Amistades peligrosas

Otro round de estudio en la relación Alperovich-Juri.

17 Junio 2004
Por Marcelo Aguaysol

Los deseos del gobernador se contraponen con los planes de su vicegobernador. "Quiero que trabaje conmigo", dijo José Alperovich hace unos días para explicar el motivo de cederle un espacio físico a Fernando Juri dentro de la Casa de Gobierno.
A lo largo de siete meses de gestión ni uno ni otro pudieron sobrellevar una relación fortificada. Alperovich está cada vez más preocupado por establecer quiénes son los verdaderos legisladores oficialistas. Y eso lo comentan sus propios colaboradores, quienes creen que Juri no controla las 26 voluntades justicialistas de la Cámara. Es que durante ese período de la administración alperovichista, naufragaron por el recinto -y hasta fuera de él- muchas de las iniciativas impulsadas por la Casa de Gobierno. Esa suerte de independencia del Parlamento desvela al gobernador.
"El es también parte del Ejecutivo", continuó el mandatario para recordarle a su compañero de fórmula el rol que tiene dentro de la estructura oficial. Juri, en tanto, siente que es más un presidente de la Legislatura que vicegobernador de la provincia. A buen entendedor, pocas palabras. El compañero de fórmula de Alperovich no está dispuesto a resignar ese papel protagónico en la escena política, por más que tenga un despacho en la sede del Poder Ejecutivo. Sus allegados recuerdan, una y otra vez, que el titular del cuerpo parlamentario jamás fue invitado a participar de las reuniones del gabinete alperovichista. Todo un mensaje.
Las relaciones entre Alperovich y Juri se asemejan a un combate de boxeo. A fines de enero pasado, ambos protagonizaron el primer round por aquel polémico proyecto que disponía el traslado de los estatales de una repartición a otra. En aquel momento se acusó al mirandismo de frenar la iniciativa y se endilgó a Juri falta de manejo en la cuestión parlamentaria. Todo se zanjó con una cumbre en los Valles Calchaquíes, asado de por medio, donde se firmó la pipa de la paz. Hace algunos días retornaron los chisporroteos. Esta vez por acusaciones cruzadas sobre rumores de un mayor gasto legislativo y de pedidos de juicios políticos contra funcionarios del Ejecutivo. Fue el segundo round. Y los púgiles siguen estudiándose.

La interna partidaria
El tercer choque pugilístico tiene olor a interna peronista ante la decisión partidaria de convocar al congreso para el 26 del corriente. El gobernador y el vice quieren mantener su cuota de poder dentro del PJ local, pero en esta lucha tendrán también que medir fuerzas con el senador y presidente partidario, Julio Miranda, quien otea desde la Capital Federal el desenlace de la disputa interpoderes en Tucumán para definir su estrategia. A río revuelto, ganancia de pescadores, dicen quienes frecuentan al ex gobernador.
Pese a las críticas veladas de Alperovich a su antecesor en el cargo, ambos mantienen un fluido diálogo respecto del reparto de cargos dentro de la estructura partidaria. "Les guste o no, tengo un lugar ganado dentro del peronismo por mi militancia", dicen los allegados al vicegobernador respecto de las charlas Alperovich-Miranda. En esto surge la vieja teoría de las pulsaciones peronistas y recuerdan que la cuna política pesa a la hora de luchar por los espacios dentro del PJ.
Hasta ahora, el final del combate boxístico es toda una incógnita. Los alperovichistas ponen a prueba la lealtad jurista. Los mirandistas esperan en un rincón neutral, como árbitros de la pelea. En el fondo, las relaciones interpoderes se parecen al juego del desconfío. Así las cosas, será difícil encontrarle un rumbo a la vapuleada política tucumana. La sociedad espera gestos de grandeza de sus dirigentes, que, en definitiva, se constituye en el gran déficit de la clase política provincial desde que se reinstauró la democracia.

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