Y un día el "Ratón" Ibañez volvió a su casa

Luego de 16 años, el futbolista regresa a San Pablo, club donde comenzó su carrera.

21 Abr 2019 Por Miguel Eduardo Décima

Siempre se vuelve al primer amor. Esta expresión se ajusta como anillo al dedo a lo que hoy le toca vivir a Gustavo César Ibáñez.

A los 39 años, tras jugar las últimas cinco temporadas en Juventud Antoniana de Salta, decidió pegar la vuelta y fichar en San Pablo, club que hace 22 años lo vio debutar en Primera división en un torneo de la Liga Tucumana de Fútbol. Francisco Medina Ortiz le dio oportunidad de pegar el primer gran salto de su carrera.

“En un primer momento, tenía chances de sumarme al plantel de San Juan para el torneo liguista, pero cuando en San Pablo se enteraron de esa posibilidad, me hablaron y me terminaron convenciendo para regresar al club de mi pueblo. Se formó un muy lindo grupo”, acotó.

POSTALES. En la foto de arriba, Gustavo César Ibáñez en sus comienzos futbolísticos en San Pablo; en el medio, con la camiseta de San Martín, donde jugó dos ciclos; a la derecha, su regreso al “Paulistano”. la gaceta / foto de DIEGO ARAOZ

Cuando se concretó el regreso a su San Pablo querido, LG Deportiva tomó contacto con el habilidoso atacante, que se mostró complacido con poder recordar su transcendental carrera futbolística, que le valió que el hincha lo bautizara con el mote de “Súper Ratón”. Su figura trascendió las fronteras de nuestra provincia y se ganó el respecto de propios y extraños. Esta situación hizo que se convierta en uno de los ídolos máximos que San Martín tuvo en los últimos 25 años.

Lo que pocos recuerdan es que Ibáñez estuvo muy cerca de ser jugador de Atlético, antes de terminar fichando en la entidad de La Ciudadela. “Fue en 2002 cuando estuve entrenando en Atlético, incluso hice la pretemporada con el plantel profesional, pero finalmente terminé firmando en San Martín. A la luz de los hechos, vaya si tomé la decisión correcta (sonrisa)” comentó el delantero que quiere volver a deleitar a la afición “paulistana”.

Reconoce que los mejores momentos de su carrera los vivió en La Ciudadela, como aquel ascenso a Primera división de la AFA en la temporada 2007/08. “Eso fue lo mejor que me pasó en mi vida futbolística. Ese hecho aún se mantiene vivo en mi memoria. Cierro los ojos y todavía recuerdo las imágenes de un estadio a pleno en el partido que empatamos con Rafaela. Fue algo incomparable”, dijo.

Como contracara, lo más triste lo vivió al final de la siguiente temporada, cuando el equipo tuvo que saborear el amargo sabor del descenso. “La mayor frustración fue no haber podido mantener la plaza en el círculo superior, que tanto nos había costado conseguir. Pero el fútbol tiene esas cosas que lo vuelven impredecible”, comentó.

Otra de las vivencias que le causó desazón es cuando al final de la temporada 2003/04 se fue de San Martín para fichar en Juventud Antoniana. “Es que en mi mente estaba poder cerrar mi carrera con esa camiseta, pero ese sueño se desvaneció de un día para otro cuando me declararon prescindible. Pero para ser sincero, en las cinco temporadas que tuve en Salta seguí alimentando esa posibilidad pero, en mi regreso a la provincia, comprobé que eso se iba a terminar convirtiendo sólo en una expresión de deseo. Por todo lo que viví con esa camiseta, me hubiera gustado irme de otra forma del club”, señaló quien se podrá dar el gusto de jugar por primera vez junto a su sobrino César Abregú, con quien no pudo compartir plantel en San Martín.

“Lo que ocurrió fue que, en 2014, a César recién lo subieron al plantel profesional y ese año me fui a jugar a Juventud Antoniana, que en esta temporada perdió la categoría en el Federal A”, dijo.

Aparte de los ascensos, una tarde inolvidable que vivió el “Súper Ratón” fue aquella tarde del 27 de noviembre de 2007, cuando anotó los tres goles con que San Martín le ganó de visitante a Belgrano de Córdoba. “Fue una jornada soñada, me salieron todas las jugadas que intenté. Fue un triunfo que potenció las chances de ascenso, algo que se concretó seis meses después”, acotó quien consideró que la profesión le dio la posibilidad de tener muchos amigos. A esa lista la encabezan Mariano Campodónico, Gustavo Balvorín, Juan José Morales y Pablo Cantero, entre otros.

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