19 Junio 2004 Seguir en 
A menudo, las autoridades municipales proponen cambios que apuntan a ordenar el caótico tránsito de San Miguel de Tucumán. Algunos se llevan finalmente a la práctica, pero lo curioso es que casi nunca se piensa en el desdichado peatón tucumano. Cruzar en una hora pico la calle Crisóstomo Alvarez a la altura de Buenos Aires o de 9 de Julio puede resultar una odisea, y lo mismo ocurre luego del cambio de circulación en José Colombres y Santiago del Estero. Por lo general, los varitas no les dan paso a los peatones; se limitan a dirigir el tránsito de los vehículos.
El transeúnte, por cierto, está desprotegido. Por ejemplo, en los últimos años la ciudad se vio invadida por una gran cantidad de estaciones de servicio. Sin embargo, la mayoría carece de veredas en toda su extensión; las rampas de acceso suelen ser bastante inclinadas y en los días lluviosos el piso se pone resbaladizo, con el consecuente riesgo para el caminante.
Da la impresión de que quienes conducen el destino de esta ciudad no tienen el hábito de caminar. Será por eso que casi no se enteran de los problemas de los ciudadanos.
El transeúnte, por cierto, está desprotegido. Por ejemplo, en los últimos años la ciudad se vio invadida por una gran cantidad de estaciones de servicio. Sin embargo, la mayoría carece de veredas en toda su extensión; las rampas de acceso suelen ser bastante inclinadas y en los días lluviosos el piso se pone resbaladizo, con el consecuente riesgo para el caminante.
Da la impresión de que quienes conducen el destino de esta ciudad no tienen el hábito de caminar. Será por eso que casi no se enteran de los problemas de los ciudadanos.







