En la tercera crisis desde el retorno de la democracia

Evitar una debacle mayor en la Argentina debe ser una prioridad para la dirigencia política. La necesidad de un acuerdo entre Macri y Fernández se hace cada vez más evidente.

02 Sep 2019
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Rosendo Fraga ARCHIVO

Rosendo Fraga

Director del Centro de Estudios Unión para la Nueva Mayoría

A faltan menos de dos meses para la primera vuelta, Alberto Fernández va delineando su política exterior, definiendo la economía por lo que no hará y buscando despejar temores en la justicia.

Cristina Fernández de Kirchner, en tanto, ha vuelto de Cuba y el sábado que pasó presentó su libro en La Plata. Seguirá este mes, con presentaciones en varias ciudades del interior del país.

La exitosa movilización del oficialismo del 24 de agosto le permite evitar la dispersión de sus partidarios, cohesionar a sus votantes y recrear la esperanza de triunfo entre ellos. Es una paradoja que esta movilización exitosa haya surgido de un ámbito, con el cual el presidente Mauricio Macri no ha tenido buenas relaciones, como es el cine, ya que fue convocada por un actor (Luis Brandoni) y un director (Juan José Campanella).

El Presidente sostuvo que “se puede dar vuelta” la elección, entusiasmando a sus votantes. El argumento es que, en las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO) de 2015, Cambiemos obtuvo un 30%, en la primera vuelta un 34% y terminó ganando con un 51%. Es decir se sumaron 21 puntos desde lo obtenido en las primarias.

Pero este pronóstico, encuentra dos objeciones:

• La primera es que entonces la economía no jugaba negativamente para Macri como ahora.

• La segunda que el Peronismo esta unido y no dividido por Sergio Massa como sucedió entonces.

Es probable que esta movilización exitosa, entusiasme a un oficialismo desmoralizado, como sucedió dos meses atrás con la elección del senador peronista Miguel Ángel Pichetto como candidato a la Vicepresidencia, que finalmente no influyó demasiado en el resultado electoral. Además, faltan dos meses hasta la primera vuelta y hasta entonces muchas cosas pueden cambiar, en uno y otro sentido.

Amenaza inflacionaria

Pero la gran amenaza electoral para el gobierno es la inflación de agosto y setiembre, que el mismo ministro de Hacienda (Hernán Lacunza) ha dicho será alta. Macri ha ratificado al jefe de Gabinete, Marcos Peña, y los demás ministros.

Pero es el reclamo de compensación de los gobernadores, por la baja del Impuesto al Valor Agregado (IVA) a los alimentos, el aumento del piso para el pago del impuesto a las Ganancias y el congelamiento del precio de la nafta, el conflicto político más importante del gobierno en lo inmediato. Numerosos mandatarios provinciales se presentaron ante la Suprema Corte de Justicia de la Nación, reclamando la “inconstitucionalidad” de las medidas.

La necesidad de un acuerdo político entre Macri y Fernández se hace evidente tanto en las conversaciones con el FMI, como en la relación con la Administración Trump y para los mercados. Se trata de la condición necesaria, aunque puede no ser suficiente para recuperar la confianza económica.

La misión del FMI, se reunió con el Ministro de Hacienda y Finanzas y delegados económicos del ganador en las PASO. La renovación del acuerdo- si se logra-, requerirá seguramente un acuerdo tripartito que incluya a ambos candidatos (Macri y Fernández), el que parece cada vez más lejos al comenzar setiembre.

En este contexto, el descontrol de los mercados (aumento del riesgo país y del dólar, caída del valor de las empresas argentinas, fuga de capitales, comienzo de salida de depósitos, etc.), muestran que la Argentina ya vive una crisis de envergadura, en la cual se combina la desconfianza económica, con las dificultades políticas que sufre un gobierno que ha tenido una fuerte derrota electoral, en las primarias.

Los acuerdos

Sólo asumiendo que la Argentina enfrenta en 2019 una crisis de la envergadura de las sufridas en 1989 y en 2001, existirá la posibilidad de generar los acuerdos políticos que permitan controlarla o al menos contenerla, cuando todavía faltan 100 días para la finalización del mandato y 56 hasta las elecciones generales.

Evitarla, es la prioridad de la política argentina a 36 años del restablecimiento de la democracia y un cuarto de siglo de la reforma de la Constitución Nacional.

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