El viernes a las 20, los pocos empleados y funcionarios que circulaban por el primer piso de la Casa de Gobierno hablaban de tres temas: la reunión que el titular del Poder Ejecutivo, José Alperovich, mantenía con el vicegobernador, Fernando Juri; el frío y los bolsones con útiles escolares que se habían repartido horas antes en el Salón Blanco. Pero la atención estaba puesta fundamentalmente en la primera de las cuestiones, por la contradictoria relación que mantienen el gobernador y el presidente de la Legislatura, y porque estos discutían sobre cómo satisfacer el reclamo de los empleados públicos de un sueldo básico de $ 350. Los comentarios sobre las bajas temperaturas se limitaban al aspecto climático y con respecto a los bolsones las alusiones lindaban con una concepción político-asistencial en la que los destinatarios de la ayuda son más clientes que ciudadanos. "Hoy entregamos 2.029 y llegaremos a los 10.000", afirmaban, eufóricas, personas que lucían en sus solapas el escudo peronista. A las 20.50, Alperovich se retiró, exultante, sin saber que cinco días más tarde se invertiría el orden de las preocupaciones, y el frío y los bolsones pasarían al primer plano, pero por razones sociales. El lunes, en el oficialismo seguían contentos. Habían llegado a un acuerdo con los empleados de la sanidad y se entusiasmaban con hacer lo mismo con los otros sectores de la administración pública. Tal era el optimismo que el gobernador jugó fuerte en el discurso televisivo que dirigió a la ciudadanía. "En ocho meses, sólo en la Maternidad hubo 80 chicos muertos menos que el año pasado. Son 80 cajoncitos menos; son 80 vidas que recuperamos de la muerte", aseveró con tono victorioso. En el mensaje había una indudable alusión a los años de su antecesor, Julio Miranda -cuyos seguidores son opositores a Alperovich-, en los que el mundo se compadeció de Tucumán por la muerte de 23 niños a causa del hambre. Las estadísticas del gobernador olvidaban, sin embargo, a Rodrigo, el bebé de seis meses del indigente Barrio Costanera que falleció el domingo; según sus familiares, por culpa del frío, aunque sería otra la causa, pero también vinculada a las malas condiciones de vida de los vecinos de la zona. Esto pone de manifiesto lo peligroso que pueden resultar las diatribas o las conclusiones apresuradas cuando apenas van ocho meses de gestión y cuando la razón fundamental (la pobreza) de que los menores se vayan tan pronto de este mundo no ha desaparecido.
Ojos tristes
Lo que en el Ejecutivo fue calculado como una buena oportunidad para demostrar que se hacen cosas en el área social, terminó siendo un muestreo escalofriante de las necesidades que hay en la provincia. Desde el lunes y pese al frío, miles de madres con sus hijos hicieron colas durante interminables horas en las inmediaciones de la Casa de Gobierno con el afán de recibir delantales, zapatillas y equipos de gimnasia. En la oposición se indignaron, porque consideraron que se trataba de una burda forma de asistencialismo. Cuestionaron que se haya pedido a los niños de escuelas pobres que escriban cartas al PE en las que precisen los útiles que requieren. Entendieron que era una forma solapada de hacer proselitismo fuera de la época de elecciones, además de una manera de trasladar la necesidad (social) a la sede del poder cuando este debiera estar al servicio de aquella.
Los necesitados, con su larga espera, volvieron a recordarles a quienes manejan el Estado (y esto también incluye a la oposición legislativa) que ellos siguen demandando mucho más que un bolsón. Las disidencias políticas sobran, pero no los planes para mitigar la pobreza. Este tema también atañe a los parlamentarios nacionales; entre ellos, Miranda, quien parece más preocupado por el ascenso de Atlético al Nacional "B" que por explicar por qué 23 niños se murieron desnutridos durante su gobierno.







