Nostra culpa

El periodismo cumple con la función de informar, investigar, opinar. Pero no absuelve ni condena. (Por Juan Carlos Di Lullo).

13 Junio 2004
En los días que siguieron al retorno de la democracia, la población incrementó su valoración del trabajo de los periodistas, al punto que los sondeos de opinión le adjudicaban mayor credibilidad a la prensa que a los propios poderes del Estado.
El acceso sin censura a los hallazgos del periodismo de investigación permitió difundir aspectos de la realidad que hasta entonces habían permanecido en las sombras. Las editoriales descubrieron que había demanda en este campo y se vivió una primavera de publicaciones de este género. El interés del público elevó el nivel de audiencia de los programas de opinión, y los medios de comunicación -principalmente la radio y la televisión- se adueñaron de la agenda a la hora de imponer temas de debate.
Sin embargo, las exigencias de las mediciones de audiencia comenzaron a generar productos cada vez más alejados del periodismo y más cerca del talk show o de los programas de entretenimiento.
Hoy, el tratamiento de las noticias en muchos casos apela al impacto fuerte sobre los espectadores, y es por eso que se asiste a bombardeos de información sobre temas que días después caen en el olvido. Podemos recordar la andanada de noticias sobre la desnutrición infantil; el supuesto pago de coimas en el Senado; el allanamiento de desarmaderos de autos o los secuestros extorsivos. Ninguno de estos temas se ha solucionado, pero fueron suplantados por la crisis energética; los problemas de salud de Maradona o el debate sobre el endurecimiento de las penas ante el avance de la inseguridad. Y otros temas fueron desplazando a estos, de acuerdo con las exigencias del rating.
Diego Maradona dijo, a raíz de la cantidad de inexactitudes que se difundieron acerca de los problemas que generaron sus internaciones, que en Argentina "todos somos universitarios". La síntesis del ex futbolista apuntaba a la asombrosa liviandad con que se opina sobre temas complejos. A lo que hay que agregar la tranquilidad con la que demasiados economistas o analistas políticos reniegan de lo que afirmaron días antes y modifican sus conceptos sin que medie rectificación alguna.
En junio de 2002 se publicó en el diario La Nación una charla que dio Natalio Botana a los estudiantes de periodismo. Citó allí al historiador francés Pierre Rosanvallon: "Todas las funciones que no realiza el sistema político encuentran una respuesta deformada y perversa en el sistema mediático. Los medios tienden entonces a desarrollar una especie de alternativa a los déficit de la política. Las patologías de los medios derivan en gran medida de la insuficiencia de la democracia". Esta patología, según Rosanvallon, consiste en un acto de arrogancia ética. "La arrogancia de creer que los medios podrán resolver cuestiones que la democracia no puede resolver en el terreno institucional", agregó Botana. "De aquí nace la utopía peligrosa de concebir a los medios audiovisuales como los verdaderos representantes del pueblo o de creer que esos medios pueden producir decisiones políticas o, lo que es peor, judiciales. Los medios de comunicación son absolutamente necesarios para elevar y dar contenido ético a la dimensión deliberativa de la democracia, pero ni pueden ni deben sustituir a los poderes de la Constitución", concluyó Botana.
Sin duda, en los tiempos que corren, la prensa se ha convertido en un verdadero poder. Y este hecho eleva la responsabilidad profesional de los hombres de prensa y descarga sobre sus hombros la presión de mantener la ecuanimidad y la independencia de criterio a la hora de informar.
Ningún periodista ignora que su tarea tiene influencia sobre una cantidad de personas directamente proporcional a la penetración del medio en el que trabaja.
El periodismo cumple con la función de informar, investigar, analizar, opinar. Pero no absuelve ni condena; no legisla; no gobierna. O, por lo menos, nadie debe pretender que lo haga.

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