12 Junio 2004 Seguir en 
El reloj atrasa para los funcionarios provinciales, que necesitaron 12 días para darse cuenta de que el país iba por un lado y la provincia por otro, con tardes sumidas en la oscuridad y una población envuelta en sombras y en desconcierto. Y cuando estamos a nueve jornadas del día más corto del año (comienza el invierno), decidieron volver a la hora de verano, que es el huso horario 3, que rige en Buenos Aires y que regía en Tucumán hasta hace 12 días. El gobernador José Alperovich da marcha atrás y ordena adelantar la hora para poner las cosas en su lugar. Respirarán aliviados los comerciantes, los padres de alumnos del turno tarde y la comunidad en general, que descubrió con alarma que la dependencia de los horarios de Buenos Aires es brutal. De federal, el país tiene muy poco. Es unitario y Tucumán es muy dependiente del poder central.
Pero esta decisión del gobernador, que es muy positiva, también tiene un costo. Vuelve a descolocar a todo el mundo durante uno o dos días, sobre todo en sectores como el del transporte, que debe hacer grandes esfuerzos para reacomodarse.
Todo en contra
Casi todos los indicadores le estaban diciendo a Alperovich que el atraso de la hora había sido una medida equivocada. Los comercios que mantenían más tiempo sus escaparates con las luces encendidas; la inseguridad generada para los escolares del turno tarde a la salida de las escuelas (ahora el problema se traslada a la mañana); la falta de resultados en lo que hace a ahorro de energía (antes bien, los ingenieros del Consejo Profesional de la Ingeniería de Tucumán -Copit- habían advertido que entre las 18 y las 19 se producía un fuerte derroche) y la misma decisión del gobierno nacional de no atrasar el reloj.
La experiencia nacional no es nueva; en 2000 la Secretaría de Energía de la Nación había aconsejado hacer el cambio de hora para ahorrar un 12 % de energía, pero las estimaciones de las empresas distribuidoras -que opinaban que habría más consumo con esa medida- hicieron desistir del intento. Ya en ese entonces se descubrió la feroz dependencia de las provincias con respecto al huso horario que se adopta en las provincias grandes, esto es Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba.
Los funcionarios de Alperovich destacarán ahora que es sano volver atrás si se juzga que la medida es equivocada; lo dirán con la misma vehemencia con que hace pocos días decían que "los estudios técnicos demuestran que sí se ahorró energía" (Roberto Carro, titular del Epret) o que no se volvería atrás (José Manuel Paz, ministro de la Producción).
Pero este brusco sacudón a que se vuelve a someter a los tucumanos debería dejar algunas lecciones. Tendrían que hacerse consultas atinadas y aplicar el sentido común antes de tomar estas decisiones. El departamento de Ciencia y Técnica de la UNT dijo que apenas se lo consultó una vez, y que nunca más llamaron a los técnicos. Las empresas de energía (que están sospechadas de tener intereses en la crisis, porque esperan que haya aumento de tarifas), no quisieron opinar pero por lo bajo dijeron que era una decisión equivocada. Aparentemente, el gobernador comenzó a darse cuenta de la magnitud de lo que se había hecho cuando, durante una visita a una fábrica, le dijeron que lo único que se necesitaba para producir con comodidad era que se cambiara de nuevo la hora.
Por lo general, la bondad o la maldad de las acciones de un gobernante se aprecian años después o las remarcan negativamente sus sucesores. Pero a veces, por su lentitud o por su apresuramiento se puede medir a gobernantes y funcionarios. Así se da en esta ocasión, en que se puede ver claramente cómo una decisión equivocada puede causar una hecatombe en la comunidad.
Pero esta decisión del gobernador, que es muy positiva, también tiene un costo. Vuelve a descolocar a todo el mundo durante uno o dos días, sobre todo en sectores como el del transporte, que debe hacer grandes esfuerzos para reacomodarse.
Todo en contra
Casi todos los indicadores le estaban diciendo a Alperovich que el atraso de la hora había sido una medida equivocada. Los comercios que mantenían más tiempo sus escaparates con las luces encendidas; la inseguridad generada para los escolares del turno tarde a la salida de las escuelas (ahora el problema se traslada a la mañana); la falta de resultados en lo que hace a ahorro de energía (antes bien, los ingenieros del Consejo Profesional de la Ingeniería de Tucumán -Copit- habían advertido que entre las 18 y las 19 se producía un fuerte derroche) y la misma decisión del gobierno nacional de no atrasar el reloj.
La experiencia nacional no es nueva; en 2000 la Secretaría de Energía de la Nación había aconsejado hacer el cambio de hora para ahorrar un 12 % de energía, pero las estimaciones de las empresas distribuidoras -que opinaban que habría más consumo con esa medida- hicieron desistir del intento. Ya en ese entonces se descubrió la feroz dependencia de las provincias con respecto al huso horario que se adopta en las provincias grandes, esto es Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba.
Los funcionarios de Alperovich destacarán ahora que es sano volver atrás si se juzga que la medida es equivocada; lo dirán con la misma vehemencia con que hace pocos días decían que "los estudios técnicos demuestran que sí se ahorró energía" (Roberto Carro, titular del Epret) o que no se volvería atrás (José Manuel Paz, ministro de la Producción).
Pero este brusco sacudón a que se vuelve a someter a los tucumanos debería dejar algunas lecciones. Tendrían que hacerse consultas atinadas y aplicar el sentido común antes de tomar estas decisiones. El departamento de Ciencia y Técnica de la UNT dijo que apenas se lo consultó una vez, y que nunca más llamaron a los técnicos. Las empresas de energía (que están sospechadas de tener intereses en la crisis, porque esperan que haya aumento de tarifas), no quisieron opinar pero por lo bajo dijeron que era una decisión equivocada. Aparentemente, el gobernador comenzó a darse cuenta de la magnitud de lo que se había hecho cuando, durante una visita a una fábrica, le dijeron que lo único que se necesitaba para producir con comodidad era que se cambiara de nuevo la hora.
Por lo general, la bondad o la maldad de las acciones de un gobernante se aprecian años después o las remarcan negativamente sus sucesores. Pero a veces, por su lentitud o por su apresuramiento se puede medir a gobernantes y funcionarios. Así se da en esta ocasión, en que se puede ver claramente cómo una decisión equivocada puede causar una hecatombe en la comunidad.







