El FMI teme el pedido de plata fresca

Desconfianza de los organismo ante la posición argentina frente a la negociación de la deuda.

20 Junio 2004
BUENOS AIRES.- "Así, bajo estas condiciones, va a ser muy difícil. Nos parece que las autoridades argentinas están buscando forzar alguna ayuda en efectivo para sumar a la propuesta por la deuda. Estas dilaciones generan desconfianza y no contribuyen al clima de negocios en la Argentina". La preocupada voz llegó desde Washington, desde una oficina del edificio del Fondo, en el 700 de la Calle 19 de esa ciudad.
Lo que decía el experto del FMI es que las molestias tienen que ver con la cerrada posición del tándem Néstor Kirchner-Lavagna de considerar la propuesta como la última y definitiva, postura que se le explicitó a la SEC en la presentación de días pasados. "Si las autoridades regulatorias de EE.UU. aprueban el menú de títulos, no habrá vuelta atrás, salvo que se decida dilatar todo otra vez", dijo la fuente, ratificando las palabras de Rodrigo Rato, Anne Krueger y Thomas Dawson: "no nos metemos, pero sí vigilamos y así no habrá un consenso adecuado de aceptación".
El técnico señaló que, con las naves incendiadas, en Washington se especula con que el Gobierno argentino podría solicitar algún aporte para hacer más amigable la propuesta, posición que en otras oportunidades fue descartada de plano por el ministro Roberto Lavagna, ante la postura del G-7, y aun del FMI, de no convalidar con su dinero las necesidades de los bonistas.

"Hay poca franqueza"
"¿Por qué cree que Rato dijo que ya no habrá más desembolsos automáticos?", preguntó el funcionario del FMI. "Porque aquí se percibe que hay poca franqueza de las autoridades argentinas", contestó con cierta paranoia. En Washington temen una encerrona argentina, para buscar recuperar con mayor endeudamiento y en efectivo parte de la quita que nunca se atrevió a realizar sobre la deuda contraída con los organismos internacionales.
Desde el minuto cero, la Argentina los excluyó para mantener abierto el diálogo y para no cerrar el flujo de fondos, sobre todo del BID y el Banco Mundial.
En este aspecto, que hace a la fluidez con los organismos internacionales, la última semana dejó dos hechos para resaltar:
a) la opositora Elisa Carrió y su economista de cabecera, Rubén Lo Vuolo, propusieron que se renegocie la deuda, pero con una quita que incluya a los organismos, posición muy extraña para la jefa del ARI, ya que la emparenta con lo que siempre pidieron los bancos y los bonistas.
b) Kirchner se fotografió con el titular del BID, Enrique Iglesias, para anunciar por tercera o cuarta vez el mismo préstamo de U$S5.000 millones a varios años de plazo que, como la lógica indica, será difundido marketineramente en oportunidad de cada desembolso, que se harán siempre y cuando el país esté al día con los requerimientos del FMI.
En este punto, la fuente estimó que la tercera revisión pasará bien desde los aspectos monetarios y técnicos, quizás con dos o tres dispensas, en temas estructurales no cumplidos. Cuando se consultó si el FMI considera la pelea entre Kirchner y Eduardo Duhalde como un factor que atenta contra el clima institucional y si la presencia de los piqueteros en las calles es un contrapeso a las inversiones, el funcionario admitió que ambas situaciones se siguen de cerca, y volvió a reiterar que por la deuda "saltarán chispas".
Igualmente, bien vale sumar al análisis esos dos puntos críticos porque ambos tienen un denominador común, más allá del ruido que meten en la vida argentina: son escaladas cuyo final está abierto todavía.
La primera, la de Kirchner, quien está decidido a forzar la batalla final para despegarse de lo que llama "la vieja política", porque las encuestas le siguen dando bien, a pesar del deslizamiento de los números debido al desgaste del ejercicio del poder. El Presidente pidió "alineamiento" de sus colaboradores; pretende captar a intendentes del conurbano y quedó feliz con la conformación del subloque K en Diputados para confrontar internamente con los bonaerenses.
Del otro lado, dicen que Duhalde se instalará en el Senado y que, desde allí, aglutinará fuerzas a la espera de que las mismas encuestas demuestren que se terminó la luna de miel presidencial, para confrontar a fondo.

Presión de los desocupados
Otra escalada notoria es la que efectuaron piqueteros duros el viernes, tras haber logrado que Repsol-YPF cerrara su edificio céntrico y mandara a sus empleados a la casa. El grupo de Raúl Castells tomó nueve locales de McDonald?s e hizo llegar una nota a la empresa, de puño y letra de la esposa del dirigente: "somos integrantes del MIJD y le peticionamos 20.000 cajas de leche en polvo y 10.000 textos escolares". Se quedaron tres horas y amenazaron con volver si antes del martes no hay novedades. Hoy, McDonald? s emplea a 10.000 personas directamente, a otras 7.000 de modo indirecto, a 114 chicos con capacidades especiales y compra el 97% de sus insumos en el país. Luego de cinco años de cash flow negativo, no se trata de una empresa que esté en su mejor situación económica, aunque destina muchos fondos a mantener dos casas que albergan y dan de comer a niños -y a sus familias- que tienen que viajar a Buenos Aires y Mendoza a hacerse largos tratamientos, además de mantener una unidad pediátrica móvil que recorre el país.
La empresa dijo que no aceptará el pedido bajo esta metodología. Pretenden hacerse fuertes para no convalidar la extorsión, pero -aunque ya intervino en el asunto el embajador estadounidense, con todo lo que ello implica en la negociación internacional- a la vez se sienten desprotegidos. Una constante que se viene dando desde que los piqueteros tomaron las calles para sí, la estrategia del "dejar hacer" del Gobierno, y la inacción de la Justicia, que tiene el ojo puesto para un solo lado. (DyN)

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