20 Junio 2004 Seguir en 
Durante más de 25 años, Garfield fue el protagonista de las páginas de historietas de 2.600 periódicos en todo el mundo y le rinden pleitesía unos 260 millones de lectores. Ya era hora de que el simpático gato hiciera su debut en el cine.
De hecho, "Garfield, la película" está a punto de llegar a Tucumán y los avances del filme ya están siendo proyectado en algunas salas locales. Pero el gato que hizo furor en los años 80 con su tira en la TV, no será un dibujo animado. Por el contrario, cobrará vida en tres dimensiones gracias a los avances de la tecnología, que le permitirán interactuar con humanos y ser no sólo parte de un filme de animación, destino algo menguado al que siempre se opuso su creador y padre espiritual, Jim Davis.
Garfield es una de esas películas que inmediatamente suscita la pregunta ¿cómo la hicieron?
El gato es un polifacético efecto digital que puede tanto volar por los aires como acurrucarse en brazos de su dueño (Breckin Meyer) con la mayor naturalidad. Ideal situación, porque el actor es alérgico a los gatos y hubiera sufrido de urticaria si su coestrella no fuera, afortunadamente, artificial. La técnica del filme es sabiamente manipulada por el director Pete Hewitt, elegido por la habilidad con que condujo "The Borrowers", aquella aventura en que minúsculos personajes se empeñaban en salvar su hogar ante un mundo de grandulones.
Hewitt se luce especialmente en los contrastes de Garfield con su eterno enemigo Odie, porque el perrito bailarín sí es de verdad. El guión de Joel Cohen y Alex Sokolow (los mismos de la exitosa "Toy story"), se basa en la rivalidad entre Garfield, acostumbrado a ser monarca de sus contornos, y Odie, el perro que Breckin Meyer adquiere para congraciarse con su amada veterinaria, (Jennifer Love Hewitt).
No se puede decir que Garfield y Odie se llevan como perro y gato porque el can, complaciente y algo tonto, no tiene malicia para competir con el maquiavélico felino. Para prestarle su voz a Garfield, hacía falta un actor de temperamento sarcástico. Y el hombre perfecto para eso era Bill Murray, que rebosa dispepsia en cada uno de los agrios comentarios del animoso animal.
Murray, famoso cascarrabias en la vida real, se identifica a plenitud con Garfield y hay extraños momentos en que el muñequito digital hasta se parece físicamente a su invisible alter ego.
"Garfield, la película" llegará a Tucumán en julio y ya se está montando un estreno mundial que, dicen, opacará al mismísimo "Shrek". Al fin y al cabo, se trata de un gato que siempre cae parado.
De hecho, "Garfield, la película" está a punto de llegar a Tucumán y los avances del filme ya están siendo proyectado en algunas salas locales. Pero el gato que hizo furor en los años 80 con su tira en la TV, no será un dibujo animado. Por el contrario, cobrará vida en tres dimensiones gracias a los avances de la tecnología, que le permitirán interactuar con humanos y ser no sólo parte de un filme de animación, destino algo menguado al que siempre se opuso su creador y padre espiritual, Jim Davis.
Garfield es una de esas películas que inmediatamente suscita la pregunta ¿cómo la hicieron?
El gato es un polifacético efecto digital que puede tanto volar por los aires como acurrucarse en brazos de su dueño (Breckin Meyer) con la mayor naturalidad. Ideal situación, porque el actor es alérgico a los gatos y hubiera sufrido de urticaria si su coestrella no fuera, afortunadamente, artificial. La técnica del filme es sabiamente manipulada por el director Pete Hewitt, elegido por la habilidad con que condujo "The Borrowers", aquella aventura en que minúsculos personajes se empeñaban en salvar su hogar ante un mundo de grandulones.
Hewitt se luce especialmente en los contrastes de Garfield con su eterno enemigo Odie, porque el perrito bailarín sí es de verdad. El guión de Joel Cohen y Alex Sokolow (los mismos de la exitosa "Toy story"), se basa en la rivalidad entre Garfield, acostumbrado a ser monarca de sus contornos, y Odie, el perro que Breckin Meyer adquiere para congraciarse con su amada veterinaria, (Jennifer Love Hewitt).
No se puede decir que Garfield y Odie se llevan como perro y gato porque el can, complaciente y algo tonto, no tiene malicia para competir con el maquiavélico felino. Para prestarle su voz a Garfield, hacía falta un actor de temperamento sarcástico. Y el hombre perfecto para eso era Bill Murray, que rebosa dispepsia en cada uno de los agrios comentarios del animoso animal.
Murray, famoso cascarrabias en la vida real, se identifica a plenitud con Garfield y hay extraños momentos en que el muñequito digital hasta se parece físicamente a su invisible alter ego.
"Garfield, la película" llegará a Tucumán en julio y ya se está montando un estreno mundial que, dicen, opacará al mismísimo "Shrek". Al fin y al cabo, se trata de un gato que siempre cae parado.







