Si bien es más conocida por su observatorio astronómico,la localidad de Ampimpa, a 2.500 metros de altura y a 10 kilómetros de Amaicha del Valle, es el hogar de unas 100 familias descendientes de los pueblos originarios (diaguitas calchaquíes). Estos hogares basan su economía en la agricultura, la ganadería, la producción de quesos y la elaboración de artesanías.
Labran sus campos sin olvidarse de agradecer a la Pachamama, la Madre Tierra, venerada en los cerros tucumanos porque de ella depende la fertilidad que nos da alimentos a animales y a hombres.
En este marco, una de las actividades ancestrales que se mantienen casi intactas es la pialada o marca. Consiste en enlazar los terneros por las patas delanteras para poder marcarlos (ponerles una señal en las orejas que indica quién es su dueño) y vacunarlos.
Es una actividad que se vive como una fiesta, entre tragos de vino patero y sorbos del “yerbiau” (mate en bombilla), bajo un cielo libre de nubes, al ritmo de payadores y sonrisas pueblerinas que regalan hospitalidad y cariño.







