13 Junio 2004 Seguir en 
Una de las grandes protagonistas de la historia de la humanidad ha sido -y lo sigue siendo- la violencia, probablemente porque esta se halla en el hombre mismo. No se refleja solamente en los miles de guerras que ha padecido la humanidad. En las últimas décadas se ha convertido en un problema social que afecta diversas esferas de la vida. Es cada vez más evidente que todos estamos expuestos a la violencia y que podemos generarla en distintas formas. La violencia no toma en cuenta diferencias de etnia, religión, edad o género, ni tampoco nivel socioeconómico. Se la puede experimentar o encontrar en el trabajo, en la calle, en la comunidad, en la escuela y hasta en la propia casa. Algunas sociedades, por ejemplo, empezaron a dejar de ver la violencia familiar como algo natural, normal y sin remedio. Se sabe hoy que la violencia se enseña, se aprende, se legitima y, desafortunadamente, se repite.
La violencia en los medios escolares es un problema que afecta a todos los países, cualquiera sea el nivel de desarrollo que hayan alcanzado. Tucumán no es ajeno a la violencia que se incrementando a medida que se deteriora su tejido social. El Servicio de Asistencia Social Educativa, que el año pasado recibió unas 220 consultas provenientes de docentes y de padres de alumnos, va atendiendo unas 80 situaciones de conflicto en apenas tres meses, mientras que el Departamento de Prevención de la Violencia Familiar de la Municipalidad recibe denuncias de entre uno o dos casos de violencia escolar por semana. Según esta repartición municipal, el 50% de ellos corresponde a escuelas periféricas y el restante a instituciones céntricas o privadas.
La titular del Gabinete Psicopedagógico de la Provincia señaló que la violencia aparece cuando no hay palabra, cuando no media ese acto simbólico. Hay una primarización de los vínculos, una pérdida de la expresión oral: los sujetos actúan en vez de hablar. De allí la importancia de trabajar en la escuela sobre la oralidad, en la comprensión de textos y en la lectura. Según la especialista, la pobreza verbal que se nota en el alumno indica un empobrecimiento del sujeto. La directora de una escuela periférica que educa a 1.700 alumnos en tres turnos, señaló a los padres como fuente constante de violencia.
Hasta hace un tiempo, episodios de chicos que iban armados a las escuelas o que atacaban a sus maestros; padres irascibles que increpaban a los docentes, parecían propios de otros países y tal vez ingenuamente se pensaba que no llegarían a nuestras tierras. Los especialistas señalan varios factores como motores de la violencia: la falta de lazos sociales; la sociedad ultracompetitiva; la facilidad para conseguir armas de fuego; la ausencia de una plena comunicación en el hogar; el consumismo y el materialismo. Tampoco puede obviarse el consumo de estupefacientes y la adicción a los videojuegos, especialmente aquellos que promueven un individualismo exacerbado. De manera que no sólo la marginalidad, la pobreza y el desempleo son los causantes de este auge de la violencia en la sociedad tucumana.
En una comunidad, donde prácticamente se ha perdido el respeto a las normas que rigen nuestra convivencia, donde la corrupción viene haciendo estragos en todos sus niveles, donde la justicia castiga por lo general a los delincuentes más débiles y no a los poderosos, donde cada vez son más los adolescentes que delinquen, donde miles de chicos asisten a la escuela para comer y luego para aprender, donde una buena parte de su clase dirigente ha privilegiado su bienestar personal en desmedro de la ciudadanía, es muy difícil combatir la violencia cotidiana.
Tal vez sea la educación uno de los pocos caminos para evitar que el tejido social siga deteriorándose. Pero también es necesario recuperar valores como la honradez, la ética, la decencia, el esfuerzo y la vocación de servicio, como norte de esta sociedad.
La violencia en los medios escolares es un problema que afecta a todos los países, cualquiera sea el nivel de desarrollo que hayan alcanzado. Tucumán no es ajeno a la violencia que se incrementando a medida que se deteriora su tejido social. El Servicio de Asistencia Social Educativa, que el año pasado recibió unas 220 consultas provenientes de docentes y de padres de alumnos, va atendiendo unas 80 situaciones de conflicto en apenas tres meses, mientras que el Departamento de Prevención de la Violencia Familiar de la Municipalidad recibe denuncias de entre uno o dos casos de violencia escolar por semana. Según esta repartición municipal, el 50% de ellos corresponde a escuelas periféricas y el restante a instituciones céntricas o privadas.
La titular del Gabinete Psicopedagógico de la Provincia señaló que la violencia aparece cuando no hay palabra, cuando no media ese acto simbólico. Hay una primarización de los vínculos, una pérdida de la expresión oral: los sujetos actúan en vez de hablar. De allí la importancia de trabajar en la escuela sobre la oralidad, en la comprensión de textos y en la lectura. Según la especialista, la pobreza verbal que se nota en el alumno indica un empobrecimiento del sujeto. La directora de una escuela periférica que educa a 1.700 alumnos en tres turnos, señaló a los padres como fuente constante de violencia.
Hasta hace un tiempo, episodios de chicos que iban armados a las escuelas o que atacaban a sus maestros; padres irascibles que increpaban a los docentes, parecían propios de otros países y tal vez ingenuamente se pensaba que no llegarían a nuestras tierras. Los especialistas señalan varios factores como motores de la violencia: la falta de lazos sociales; la sociedad ultracompetitiva; la facilidad para conseguir armas de fuego; la ausencia de una plena comunicación en el hogar; el consumismo y el materialismo. Tampoco puede obviarse el consumo de estupefacientes y la adicción a los videojuegos, especialmente aquellos que promueven un individualismo exacerbado. De manera que no sólo la marginalidad, la pobreza y el desempleo son los causantes de este auge de la violencia en la sociedad tucumana.
En una comunidad, donde prácticamente se ha perdido el respeto a las normas que rigen nuestra convivencia, donde la corrupción viene haciendo estragos en todos sus niveles, donde la justicia castiga por lo general a los delincuentes más débiles y no a los poderosos, donde cada vez son más los adolescentes que delinquen, donde miles de chicos asisten a la escuela para comer y luego para aprender, donde una buena parte de su clase dirigente ha privilegiado su bienestar personal en desmedro de la ciudadanía, es muy difícil combatir la violencia cotidiana.
Tal vez sea la educación uno de los pocos caminos para evitar que el tejido social siga deteriorándose. Pero también es necesario recuperar valores como la honradez, la ética, la decencia, el esfuerzo y la vocación de servicio, como norte de esta sociedad.







