El arte de desaprovechar el mito

02 Jul 2018
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FRUSTRADO OTRA VEZ. Con la camiseta de la selección mayor, Messi disputó cuatro Mundiales y cuatro Copas América. reuters

Tomás Rudhic - Especial para LG Mundialista

Casi 13 años, ocho grandes torneos, ocho directores técnicos, cuatro presidentes de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) y ningún título de la selección mayor. El fútbol argentino podría escribir un manual sobre todo lo que hay que hacer para desperdiciar a uno de los grandes jugadores de la historia.

Se trata de Lionel Messi, claro, y de su historia con la selección argentina. Un libro lleno de frustraciones que sumó un nuevo capítulo -otro más- con la eliminación del sábado, por octavos de final, ante el combinado de Francia.

Fue la crónica de una muerte anunciada, como dijo Diego Armando Maradona que, pese a todo, puede ver con claridad lo obvio: sin una idea, sin un proyecto, sin fútbol, con el alma no alcanza. “Después de Messi somos un equipito más”, afirmó Maradona con crudeza en su programa, De la mano del Diez, que se emite por la cadena TeleSUR.

Con 31 años recién cumplidos, el futuro de Messi en la Selección es una incógnita. El Mundial de Qatar 2022, al que llegaría con 35 años -se jugaría entre noviembre y diciembre, debido al clima-, queda muy lejos. El año próximo se juega la Copa América, en Brasil; pero aventurar quién jugará y quién dirigirá a la Argentina en ese campeonato resulta un ejercicio imposible en este momento.

La única certeza es que, en casi 13 años, Argentina nunca logró aprovechar a un mito viviente del fútbol. Un entrenador tras otro pasó por el banco y siempre el mismo quebradero de cabeza sin solución: ¿cómo crear el entorno propicio para que aparezca el mejor Messi?

El propio crack de Barcelona, desde ya, también tiene su cuota no menor de responsabilidad. Falló en momentos en que no debía fallar y nunca logró liberarse del todo con la camiseta “albiceleste”, más allá de apariciones brillantes como las del año pasado en Ecuador, con la agónica clasificación a este Mundial. Un entorno hostil hizo el resto.

Desde que debutó con la selección mayor, el 17 de agosto de 2005 en un amistoso ante Hungría -fue expulsado apenas 47 segundos después de haber ingresado al campo, por el manotazo a un rival-, Messi fue dirigido por ocho técnicos: José Pekerman (2004-2006), Alfio Basile (2006-2008), Maradona (2008-2010), Sergio Batista (2010-2011), Alejandro Sabella (2011-2014), Gerardo Martino (2014-2016), Edgardo Bauza (2016-2017) y Jorge Sampaoli (2017-2018.

Pero no sólo se trató de cambio de nombres, sino de una mutación permanente de la idea y del estilo de juego. Con la propuesta rocosa de Bauza y el fallido plan ultra-ofensivo de Sampaoli como ejemplos extremos.

En esos casi 13 años, pasaron a su vez cuatro presidentes diferentes de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA): Julio Grondona, Luis Segura, Armando Pérez, y su comisión normalizadora, y, actualmente, Claudio “Chiqui” Tapia.

Torneos y finales

En ese contexto de caos dirigencial, Messi jugó cuatro Mundiales y cuatro Copas América. Llegó a la final en Brasil 2014, a cuartos de final en los Mundiales de 2006 y 2010, y alcanzó tres finales continentales (2007, 2015 y 2016). Pero el ansiado trofeo se le escapó una y otra vez, más allá del oro olímpico de Pekín 2008 con al Sub 23 y el título mundial juvenil de 2005.

“El error es buscar siempre por qué no aparece Messi. Hay que buscar por qué no aparece el equipo”, señaló el ex capitán argentino Juan Pablo Sorín, tras la eliminación del combinado Nacional. “Hay que pensar en una reconstrucción del fútbol argentino a nivel dirigencial, para que haya una coherencia en la formación como se vio durante la era Pekerman (en los juveniles)”, pidió.

La misma reconstrucción de la que se habla después de cada eliminación en Argentina, de cada golpe tras un gran torneo. El problema es que, cuando se empiece alguna día con esa tarea siempre pendiente, tal vez ya no esté Messi.


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