Cuesta prever el final de la pelea política

El mismo Presidente expresó que la ley saldrá cuando tenga que salir.

13 Junio 2004
BUENOS AIRES.- El golpe que decidió aplicar Néstor Kirchner a lo que definió como la "burocracia política" de la provincia de Buenos Aires fue tan duro y doloroso como el tacazo que el jugador Ameli le pegó entre las piernas a su colega Barijho, en medio del clásico Boca-River.
Quizás no fue tan artero ni tan inesperado, pero, al fin, resultaron paralizantes tanto uno como el otro. Por primera vez en tanto tiempo como casi no se recuerda el PJ bonaerense quedó a la defensiva, y en tres días se desató una dinámica cuyo punto final cuesta prever.
En un reportaje concedido a la TV y bien promocionado desde la Casa de Gobierno, el Presidente usó ese eufemismo con el que definió el aparato de poder provincial justicialista, para evitar referirse directamente a Eduardo Duhalde. Pero quedó en claro que lo que hizo Kirchner con una sangre fría envidiable fue cavar una profunda zanja entre ambos dirigentes, que además hizo explícita a la sociedad. Más tarde dio un paso para atrás y se quedó a esperar las movidas del contrincante, tambaleante del otro lado de la grieta.
En el fondo del pozo quedaron atrapados, como la gran excusa para enmascarar la disputa, el zigzagueo permanente de Felipe Solá y sus lícitas pretensiones de lograr un reparto de fondos diferente y más equitativo para su provincia. Excusa, porque la nueva coparticipación es un proyecto que ni siquiera está escrito; que se dice que cristaliza la actual por 10 años más; que pretende sumarle a la recaudación la inversión en obra pública y que reserva una importante masa de fondos para apoyo de la Nación a ciertos intendentes, antes que para fintas políticas de los gobernadores.

Lo que más importa
El mismo Presidente expresó que la ley saldrá cuando tenga que salir; y en lo técnico -y para el FMI- hoy al Gobierno le importa más la Ley de Responsabilidad Fiscal, que en última instancia es lo que apoyaron los mandatarios provinciales en la semana, a cambio de algunas partidas extras de la Nación.
Esas que, por ejemplo, al gobernador De la Sota -uno de los ex rebeldes- le permitirán anunciar ya mismo un aumento para los estatales cordobeses.
Esta descripción de la velocidad de los acontecimientos, tan plagada de declaraciones altisonantes, apretadas mutuas, dádivas escandalosas y traiciones varias -y en algunos puntos casi folclórica, si no estuviese en juego la gobernabilidad de la Argentina-, tiene variadas interpretaciones en cuanto a sus consecuencias y tiempos de ejecución, según la parte a la que se consulte y aun en la visión de los analistas.
El Gobierno cree que poner a la gente de su lado puede darle el plafón necesario para embestir contra la que llama "la Argentina de los pactos corporativos y la vieja política". Desde fuera del PJ se piensa que esta pelea es más de lo mismo, una forma de cambiar de caudillos pero no de prácticas clientelares. En el justicialismo bonaerense se sostiene que sin su venia resultará imposible meter mano, como quiere el Gobierno, en las listas de la próxima elección de diputados y, a la vez, le facturan a Kirchner los votos de la primera vuelta presidencial. En tanto, las miradas desde el análisis oscilan desde pronosticar un irremediable divorcio a plazo fijo entre el Presidente y Eduardo Duhalde, hasta considerar que el tino del bonaerense será el dique de contención de la puja y que finalmente no habrá colisión sino complementariedad.
Pero en tiempos en que la salida del default es aún fuente de otra gran incertidumbre, el peligro es que, hasta que se solucionen las cosas definitivamente desde lo político, la Argentina ingrese en un peligroso wait and see económico que le pegue un frenazo extra a la reactivación.

Optimismo y cautela
Desde la macro, se insiste en que todavía hay plafón, pese a que la crisis energética hará sentir su rigor con el frío y a la baja de los precios internacionales o a la suba de las tasas de interés en los EE.UU.
Donde las cosas no parecen estar tan claras es en la opinión de los consumidores, de los que invierten o de los generadores de empleo, y hasta de los tenedores de deuda o aun de los organismos internacionales.
En este aspecto, y a partir de la conferencia de prensa que brindó Rodrigo Rato, nuevo director gerente del FMI, apareció de modo explícito para la Argentina una nueva cuestión que será planteada por la misión que llega el lunes 14, en medio de este clima tan poco propicio: se debe avanzar en el "diseño final de un ambiente legal y administrativo que sea provechoso para la inversión privada", dijo Rato. Es casi una fórmula para el Fondo, pero nunca tan complicada de alcanzar como ahora, cuando recrudecen las disputas por el poder.
En esa alocución, Rato también habló de acuerdos fiscales con las provincias y no de Coparticipación y de cerrar un acuerdo con todos los acreedores. Sobre este punto, Kirchner también dijo en el reportaje televisivo del miércoles pasado que no habrá nueva oferta y que algunos aceptarán y otros no, lo que marca también cierta distancia en la fórmula y en la presentación del acuerdo.
Para el FMI, aceptación de "todos" significa más de 80% del total declarado en default, un porcentaje clásico en materia de reestructuración. Según el Presidente, ese 80% se podría alcanzar pero en el total adeudado, si se suma a lo que ya se paga sin problemas (50% de la deuda total) un 60% de aceptación sobre la mitad en disputa (o sea, 30% del total). No es lo mismo, desde ya, ni matemática ni filosóficamente.

Otra maniobra sigilosa
Como si todo esto fuera poco, y hablando de inversión privada, otro factor de ruido se agregó a partir de la sigilosa maniobra del área de Comunicaciones para mantener el Correo Argentino bajo la órbita estatal.
Con la excusa de que "gana plata" se abandonó la promesa de concesionarlo nuevamente, y esto pone otro manto de dudas al panorama que se abre para los ferrocarriles o aun para Lafsa, la primera y única línea aérea del mundo que tiene rutas y que tiene personal, pero que no tiene aviones. (DyN)a

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