"Dejá para la gaseosa"

La cultura de la coima es difícil de modificar.

19 Junio 2004
Por Roberto Delgado

Hace seis años, el entonces director de Tránsito Nelson Rébora se enfrentó con un grupo de inspectores municipales que trabajaban con las grúas y que pedían su renuncia. Los llamó "runfla de mafiosos". "No puede ser que pidan para las gaseosas y la coima", sentenció. Rébora dejó la vida en la Municipalidad y la historia, con diferentes matices, parece repetirse ahora. Tras varios meses de tensiones entre los empleados de Tránsito y la subdirectora operativa Rosa Arias (cuya cabeza pidieron los empleados disconformes), la situación hizo crisis con la denuncia del secretario de Gobierno contra tres inspectores a los que sorprendió en un supuesto "arreglo" con un infractor. La consecuencia fue la intervención del área y la separación del director Carlos Almirón y de los dos subdirectores (Pablo Pedrozo y Arias), así como la suspensión de los tres acusados de coima y de otros ocho empleados.
El interventor, Jorge Billone, prometió mano dura, pero a la vez reconoció que es difícil probar las coimas, con lo cual puso el acento en el eje del problema: el acto de corrupción está hecho de secretos; el coimero es escurridizo y generalmente queda impune, porque no suele haber voluntad de investigar y porque hay una cultura de laxitud, dado que la coima abarca desde evitar la multa por lavar la vereda a deshora como un soborno millonario.
Ya en tiempos de Rébora los funcionarios desconfiaban de que pudiera hacerse algo. Cuando se descubrió una cueva de supuestos coimeros en Transporte, las cosas prácticamente quedaron en la nada y, en más de una ocasión, los dirigentes sindicales presionaron para que se levanten los sumarios administrativos. "La coima... penetra por todas partes y compra al grande, al cogotudo y al severo como al pequeño, al modesto y al humilde que se conforma y transige con tal de que le den para un café con leche", escribió Roberto Arlt en 1929. Arlt miraba con desconfianza a toda la sociedad: "no hay uno que resista a la coima... el que no coimea... deja coimear", escribía, sin conocer el hoy clásico pedido de "dejá para la gaseosa", que se atribuye a varitas y policías cuando pueden atrapar en sus manos a un pequeño infractor.
¿Qué pasará de ahora en adelante? En la causa hay un empate: tres inspectores están en la mira y los funcionarios fueron separados. Los varitas, que cargan el sanbenito de coimeros (lo odian, pero nadie, ni ellos ni la autoridad, hizo nada hasta ahora para cambiar las cosas) tienen sus propios argumentos: se mueven en una sociedad que tiene demasiadas cosas truchas. "Los infractores nos ofrecen coimas a nosotros", dijeron en un informe de LA GACETA acerca de cómo veían los varitas a la gente. Se trata de una sociedad en la que, si se puede encontrar justificable no pagar impuestos porque el Estado se roba la plata, bien puede haber quienes justifiquen pedir coimas porque el Estado paga poco. La Justicia no castiga a los coimeros y la mayoría de las investigaciones en la fiscalía Anticorrupción tiene muchas trabas.
Hace dos años, el comandante de Gendarmería dijo que era imposible hacer controles de remises porque el 90 % era ilegal; y recurrentemente los remiseros denuncian que los truchos pagan "peaje" a inspectores, sin que se pueda hacer la purga porque el sistema se traga a los buenos o los anula.¿Habrá cambios ahora? Arlt era un descreído: "cuando en su camita de hombre honesto, con los botines a la cabecera y las medias colgando de un travesaño de la silla, muere un hombre que manejó los caudales públicos y salió de las covachas administrativas tan ratón y tan pobre como entró, los magníficos furbos, los estupendos truhanes, los maravillosos sinvergüenzas, dicen, compungidamente: Era un buen hombre, pero no sabía robar. Era bien intencionado, pero no supo coimear", concluía. Un buen desafío tiene la Municipalidad por delante.

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