JOYERÍA. La pieza es de Jessica Morillo.
En la última década el arte textil se impuso como una potente tendencia en las artes visuales, principalmente en la Argentina y en esta provincia en particular. Hay una fuerte tradición y con sello propio, a no dudarlo: las randas que antes no eran reconocidas como arte, ahora lo son. El arte contemporáneo lo hizo posible, en una de sus orientaciones más fuertes, que es trabajar con el pasado, rescatarlo y relativizar o neutralizar las diferencias de género.
En el país existen 6.900 artesanos, de los cuales 6.557 son mujeres y 343, hombres. Y en el NOA son 1.729 y 213 respectivamente (datos oficiales del Registro Nacional de Artesanos Textiles). La escasa presencia de varones es un dato confirmado por todas las artistas consultadas.
Una actividad, pues, en la que el dominio femenino es contundente. Y que tanto tiene de arte como de diseño y artesanía. ¿Acaso pueden separarse tajantemente? En ese proceso, el arte textil comprende colores, fibras y texturas.
Roland Barthes encuentra en los años 50 que el origen etimológico de texto es el mismo que tejido; que el lenguaje es una trama, una red, lo que abre una gran serie de asociaciones.
“Lo textil carga con memoria y rastro de quien o quienes lo usan, es por eso que la mayoría de mis obras están hechas con donaciones: corpiños, bombachas, pelos y prendas; me interesa el rastro del otro para construir. Por otro lado, no solo el material es textil sino que también las técnicas como la costura, el bordado y los tejidos”, cuenta Jessica Morillo, especializada en joyería contemporánea.
“Creo que las mujeres estamos resignificando estas prácticas, más relacionadas a lo íntimo/doméstico, para denunciar y visibilizar o compartir situaciones de las vivencias personales pero que tiene denominadores comunes: opresión, violencia, desigualdad”, define. “Hay una gran producción textil que manifiesta estas denuncias al calor de la lucha del ‘Ni una menos’ y fuertemente por el aborto legal. Pero en cierto sentido, y en función de donde se exponga, muchas veces esas producciones terminan lavándole la cara a algunas instituciones en las que, de fondo, su política y sus vínculos terminan siendo los del poder político”, añade.
“Crecí con una madre costurera. Siempre pienso en el dibujo como disparador; conceptualmente tejo pensamiento cuando produzco”, explica Cecilia Villafuerte. Con su retrato identitario (familiar y de la provincia), señala que lo textil en su obra es lenguaje ancestral, herramienta de trabajo y manifestación de resistencia. El textil es orgánico, recuerda, por lo que tiene capacidad de transformación.
Claudia Esperguín relata que su investigación comenzó centrándose en la sexualidad femenina desde lo autorreferencial. Y describe que trabajó en varios soportes, como el hierro, telas, papel y plástico. “El beso” (un dibujo textil) forma parte de un entramado de citas y bordados. “No encuentro diferencias con lo que hacen los hombres. Hoy se están abordando muchos temas vinculados con la mujer y el feminismo. O sea, sigue siendo visto como una posibilidad de ‘expresión’ para y de las mujeres en muchos casos. Y no como una técnica buscada o en consecuencia del discurso”, asevera.
TAPIZ. La obra pertenece a una serie de Martha Forté.
Indumentaria y randas
Debe estar claro que los tapices, y lo que luego se llamó indumentaria, tienen en esta región nombres y apellidos que han trascendido las fronteras: Martha Forté, Mary Tapia y Manuela Rasgido; y en menor medida, Blanca Machuca.
Con puntos arroz, cadena, anís, “lluvia simple o lluvia doble” trabajan las randeras formas naturalistas como hojas, mariposas o pájaros, así como motivos geométricos tipo arabescos. Una vez terminado el bordado se lava la randa y se la almidona con apresto para que se endurezca el tejido.
TRAJES. Mary Tapia fue vanguardia con sus diseños.
Marisa Taborelli dice que el concepto de arte textil se emplea para describir objetos decorativos a base de textiles. “Pero es mucho más que eso. La expresión a través de una gran variedad de fibras vegetales, animales, lana, pelo, seda y plumas, entrelazadas entre sí, unido a los colores, formas, diseños y texturas, nos dejan sumergirnos en un mundo inimaginable”, sostiene.
Con “La utopía”, Carlota Beltrame ganó el Salón Nacional de Artes Visuales en Buenos Aires en 2018. Y decenas de artistas lo utilizan para las intervenciones públicas.
Lorena Sosa indica que cuando se interroga y debate a sí misma, llega a la conclusión de que dentro de cada una de sus piezas hay diseño, arte y artesanía: “unidas desde las técnicas de construcción dadas por las características de los materiales. La randa nos ha dado el hincapié inescapable de inventar cómo sacarle jugo a la fibra y hacerla disfraz”, precisa.
Hernando Migueles cuenta que parte desde el dibujo y la expansión de su campo lo lleva a incorporar el bordado como posibilidad expresiva y conceptual. “Todo lo que involucra el bordado me atrae, lo manual de su hacer, el tiempo que involucra y su proceso. Mis dibujos con bordados generalmente están realizados sobre papel lo que me permite generar cierta extrañeza en la imagen propuesta”, describe.








