. Los colegios salesianos y de las Hermanas Esclavas están entre los que decidieron iniciar las clases mañana.

“El malestar es muy fuerte. No es solamente el problema de la cláusula gatillo, es un cúmulo de cosas, como la falta de actualización de las asignaciones familiares, el pago fuera de término de lo sueldos docentes y otras más”, afirma el sacerdote.

Bernardo Beltrán, titular de Sadop, entiende que ayer “se expresó el malestar que existe en la docencia respecto a la forma en que se está manejando la cuestión salarial. Pero también queda de manifiesto, en lo que a nosotros respecta, una falta de política educativa para el sector privado”.

Una recorrida de LA GACETA por las escuelas bastó para evidenciar el alto acatamiento a la medida de fuerza. El propio secretario de ATEP, David Toledo, reconoció que la actividad educativa ayer era “casi nula”. En las escuelas Mitre y Bernardo de Irigoyen el panorama era idéntico: aulas desoladas y personal de Construcciones Escolares y empresas privadas pintando paredes y reparando techos. En la escuela Belgrano la directora, Isabel Lemoine era la única persona que garantizaba que la escuela estuviera abierta.

La confusión también llevó al descontento: Toledo tuvo que aclarar que ATEP jamás aceptó la propuesta salarial del Gobierno para pagar la cláusula gatillo, como supusieron algunos docentes. Por el contrario, se retiró de la mesa de negociación rechazándola. Luego, tardísimo, cuando el congreso de ATEP ya había terminado, el Frente Gremial tuvo que aceptar la conciliación obligatoria. Pero el engranaje de la indignación ya era imparable. Hoy es un día clave. A las 15 está citada la primera reunión en la Secretaría de Trabajo dentro del marco de la conciliación. La negociación entre el Gobierno y el Frente Gremial puede durar 15 días y si no prospera, otros cinco días más. Pero el hilo ya no da más, los docentes exigen una respuesta ya.

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